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El Ministro de Relaciones Exteriores de España, Miguel Angel Moratinos, jefe de la diplomacia española.
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Fue sin duda, un acto ofensivo, de soberbia infinita y de incontenible agresión por parte del rey contra el pueblo venezolano. Pero la dignidad de Chávez, manteniendo su posición de que Aznar actuó como un fascista apoyando al golpe del 11-A del 2002 en Venezuela, ha tenido una fuerte repercusión internacional; uno, traducido en la suspensión de Chávez como mediador entre el gobierno de Uribe y la guerrilla colombiana; el otro han sido los ataques de la Presidente Bachelet en dos álgidos temas: el petrolero y las peligrosas relaciones de Chile con Bolivia. Bachelet ha acusado a Chávez por los altos precios del petróleo en el mundo y de intervenir en los asuntos chilenos al apoyar a Evo en sus reclamaciones marítimas, con observaciones directas a su persona.

Después del grito del rey, Chávez ha dicho que en Chile, explotaron 500 años de soberbia imperial" (París, 20 de noviembre)- "Tuvo suerte el Rey de que no le escuchara. Si lo hubiera oído, su corona habría caído al suelo" (París, 20 de noviembre)- "La pelota está en sus manos. Si quiere que esto no trascienda, que pida disculpas" (Lisboa, 21 de noviembre).

Ahora el Ministerio de Asuntos Exteriores de España ha estado tratando de enmendar el capote y ha buscado consensuar un comunicado con el Gobierno venezolano para zanjar sin demora el incidente diplomático. Pero ha tratado de hacerlo también con soberbia, al procurar decir que todo está bien, que el rey continúa en la plenitud de juicios sagrados y que en verdad la cosa no es para tanto.

Claro, para el que agrede no debe ser para tanto.

El Gobierno español se ha ido muy por lo bajito, buscando resolver el asunto como un caso menor, con mucha argucia, procurando armar un escrito conjunto en el que se reafirmen las relaciones históricas y la buena sintonía entre españoles y venezolanos. Al mismo tiempo han proclamado que Chávez tiene la determinación de explotar la situación como un choque personal entre él y el rey Juan Carlos.

Es decir, juegan a quemarse por los dos cabos, al estilo de “tú te callas otra vez, y nosotros no volveremos tampoco a mencionar el asunto”.

Es una papa caliente que la cancillería española cataloga de "incómoda, por la agresividad que Chávez llega a demostrar hacia quien se cruza en su camino." Es decir, el agresivo es Chávez, no el rey. El rey sigue con su andar cambembo, comiendo y paseando como siempre, riendo y haciendo chistes de salón a sus invitados, sin duda, con el tema de lo que pasó en la cumbre y en la que él se condujo estupendo, mandando a callara al “simio real de los venezolanos”.

Todo este curso diplomático se desarrolla al tiempo que por el diario “El País” se promueven los ataques más despiadados contra Chávez. Solamente el domingo 18 de diciembre, se publicaron contra Chávez en este diario diez notas, entre noticias, artículos y el propio editorial de ese día.

Lo cierto es que todos los embajadores españoles en Latinoamérica se están movilizando para tratar de dorar la píldora y hacer ver que el rey no tuvo la culpa de nada, y que todo fue culpa de Chávez quien siempre anda muy desbocado con su lengua. Incluso, hasta a Cuba han ido los españoles a pedirle ayuda a Fidel Castro, quien apoyó públicamente al líder venezolano. Igualmente la diplomacia española estuvo muy atareada la semana pasada tratando el asunto con los cancilleres de Arabia Saudí, Francia y Portugal. Trataban de que estos países convencieran al díscolo presidente de que llegara a un acuerdo conjunto para que baje el tono de su lenguaje y se olvide del asunto.

Es claro que para la diplomacia española, al rey hay que perdonarlo. El rey es intocable, es su símbolo supremo, como lo pueden ser sus vinos, sus jamones y sus toros. Pero Chávez les hizo saber a los desesperados diplomáticos españoles que todos esos contactos constituyen una presión impropia, y que si el rey no le pide disculpas al pueblo venezolano él no dejará de exigirlas. Y así lo dijo el pasado domingo, que le llovían mensajes para que firmara algún comunicado con España, pero que él quería otra cosa: “el rey tiene que pedir disculpas”. Luego Chávez ha sido más enfático en un mitin que dio al llegar a Caracas, luego de una gira por los países árabes y por Europa: "¡cien reyes no me callarán!".

Moratinos y su equipo sostienen en que lo mejor es ignorar los ataques. "Salvo que ofenda al Rey, claro". El asunto que ellos no ven es que ha sido el rey quien se ha ofendido a sí mismo y ha ofendido también a España. Pero se trata del típico cazurrismo español que se niega a ver sus defectos y además enrostrarle a los demás sus propios errores.

La inmensa mayoría de los venezolanos se siente profundamente herida por esas palabras agresivas y cargadas de la más despreciable soberbia, proferidas por el rey. O el rey pide disculpas o que España se prepare a recibir de lo suyo, por cazurra y por soberbia.