Narcotráfico o narcoterrorismo y subversión todo ello es lo mismo y muchos peruanos pensamos que éstos fenómenos criminales hay que combatirlos hasta que los pulvericemos del todo y exterminarlos de la vida nacional. ¿Necesita el Perú otros 20 o 30 mil muertos, (los 75 mil de la CVR, son parte del embuste ocasionado por la sensible confusión de haber considerado a los peruanos como parte de un cardumen) con su oprobioso baño de sangre para reaccionar? La defensa nacional no pertenece solamente a los militares que actualmente se encuentran disminuidos y aterrados porque la famosa “cultura de derechos humanos” les ha castrado hasta el más mínimo sentido de legítima reacción dejándolos a merced de los mercenarios dolarizados. No es así, toda la nación tiene el derecho y el deber que con cinco fronteras para defender no se puede descuidar su frente externo y mucho menos aún el interno que ya asimila dolorosas pérdidas en estos últimos 20 días. Se deben unir todas las fuerzas realmente democráticas para presentar un sólido bloque frente al terrorismo, no importa como éste venga arropado o disfrazado. Consideramos que el gobierno debe convocar esta movilización y que sea secundado por todas las instituciones que conforman la democracia. No es posible que la atención nacional este concentrada en un proyecto de ley, reglamentación o disposición que alguna mente escondida busca maniatar a las armas del Estado a una reglamentación en la cual el soldado o policía tenga que dar tres veces la orden de alto antes de disparar. ¿Qué se busca con ello? ¿Desvirtuar las funciones propias de la defensa? ¿O existen otros intereses escondidos que responden a criterios que no son los nuestros y que ven en la uní polarización la solución a compromisos asumidos y que desconocemos? Por sentido común dicho proyecto no debió ni siquiera ser presentado a consideración. Se tiene que llevar adelante una verdadera política de Estado no sólo del gobierno actual, sino que comprenda a toda la ciudadanía pues es un problema que nos compete a todos. Debemos entender que el enemigo en armas no da tregua, pero los que instrumentan otra clase de guerra estratégica, también están activos promoviendo estados de indefensión institucional al interior de las FFAA, menoscabando su moral. A estos hay que derrotarlos eliminando su presencia o acción. La guerra contra el terrorismo y todas sus expresiones ideológicas, folletinescas y mediáticas es un ejercicio político que requiere a la nación por entero. Ello separa a quienes pelean por la supervivencia del país y de quienes procuran que nada florezca y que otros sean quienes desarrollen sus riquezas cumpliendo objetivos diseñados por grupos de poder ajenos a nosotros desde la década de los 70.