Aquí y acullá, en el sur, hay escandalosos, agoreros, magos y especialistas en levantar sucesos que aún no acontecen y “médicos sociales” capaces de recetar cualquier pócima que les lleve a figurar en los miedos de comunicación. Eso es cuasi natural en países como los nuestros. Por ejemplo, un apologista buen escritor chileno no ahorró zalemas al portapliegos de dos metros, como si aquí no supiéramos lo que realmente ocurrió y que es todo lo contrario a lo que este bobalicón quiere “transmitir”.

Sólo burros de Troya, infiltrados para castrar las posibilidades peruanas de moverse en uno, dos o tres escenarios, en paralelo, combativa y jurídicamente, pueden limitar las opciones nacionales y, como dice el dicho criollo, poner todos los huevos en una canasta. Hay más de un zorro o zorras, bien pagados. El mercenarismo no es privilegio dudoso de la rabanería caviar chilenófila y pro-yanqui.

La patria, su Estado y gobierno, son respetuosos del Tratado y Protocolo Complementario del 3 de junio de 1929. Firmado por el presidente Augusto B. Leguía y La Moneda de Chile. El país del sur se apoderó de Arica y Tacna retornó, luego de casi cinco décadas a la heredad nacional. Nada hay que pueda movernos de esa posición principista. Mucho menos cuando vamos a un contencioso por la delimitación marítima.

En el Tratado de 1929 se establece como límite el Punto Concordia. Mañosamente Chile ha pretendido variar la frontera. Y el Perú ha rechazado sistemáticamente esa violación. El Tratado prevé el arbitraje del presidente de Estados Unidos en caso de diferencias entre Perú y Chile. De manera que, en esa línea de adhesión sin condiciones a los tratados, hay que impulsar, de forma autónoma, digna e inconfundible con cualquier otro contencioso, el arbitraje del mandatario norteamericano sobre la frontera sibilinamente modificada por el país del sur.

Por tanto, al aprovechar lo que el mismo Tratado de 1929, dispone, el arbitraje del presidente norteamericano, Perú está en opción de demostrar qué país es el violador de un convenio internacional que tuvo larguísima y sufrida forja y que sólo Leguía consiguió, a costa del sacrificio de Arica, culminar rescatando Tacna. Recuérdese que el traidor Miguel Iglesias, en octubre de 1883, en Ancón, había cedido definitivamente Tarapacá para Chile. Este ámbito singular requerirá de hábiles diplomáticos y juristas, también, de versada y comprobada lealtad al Perú.

Fundamental práctica es que para evitar histerismos ignaros y triunfalismos ociosos, los burros de aquí clausuren la boca y entiendan que las contiendas jurídicas no son una pichanga de fulbito o una fiesta chicha, sino un ejercicio al más alto nivel y con la participación de especialistas en límites. Importante señalar que el contencioso por delimitación marítima de La Haya puede durar fácilmente de 5 a 6 años. Es decir, será un asunto de éste y el próximo gobierno.

Los antiguos griegos apelaron a la jugarreta del caballo gigante que introdujeron en Troya y he allí la clave de su gran victoria. Aquí en Perú, es tradicional, hay burros de Troya en medios de comunicación, hablados, escritos y televisados que juegan con el país del sur y so pretexto de la globalización no permiten la más mínima crítica a los australes. ¡El oro paga bien a los paniaguados!

Es hora que el ministerio de Defensa uniforme su accionar con Torre Tagle, el gobierno y los medios de información. Y también realice una profilaxia radical de resabios infecciosos y vendepatrias que escriben contra Perú. La clave de un frente único en el tema de La Haya, garantizará un ejercicio democrático, discreto, macizo, firme, sin fisuras ni fracturas, hacia un triunfo en los años que vienen. Son absolutamente innecesarias las predicciones baratas que hacen hechiceros (a sí mismos llamados internacionalistas o analistas) porque éste es un asunto de larga maduración.

Conviene entender que la participación informada in extenso y documentada de los periodistas (los mejores y más inteligentes), en este terreno tiene importancia capital. En 1995, el periodismo ecuatoriano hizo ganar la guerra mediática, apenas iniciado el conflicto con Perú. Y el resto ¡que se cosa y clausure la boca! En temas de la defensa de la patria, no pueden existir aventureros. Sólo hay traidores y eso hay que decirlo en buen castellano firme y enérgico y hay que denunciarlos con nombre y apellido. Así se llamen historiadores “complejizadores” o progresistas venales.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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