La economía es un todo interrelacionado de elementos y sus resultados deben analizarse dentro del contexto general del modelo. No es posible juzgar la política financiera separada del marco general de la economía real; no se puede juzgar la reducción de determinados aranceles sin analizar la elevación de otros; es incorrecto calificar cada medida de manera independiente. De otra forma, se cae en una visión confusa, ciega, que no entiende cuál es el fin ideológico de las propuestas y las medidas que se están ejecutando.

Entrevista al Eco. Guillermo Navarro

¿Cuál es el modelo económico que está estructurando el gobierno y, en ese marco, cómo se está aplicando el sistema impositivo de medidas fiscales?

Hay que reflexionar en términos macros. El análisis del modelo económico debe entenderse como un conjunto de medidas destinadas a generar un efecto financiero global, no de manera parcial, particular, como la derecha y ciertos medios de comunicación lo presentan. No es un problema de subir o bajar aranceles, exclusivamente, para afectar a un sector o grupo de personas, en este caso a los empresarios. Hay que mirar de manera objetiva el alcance de estas medidas, a mediano y largo plazo, y el resultado positivo para la economía de los ecuatorianos y para el desarrollo del aparato productivo.

Esta es la visión con la cual el gobierno está trabajando. Está empleando un sistema de cambio de tributación directa a indirecta como elemento de redistribución, lo cual significa que, mientras se plantea la reducción del IVA del 12 al 10 por ciento, al mismo tiempo se programa una política de impuesto a la renta paulatino y mucho más agresivo, que impida la evasión tributaria. El objetivo es lograr un mejor reordenamiento y redistribución del ingreso a través de la captación de mayores impuestos a la renta.

Si bien ahora la protesta es porque se elevaron impuestos a la importación de una serie de productos, se olvida que meses atrás se redujeron los aranceles para insumos agrícolas y para maquinaria: materia prima, bienes intermedios y bienes de capital. Es una política de sustitución de importaciones para consolidar el aparato productivo, apoyándolo con insumos más baratos –por ejemplo la úrea para el sector agrícola-, y elevando, simultáneamente, los costos de varios bienes de consumo que compiten con la producción nacional.

Bajo este concepto, ¿cómo explicar el impuesto a las importaciones de determinados productos de consumo masivo?

La gente cree y la derecha promueve el criterio de que se han incluido bienes que no corresponden a consumos de altos niveles, sino que son de tipo masivo. Pero lo que no dicen es que hay determinados bienes que por su propia dinámica se convierten en un instrumento de lujo que, en tanto y en cuanto se modifica, se tienen que seguir adquierierndo. Es decir, se da una obsolescencia que responde más a la moda, no es una imposición a los celulares porque sean un bien que solamente consumen las élites, hay que entender que cambiar sucesivamente de celular implica una salida de divisas del país, una salida innecesaria. Como bien de uso masivo, cualquier tipo de teléfono celular es absolutamente suficiente.

Lo mismo ocurre con otros productos suntuosos, utilizados como atractivo por los empresarios, para llevar a la población a un consumismo desmedido, el cual debe ser detenido, de lo contrario nos vamos a encontrar con un consumismo presionando sobre importaciones de bienes que son absolutamente innecesarios, desechables… Se trata, además, de restringir consumos masivos de bebidas alcohólicas y cigarrillos a través de la imposición de aranceles.

Dentro del marco global de la economía, ¿cuáles son los beneficios de este modelo fiscal para el Estado?

El modelo que el presidente Rafael Correa está implementado se basa en la elevación del gasto social; mejorar los programas sociales, fortalecerlos y ampliarlos, lo que implica mayores recursos. Para solventar esto, el Gobierno está ejecutando una serie de acciones, entre ellas la modificación y la participación estatal en los ingresos excepcionales (los excedentes petroleros). Esto implica que el Estado va a obtener de esta fuente de ingreso entre 600 y 800 millones de dólares adicionales, considerando los precios actuales del petróleo.

Sin estas medidas el modelo en general desaparecería, es decir que el Estado no dispondría de los recursos suficientes para poder sostener esta política. Hay que entender que las modificaciones fiscales no solamente tienen por objetivo más recursos, sino que hay una lógica de gasto ligada al proceso de cambio.

Partiendo de este análisis, ¿cómo retribuye este modelo a la economía popular y en qué medida se pueden establecer los resultados positivos?

La economía ecuatoriana, y toda economía en general, tiende a mejorar lo que se llama el grado de competitividad. ¿Cómo mejorar la competitividad? Disminuyendo los costos. Si nosotros bajamos los aranceles para materias primas, bienes intermedios y de capital, de hecho las unidades productivas reciben a menor precio. A menores costos, mayor grado de competitividad.

En ese sentido se orientan proyectos hidroeléctricos como el Toachi – Pilatón, que para el año 2012 proveerá energía eléctrica suficiente para cubrir la demanda nacional. En términos del fortalecimiento de la competitividad nacional, significa que el costo del kilovatio bajará a 0,3 ó 0,2 centavos, con relación al valor actual. Igualmente, el proyecto de unirnos al gasoducto colombo-venezolano es fundamental en este proceso. Esto implicaría a futuro una reducción del precio del gas, insumo necesario para el aparato productivo. Lo mismo ocurre con la reducción de las tasas de interés. En tanto el costo del dinero se reduzca, necesariamente, los costos financieros de las empresas también, deberán hacerlo; y al reducirse estos costos, la competitividad del aparato productivo nacional crece. El impuesto a la salida de capitales es otro aspecto, y lo que se trata, naturalmente, es de frenarla. Esto no solamente que robustece al sistema financiero nacional sino que abre mayores posibilidades para el otorgamiento de créditos a pequeños y medianos productores, principalmente, del campo.