Perú aún no presenta ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, la demanda contra Chile por la delimitación marítima. Nadie en la nación sabe de su contenido porque es un asunto misterioso y en poder (si es que existe), de unos pocos privilegiados y, por tanto, imposible emitir opinión acerca de si es una propuesta ganadora o, para variar, algún brulote perdedor a los que Torre Tagle tiene históricamente acostumbrado al pueblo peruano. Nada de eso ha ocurrido, pero sí aconteció, en sábado (¡qué día tan a propósito! ¿no?), que el eterno claudicante y mediocrísimo embajador Allan Wagner Tizón, nominado agente ante la CIJ, expresó que él no irá a pelear a Holanda. Es obvio que está tranquilizando a alguien o a algunos, el señor de marras. Evidentemente generando zozobra ociosa, desazón y desesperanza en los peruanos que tendrán que pagar su abultado sueldo en dólares para “no pelear”.

El posible contencioso por delimitación marítima con Chile, no es patrimonio del gobierno del señor Alan García. Pertenece a la historia, tradición y dignidad de 28 millones de peruanos. La administración actual sólo culmina lo que inició Alejandro Toledo cuando anuncia el tema. Por tanto, los actuales residentes en Palacio sólo fungirán como portadores de la demanda ante la mesa de partes de la CIJ. Y el juicio superará, ampliamente, el período de García Pérez. En buen romance, no se puede actuar si no es con un absoluto e integral consenso.

Si a la fecha no han opinado el Congreso, los partidos políticos, las universidades, las instituciones especializadas en derecho, oceanografía, jurisprudencia de límites sobre cuál va a ser el contenido ganador de la demanda a interponerse contra Chile en la Corte Internacional de Justicia. ¿De qué unidad nacional se habla? Si esto no ha ocurrido, es imprescindible que ello acontezca. Un pueblo no es un rebaño de borregos al que se le lleva de las narices para aceptar a cualquier improvisado o un borrador derrotable de demanda. Y menos a un débil mental que anuncia que no va a “pelear”

La CIJ, con sus procedimientos y usos particulares, nada desconocidos para los especialistas, uno de los cuales, no es ¡ni en pelea de canes! Allan Wagner, están familiarizados con aquellos. Pero a la fecha, no se tiene conocimiento de quiénes serán los abogados especialistas a los que tendrá el Agente que coordinar, disciplinar y orientar políticamente en el contencioso. ¿Qué hay del co-agente? ¿ganará en dólares o soles, dónde trabajará en Lima o en La Haya?

La sentencia dice: a confesión de parte, relevo de pruebas. Wagner ha dicho que no va a “pelear”. Entonces, la pregunta directa, legítima, inequívoca, deviene categórica: ¿a qué va entonces, a hacer turismo con el dinero del pueblo peruano? ¿y va a llevar a sus amigotes, los traidorzuelos Fabián Novak Talavera y Luis García Corrochano, que han escrito contra la línea oficial del Perú en este tema delimitatorio, dándole la razón al país del sur?

Según un ex embajador de Fujimori, avecindado en Ginebra y que antes estuvo en Nueva York, bebiendo como cosaco y escribiendo sus memorias, en La Haya basta la ejecutoria (¿cuál?) de Gilbert Chauny como personero del presidente Alan García en Holanda, cuya principal habilidad consiste en asistir a cocteles y a conferencias sobre genealogía, es especial si se trata de sus raíces francesas (su padre fue actor de circo galo), como para contrarrestar al equipo jurídico y diplomático chileno en esa misma e importante capital. Al señor Chávez Soto hay que decirle que la estrategia de los abogados no es pedir lo poco, sino ganar. Enhorabuena que la autora de un libro sobre delimitación Marisol Aguero Colunga, integre este equipo, pero es una excepción solitaria e insuficiente.

Cuando el supuesto capitán honorable, valiente, invicto, de un equipo ganador, sin entrar en liza, antes de tiempo, con anticipación inexplicable, le dice al país que la comisión que le encargan no la hará como tal, es decir que “no peleará”, está confesando su limitación, impotencia y desamor al Perú. En buen romance, Wagner Tizón, es coherente con su trayectoria proditora a la patria y habla en voz alta y, para felicidad de los australes, proclama que no va a “pelear”.

El silencio de partidos políticos, o los clubes que así se llaman, de las instituciones, de los medios de comunicación (con excepciones, es cierto), la mudez de ex cancilleres, la mediocridad e ignorancia profunda de quienes tienen o deberían decir algo, sólo contribuye a un fracaso con pronóstico anunciado. ¿Por causa de qué callan todos? ¿y porqué no protestan frente a un hecho que se anuncia, con descaro abyecto, como de paños tibios? Los intereses patrios son sagrados, no revisten sino bandera al tope del mástil y quienes digan lo contrario son traidores sin atenuantes. Así se llamen embajadores con 40 años de experiencia (vergonzosa estela de inconsecuencias y torpezas).

Por severa y cancerosa deformación profesional, los diplomáticos peruanos, casi siempre claudicantes como ignaros, dejan de lado al periodismo, olvidando la dura lección que Ecuador nos enrostró en 1995, cuando apenas comenzadas las hostilidades, ya había convencido al mundo que Perú era agresor y ellos víctimas. ¿Cuántos periodistas serios, no mermeleros ni rábanos caviares chilenófilos o pro-yanquis, hay dispuestos a asumir el reto estupendo de defender al Perú con el argumento, la pluma y la voz en cualquier diario, canal o radioemisora? No pocas veces, el diplomático no pasa de la yerta frialdad de sus mentiras edulcoradas, mientras que el periodismo vibra y debe hacer vibrar las más íntimas fibras del patriotismo en honor a los mártires y con apego a la verdad histórica.

La demanda ante la CIJ no es un vulgar atado documentario como se estila en los tribunales nacionales. Por el contrario, es un asunto que preceptúa la existencia de pesos pesados, tanto en jurisprudencia de límites cuanto que de zorros en el litigio por venir. En la Corte se litiga, se pelea. NO se negocia. Por tanto, necesitamos, para los próximos 7, 8 ó 10, años, de hombres y mujeres sobre cuya idoneidad, repose la confianza de los millones de peruanos. Los ignorantes y mamarrachos, aunque pasen los 2 metros de altura, sobran y ejemplos hay hasta dos. Por curiosa coincidencia, ambos en la calle Ucayali.

El hombre y mujer comunes no tienen la responsabilidad que sí alcanza a sus episódicos líderes. A éstos habrá que señalar con el dedo acusador como ladrones del tiempo del Perú, proditores desvergonzados y civilistas de los siglos XX y XXI. Bisnietos, nietos, hijos y descendientes de los que desarmaron al Perú y fletaron el paso de los hunos en 1879, son hoy los mismos que entonces incurrieron en el delito de regalar la patria. Y, encima, uno de esos improvisados mediocres, con inconcuso divorcio con Perú, tiene la abominable tarea de informar que no va a “pelear”. No pocos capítulos de la historia peruana tienen que ver, básicamente, con la cobardía de sus malos hijos. A nosotros nos ha derrotado, la pusilanimidad mediocre de los mismos peruanos. Los foráneos hacen lo que ellos creen que es más conveniente. Pero allá ellos. El problema es acá.

¿Seguirán callando los peruanos?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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