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A diferencia de los países donde aspirar a ejercer un cargo público se condiciona al tráfico de influencias y la posesión de amplios recursos monetarios para sufragar costosas campañas publicitarias, en Cuba esos factores son totalmente ajenos y los que resultan electos no reciben ninguna remuneración especial.

En los llamados sistemas de "democracia representativa", como Estados Unidos, la economía de mercado capitalista domina las relaciones políticas, y quien aspire a representante o senador necesita una fortuna personal multimillonaria para lograr que su partido lo postule y competir con otros de su misma clase social. Esa condicionante excluye a la inmensa mayoría de los ciudadanos, que se preguntan ¿cómo es posible que un candidato invierta millones para devengar un salario anual de 160 mil dólares?

La respuesta lleva implícita palabras malsonantes: corrupción institucionalizada, reveladora de la fuente de resarcimiento.

Por el contrario, los parlamentarios cubanos no devengan remuneración especial por sus tareas legislativas, y durante sus mandatos continúan percibiendo los mismos salarios por las actividades que desempeñaban al momento de su elección.

Igualmente, el grueso de los diputados sigue ejerciendo sus habituales profesiones, salvo los que integren órganos ejecutivos de gobierno.

Otra característica de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) es que hasta el 50 por ciento de sus integrantes son delegados en sus respectivas circunscripciones, como integrantes de las asambleas municipales, por ende, proceden de la nominación directa de los vecinos en cada demarcación.

Los restantes fueron propuestos por las organizaciones sociales. Las biografías de los candidatos son ampliamente conocidas por los electores antes de votar voluntariamente. Quienes resulten electos deberán reunir más de la mitad de los sufragios emitidos.

Por su procedencia, los parlamentarios cubanos también compendian una representatividad balanceada de la sociedad, lo cual posibilita integrar comisiones gubernamentales de trabajo dotadas de integralidad en los análisis socioeconómicos y desprovistas de prejuicios sectorialistas o regionalistas.

En el próximo Parlamento, 175 de los nominados (29 por ciento) se vinculan directamente con gestiones de producción o servicios. De ellos, 65 son de la educación y 30 de la salud.

También están ligados a la base económica y social los 25 candidatos provenientes del sector de la investigación científica, los 10 de la actividad deportiva, y 42 del ramo de la cultura. La presencia del movimiento obrero se aprecia mediante 25 representantes de la Central de Trabajadores y sus sindicatos ramales, que le confieren la más alta representatividad dentro de las organizaciones de masas de la Isla.

A pesar del vínculo estrecho con las actividades de base, los aspirantes a diputados poseen un alto nivel de instrucción, pues las estadísticas revelan que el 99 por ciento de ellos terminaron la enseñanza media superior o universitaria, lo que constituye otra particularidad exclusiva del Parlamento cubano.

La Asamblea Nacional del Poder Popular deviene el órgano supremo del poder del Estado, que representa y expresa la voluntad soberana de todo el pueblo. Es el único órgano con potestad constituyente y legislativa en la República.

En un universo mayoritariamente caracterizado por la antítesis democrática, sin lugar a dudas constituye ejemplo por la singularidad de su composición y características, referentes para quienes aspiren a una verdadera democratización de sus procesos electorales y períodos legislativos.

Agencia Cubana de Noticias