“Me refiero a una escritura (el hipertexto) no secuencial, a un texto que bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario", dice Theodor Nelson, experto en informática.

Es en este punto, donde la realidad y la fantasía, se acercan bordeando los sinsentidos de la razón, o los sentidos de la locura, el escritor, Jorge Luis Borges, en 1957, puso en boca de uno de sus personajes la existencia de un lugar llamado Aleph:"En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es (...) El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo", (Jorge Luis Borges, El Aleph).

Borges no utilizó nunca una computadora, quizás ni siquiera haya escuchado hablar de ella, pero sin embargo hizo hincapié en el profundo deseo humano por comunicarse a través del espacio y del tiempo. No sólo eso, también vaticinó las nuevas costumbres del hombre "... en su gabinete de estudio... provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines... para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil..." Este fragmento que pertenece a la fantasía de un gran escritor, no hace otra cosa que corroborar los límites imprecisos entre realidad e imaginación, ya que Internet reubicó a la cultura en sus hábitos más tradicionales, revalorizando el espacio local - hogar- como ámbito de vida cotidiana.

Con el uso de Internet se acaba la época de mistificación del rol de periodista.

En la actualidad, cualquiera que se suba a un sitio puede hacer su propia comunicación. Dejó de ser restrictivo el uso de la palabra por quienes, durante mucho tiempo y avalados por los grupos de poder, se decían formadores de la opinión pública.

Ahora es mucho menos costoso crear una página Web y comunicar los pensamientos en la Red que imprimir un periódico.

Esto es así porque es más fácil tecnológicamente y además porque en una parte de la sociedad está presente el deseo de utilizar la nueva tecnología, no solamente para recibir información sino también para comunicar ideas.

Hay estudios que indican que hoy los jóvenes ya no se vuelcan tanto a los medios de comunicación tradicionales. Según cifras dadas por el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos), publicadas en marzo de este año, el número de conexiones a Internet de uso residencial aumentó un 11,4% durante 2006 hasta alcanzar los 2,5 millones de usuarios, alentado por el mayor nivel de conectividad a través del sistema de banda ancha, en detrimento de las conexiones telefónicas pagas o libres.

Al analizar la evolución de este tipo de comunicaciones según las áreas geográficas, el informe destacó que en la zona metropolitana de Buenos Aires, las conexiones crecieron un 23,4 por ciento de junio a diciembre de 2006 y que fuera de esta zona, las conexiones treparon un 57,4 por ciento en el mismo período, informa el INDEC.

Un informe de Microsoft señala dos procesos paralelos, uno de orden económico y otro en mayor medida cultural, que vienen creciendo en los últimos años, después de la crisis del 2001. Los dos datos son contundentes: cada vez más computadoras se venden en la Argentina y la cantidad de locutorios que ofrecen acceso a Internet y cibercafés no detiene su crecimiento.

Hoy se está ante un nuevo paradigma comunicacional: quien tenga la intención y la voluntad política de comunicar sus ideas las nuevas tecnologías son una interesante opción. Ser emisor ya no es un concepto elitista.

Aunque,crear el espacio-no etéreo y abstracto- de los receptores de estas ideas, es un nuevo desafío teórico. Quienes hacen (hacemos) comunicación propia y alternativa tienen (tenemos) ante sí la necesidad de ir juntos en esta búsqueda.

Conviene no confundirse. Lo dicho hasta ahora no debe situarnos en una especie de gran novela de Corin Tellado, con sufrimiento pero siempre con un final felíz, y como toda creación basada en lo no real parece confundirnos, podría creerse que en la era Internet todos tienen acceso a ella y se accede porque existe “democracia informativa”.

Para no caer en la tentación de hacer fácil lo intrincado, pongamos las cosas en su lugar. Sólo el que paga por el sitio Web tiene acceso a comunicar sus ideas por la telaraña mundial, el 80% de los habitantes del planeta no tiene teléfonos y sólo el 15% tiene acceso a Internet (datos UNESCO).

Tampoco se puede ignorar que millones de sitios, fotolog, space, portales y páginas WEB producen una cantidad de información imposible de medir, de cuantificar. Palabras e imágenes van por INTERNET sin lógicas aparentes. El mensaje no clarifica, más bien atomiza y desestructura. Nada de ingenuidades.

Según se narra en la Biblia, en el capítulo 11 del Génesis, los hombres pretendían con la construcción de una torre (la de Babel) alcanzar el cielo y así llegar a Dios. Para que tal cosa no ocurriera, dios hizo que los hombres que la construían comenzaran a hablar en diferentes lenguas, creando la confusión y el caos. Una vez más, se confunde lo real con lo inverosímil, en la literatura, en la historia o en la religión.

Ahora bien, esto que parece ser un lindo cuentito, lo padecemos diariamente, porque el poder (en este caso dios-grupos económicos) no va a permitir ser tocado, por eso deja que se juegue en el espacio, pero sin tocarlo.

En general, muchos creen comunicar ideas, pero en realidad pareciera que hablamos lenguas diferentes. Así desorganizados el mensaje se convierte en un palabrerío sin sentido, es anarquía, es caos.

Para rozar las túnicas de dios (Poder real) quizás habría que pensar de qué manera organizar seriamente una red de redes, con un sentido mediático, no caótico, ni disperso. Tarea nada fácil.

Ignorar que el poder económico-comunicacional juega “su” partido sería un grueso error, pero quedarse sólo con una visión maniquea de lo bueno y malo de Internet sería, también, optar por el camino equivocado.

Quizás venga al lugar apropiado un concepto de Julio Cortázar, para quienes creen que hacer otra comunicación es posible: “La tecnología le ha dado al hombre máquinas que lavan las ropas y la vajilla, que le devuelven el brillo y la pureza para su mejor uso. Es hora de pensar que cada uno de nosotros tiene una máquina mental de lavar, y que esa máquina es su inteligencia y su conciencia; con ella podemos y debemos lavar nuestro lenguaje político de tantas adherencias que lo debilitan. Sólo así lograremos que el futuro responda a nuestra esperanza y a nuestra acción, porque la historia es el hombre y se hace a su imagen y a su palabra."

("Las palabras", conferencia pronunciada por Julio Cortázar en Madrid en 1981).