¿En qué clase de escuela diplomática, política, litigiosa se inscriben las recurrentes y aberrantes expresiones de que han sido protagonistas dos importantes funcionarios del gobierno del señor García Pérez? El agente nominado para La Haya, luego de su expulsión de Defensa, Allan Wagner, avisa, urbi et orbi, que no va a “pelear” a Holanda. Y el primer ministro, Jorge del Castillo, con ocioso esmero, se esfuerza en determinar que la demanda se planteará con “cortesía”. Ni siquiera hay consenso nacional sobre un documento que nadie conoce, pero ya están avisando que será dulzona, perdedora. En buena cuenta un pañuelazo y un mohín. ¡Pamplinas!

¿Será razón suficiente que en Chile, legisladores hayan motejado la acción futura peruana como inadecuada? ¿Y qué esperaban, que nos felicitaran? Pero, que allá hagan lo que mejor les parezca, es su derecho, el nuestro es movernos con autonomía y con prescindencia ¡absoluta! de las simpatías o complicidades, cuanto que cobardías o claudicaciones ultra-conocidas de ciertos invertidos que muestran desamor constante por Perú.

Las cortesanías coloniales siempre nos han hundido y a niveles muy de fondo. Por ejemplo ¿qué propósito tuvo el gobierno civilista de Manuel Pardo al entablar alianza defensiva con Bolivia en el siglo XIX? Perú, entonces, no tenía, siquiera, límites con Chile. Peor aún, estallada la conflagración en abril de 1879, por falta de pantalones, en abono de una “lealtad” que creía proteger los intereses de casta, la nación se vio envuelta en un conflicto del cual salió perdedora desde todo punto de vista. A la amputación de Tarapacá, advino el largo litigio por Arica y sólo conseguimos el rescate angustioso y después de casi medio siglo de Tacna.

¿A cuento de qué hay tanta algarabía plazoletera para subrayar las “buenas relaciones” con Chile? ¿acaso no hay ya, a la vista, un conflicto con el tema del TLC con el sur y la ratificación imprescindible del Congreso peruano? Que los legiferantes se traguen el cuento que no existen –pero sí cobran- es otra cosa. Que carezcan de personalidad cívica y protagonicen una desvergonzada situación, también es harina de otro costal. ¿Se puede tapar el sol con un dedo?

Los del sur muestran los dientes con tanques, satélites, acorazados, miles de millones de dólares invertidos en su defensa y aquí una banda de tarados prohíja sentencias, a cual más ridícula: “seguridad cooperativa”, NUBE, 2 + 2, como si se pudiera repetir la hazaña romántica griega que salió a combatir los Panzer nazis ¡con flechas!

Ningún país puede tener visos de éxito cuando, sin siquiera haber planteado el pleito (que no otra cosa es), ya anuncia por parte de los suyos, el zafarrancho de retirada y derrota con anticipación sumamente cobarde. Eso es en lenguaje mondo y lirondo lo que está pasando y los responsables tendrán que ser juzgados por el tribunal de la opinión que no soporta más a estos traficantes de la fe pública.

Hay que repetir con Andrés Cáceres cuando se dirigió al felón y miserable Miguel Iglesias, y le escribió en su carta del 31 de diciembre de 1883, desde Ayacucho:

“Yo no veo en Iglesias sino a un teniente chileno, que obedece a los propósitos chilenos, que vive bajo la sombra de los chilenos y que, en suma, subsistirá con el aparato de poder que tiene en Lima, tanto tiempo cuanto el que permanezcan en el territorio nacional los ejércitos chilenos.”

Reemplace, amigo lector, los apellidos y verá cómo calza el asunto con exactitud que acusa. Sólo que a algunos les robaron el cerebro. O se los compraron.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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