por José Mendívil*; [email protected] 18-1-2008

El diario el Comercio acaba de publicar un reportaje periodístico alarmante sobre los aymaras del sur del Perú. No es la primera vez que un medio lanza esta alarma, ya antes César Hildebrandt propaló un reportaje sobre lo que llamo “el nacionalismo aymara”.

Pero, ¿quiénes son estos aymaras “peruanos-chileno-bolivianos-argentinos?. Integrantes de un milenario pueblo indígena que se encuentra –solo en el Perú- en 7 de los 10 provincias del departamento de Puno, ocupando un territorio aproximado al de Bélgica o Suiza. Es un respetable pueblo caído en desgracia desde la invasión hispana, pero que no por eso merece el trato que quiere darle el periódico de los Miró Quesada, es más creo que bien lo podrían tomar como una provocación.

El reportaje a la vista es carente de objetividad y es una mezcla de nota periodística y de literatura snob y alarmista. Refiere hechos medianamente ciertos y otros exagerados con una clara intencionalidad y evidente ojeriza (racista?). Muestra imágenes en las que los personajes por sus rostros son los mismos que los de un grupo indígena denominado ‘los ponchos rojos’, que armado con fusiles ya vetustos celebra tocando sus pinkullos y zampoñas el degollamiento de perros en una localidad cercana a Achacachi, cuna y fuente del poder del legendario líder aymara Felipe Quispe. ¿Qué pretende El Comercio? Fiel a su historia, demanda del gobierno una acción más decidida y dura, ya que el Sur andino o la cuenca del Collao, viene siendo ocupado por la conciencia organizada y legítima del pueblo aymara, a la cual se le sindica como “radical y apoyada por el ALBA”. ¿No será esta necesidad de conciencia étnica, tan fuerte como la de los miles de ojos cubiertos de cataratas que han sido operados por el ALBA, y que ya pueden ver nuevamente la realidad?. Perros degollados, ponchos rojos, resabios de sendero, ejército popular organizado, bolivarismo chavista son imágenes que muestran el trasfondo de la clara intencionalidad de El Comercio: conjurar una radicalización étnico-socialista de los aymaras de la frontera Perú-Bolivia; conciencia étnica y posible “radicalización” que ¿acaso cuestiona la viabilidad de los actuales estados-nación de nuestros países, tal como lo ladran los halcones de las FFAA chilenas?

Los aymara son una etnia con más de 600 mil habitantes en el Perú, que en su mayoría son de Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna. También encontramos aymaras en el Distrito de Tupe, Provincia de Yauyos, Departamento de Lima. En Bolivia hay 1 millón 300 mil, viviendo en La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba (Censo INE 1992). También hay 100.000 aymaras en Chile concentrados en Tarapacá y Antofagasta, los que junto con los mapuches del sur, representan actualmente el peor dolor de cabeza de la Bachelet. Su antecedente cultural más antiguo es Tiwanaku (2000 a.c), cultura estudiada por Posnanski. Durante la revolución tupacamarista de 1780 contra la Corona española, el líder indio Túpac Katari mantuvo un exitoso cerco a la ciudad de La Paz; y en el fragor de la revolución fue traído al Cusco desde las alturas de Achacachi por orden de Túpac Amaru II e imponiéndole una férrea disciplina; narra la historia que el joven inka aymara Túpac Katari con el ímpetu que le daban sus escasos 18 años, asolaba con sus huestes haciendas e iglesias, lo que tenía muy asustados a los ‘chapetones’ españoles, ante lo cual el inca cusqueño lo conmino a cesar el indiscriminado baño de sangre, ya que él esperaba que ciertos criollos apoyaran su revolución. Es conocido por la historiografía que los milenarios aymaras han sido un pueblo agricultor y comerciante muy aguerrido e indomable. Los incas, nunca pudieron someterlos totalmente, tuvieron que dividirlos en varias colectividades. Los aymaras son varios grupos étnicos, como los Qullas, Lupaqas, Carangas, Pakajes, etc. geográficamente ocupaban territorios de los actuales departamentos de Lima, Ica, Huancavelica, Ayacucho, Arequipa, Apurimac, Cusco y norte de Puno; parte de Cochabamba, Oruro y Potosí, y territorios en Chile.

Son hijos destacados de los aymaras, con reconocimiento nacional e internacional: Felipe Quispe, líder indígena en Bolivia; Paulina Arpasi, la primera mujer aymara elegida congresista; Waskar Ari, escritor e historiador; Aymar Ccopacatty, artista textil; Peruko Ccopacatty, escultor; Roberto Choque Canqui, escritor e historiador; Félix Layme, escritor y educador; Vicenta Mamani, feminista y escritora del libro «identidad y espiritualidad de la mujer Aymara», y con el poeta Ayala. Los apellidos Mamani, Quispe, Choque y Machaca son de origen aymara. Y porqué no reconocer la estirpe aymara-quechua de Evo Morales, líder indígena de indiscutible talla internacional.

Los aymara actualmente viven mayoritariamente en Puno, que es un departamento trilingüe en el que se habla castellano, aymara y quechua. La lengua oficial dominante es el castellano; sin embargo en las comunidades, y en el medio familiar rural y urbano se hablan el quechua y el aymara con cotidianidad. El 76.3% de su población es pobre, de ella el 41.6% sobrevive en situación de pobreza extrema. Puno tiene una población de 1’290,052 habitantes, siendo mayor la población rural (52.7%) que la urbana (47.2%). (INEI, Informe Técnico, Medición de la Pobreza 2004, 2005 y 2006). En Puno existen actualmente 1251 comunidades campesinas de un total nacional de 5818. La pobreza y un gobierno que parece haber elegido como enemigo interno a los indígenas, si se toman en cuenta la afiebrada afirmación del presidente García en el último CADE en Trujillo, que ha mostrado un desprecio criollo señorial contra los indígenas, cuando refiriéndose a ellos dijo que “genéticamente carecen de atributos biológicos que les permitan decidir racionalmente”. Indudablemente estas son entre otras las causas más visibles del retorno de los catari-aymaras, lo que arrastrará también a los amaro-quechuas.

Además, el intento de este gobierno de hacer aprobar en el Congreso una ley que reduciría de dos tercios a la mitad más uno las facultades de los comuneros para vender sus tierras a empresas mineras o inversionistas privados interesados en el Plan Sierra exportadora y el TLC que invadirá nuestros mercados con alimentos extranjeros subsidiados, no hará más que echar más leña al fuego. Puno como otros departamentos mayoritariamente indígenas como Huancavelica, Apurímac o Ayacucho, le dio abrumadoramente sus votos a Ollanta Humala en las pasadas elecciones. En realidad lo que está pasando en Puno, como en casi todo el país, en esa parte del territorio de la nación que comúnmente se le llama el Perú profundo, es el despertar de los indígenas andinos que saben que si no recogen sus cupos de poder en el Estado seguirán siendo “convidados de piedra” en su propio país; seguirán “invisibles” como ese “Garabombo”, el personaje de Manuel Scorza, que en su novela solo dejó de serlo cuando empezó a luchar por sus derechos, por sus tierras y su comunidad.

Lo cierto es que en el sur peruano ya estamos presenciando el ascenso político de indígenas quechuas y aymaras, y éste es el temor principal del medio criollo mas conocido: El Comercio de los Miró Quesada. En los departamentos indios del Perú, los parlamentarios ya no proceden de familias aristócratas o criollas. Isauro Fuentes, presidente regional de Puno es de origen quechua-aymara. Los municipios van siendo ocupados electoralmente por candidatos de origen indígena, como es el caso del alcalde de Tilali Zenón Cañasaca, que gana la alcaldía en la lista del PDS de Susana Villarán, para luego aproximarse al Movimiento Andino al Socialismo. En Ayacucho y Apurímac las personalidades nuevas elegibles ya están pasando de ser los Trelles a los Huancahuari. En Puno los Ticonas, Mamanis y Condoris, se disputan cada vez con mas éxito la representación con los Torres y Cáceres.

¿Adónde van los aymaras? Tal complejidad de los actores sociales en el Collao o la Nación de los Lupacas o Tiwanakus, o de los Amaro-Katari, hace por cierto indescifrable su porvenir, complejidad que va desde la presencia muy influyente de los reservistas de Antauro, aún preso en Piedras Gordas, hasta remanentes (¿?) del terrorismo en la ceja de Selva de San Gabán; como de movimientos políticos electorales como el MAS, Frente Andino Revolucionario, movimiento electoral del presidente regional, y movimientos en armas como los ponchos rojos y el ejército popular apoyados ahora por el bolivarismo y las casas ALBA.

Sin embargo, esta “visión” andino-socialista le ha servido exitosamente al MAS de Evo Morales, pues lo ha llevado a la presidencia de Bolivia. Su particularidad, poco comentada, es que Morales, sin descuidar los códigos de la cultura andina, es un líder sindical cocalero, el líder del Chapare boliviano. Es muy difícil que Morales acepte que su liderazgo es un liderazgo étnico, como es evidente en el caso del liderazgo de Felipe Quispe, que precisamente termina en la cárcel al haber liderado el levantamiento armado de los Katari contra el gobierno. En el Perú, se ha fundado hace poco el MASA (Movimiento al Socialismo Andino Amazónico), agrupación política que está en su fase de organización y juntando las firmas que le permitan presentar candidatos en las próximas elecciones.

Podría entonces decirse que lo que está pasando en Puno desde los sujetos sociales del cambio es todavía incipiente pero ideológicamente indígena-socialista, en tanto su espectro va desde el nacionalismo xenofóbico, pasando por el socialismo de los débiles partidos de izquierda como Patria Roja o UNIR, hasta el bolivarismo del ALBA y los médicos cubanos en Copacabana, a los cuales hay que sumar el nuevo “socialismo andino-amazónico”. Las elecciones regionales y municipales del 2010 sin duda serán ganadas por movimientos electorales quechuas y aymaras. Resta saber si contarán con los líderes políticos que sean capaces no solo de ganar elecciones, sino de hacer una buena gestión municipal o regional; y desde la pacarina sagrada de Manco Capac y Mama Ocllo, y de los hermanos Ayar, sean capaces de imaginar un nuevo Perú, con el retorno de los Katari y los Amaro el Perú pueda por fin avanzar hacia una sociedad incluyente y unida en sus diversidad cultural, como quiso Arguedas y lo esperamos todos, o casi todos, la mayoría de los peruanos.

*Investigador del ICT, de la URP, Lima-Peru. Email:[email protected]