¿Ha escuchado alguna vez que siquiera uno de los tagarotes sagrados de la política nacional, discurra, con sapiencia, conocimiento de causa, ubicación geopolítica, sobre lo importante que significa aclarar el tema del gas de Camisea, Pagoreni, su supuesta exportación y la realidad de las reservas? La respuesta es cuasi inequívoca: ¡jamás! Es que aquellos que se califican a sí mismos de “estrategas, internacionalistas, politólogos, analistas” y demás aristas, son olímpicos ignorantes que hacen de reyes tuertos en un país de ciegos.

El ministro de Energía y Minas, el ilustradísimo genio en temas de gas, petróleo y energía, Juan Valdivia, ha informado que las reservas de gas, por arte de birlibirloque, son suficientes para que Perú comprometa las demandas de consumo interno y, también (¡ojo!) las pactadas exportaciones, negocio redondo para empresitas de nefasta actuación aquí.

Ha dicho el ex ministro del mismo rubro, con autoridad que nace casi desde la suscripción del contrato con Camisea, años atrás, cuando el ingeniero Carlos Herrera Descalzi, cuestionara la cláusula 8.6 sobre regalías, que es urgente que “El incremento de reservas probadas de gas natural en los lotes 88 y 56 de Camisea debiera ser comprobado por un auditor externo de alta credibilidad que las califique como reservas certificadas, concepto universal que acredite tal volumen, afirmó. Fue al comentar el anuncio del ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia, quien dijo a Expreso que las reservas probadas de gas natural de Camisea de los lotes 88 y 56 (Pagoreni) se elevaron de 10.86 a 13.40 trillones de pies cúbicos (TCF), a diciembre del 2007, lo que representa un incremento de 23.38%.”

El gas no es sólo tal. Constituye el salitre o guano del siglo XIX ¡en el actual XXI! Al sur del Perú hay un país que carece de gas y lo necesita urgentemente porque a veces su proveedor principal, Argentina, le corta el suministro por motivos mil y padece sobresaltos en todos los rubros. Y para su consecución, ya han ensayado muchas fórmulas. Se habló meses atrás de “anillo energético” y aquí funcionarios, convenientemente aceitados, ya emitían vagidos pro domo sua. Ciertamente, nuestros políticos, chatos, mediocres, profundamente miopes, no diferencian el gas de un piano de cola.

¿Pueden estar los peruanos al margen de un recurso natural que ha estado en propiedad privada de empresitas que han hecho el negocio del siglo en Camisea y en Pagoreni (esta última se la tomaron por asalto, como denunciara en junio del 2005, en su último artículo, el ingeniero petrolero Carlos Repetto Grand), como es el caso de Pluspetrol? ¿Es posible no recordar que esta empresa es la responsable de los múltiples accidentes en el gasoducto-estafa y que ellos mismos sufragan la auditoría alemana que sólo un bobo podría pensar censuradora de sus pagantes? ¡De ninguna manera!

Los partidos políticos, en realidad, clubes electorales o usinas productoras de mamones de la ubre del Estado, debieran poner las barbas en remojo. Los diplomáticos atildados y catadores de alcohol fino, tendrían que entender que es hora de ensuciarse el calzado y de poner el hombro por el Perú, país del que viven pero al que NO sirven. Y los periodistas debieran comprender que en tiempos de guerra, como los actuales, los recursos no renovables de la patria, tienen un valor de cambio cuya estrategia geopolítica tiene en ellos informadores eximios que deben partir de una premisa inexcusable: conocimiento para difusión urbi et orbi.

Hay que refundar la política nacional. Tal como está, es la radiografía escatológica más espeluznante de que se tenga memoria en toda la historia republicana. Donde se aplica el dedo, brota el pus, tal como describía con punzante expresión Manuel González Prada. Y hay que barrer, aniquilar y pulverizar a las vacas sagradas cuya fábrica financiaron dólares fáciles y por pretextos miles. Comencemos nuevamente, pero hay que ser severos con nosotros mismos, desmontando las fantasías onanistas que ponen al nivel de brillantes y de lujo a eximios estúpidos, fofos y huecos.

El gas es una herramienta geopolítica de alto nivel, base y fundamento de la defensa nacional. La Patria no se vende.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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