Desde que Rafael Correa asumió la presidencia, la oligarquía, enquistada en el poder económico y político, conspiró desde el inicio para derrocar su gestión. Ahora la desesperación continúa y la única arma que les queda es formar grupos asalariados de choque que impidan el desarrollo de la revolución popular.

El capitalismo, cuando siente que sus intereses son afectados, utiliza varias estrategias para frenar las propuestas de cambio del sistema económico y político que ha sepultado a nuestros pueblos. Con Estados Unidos a la cabeza, las guerras, los asesinatos y la pobreza agobiante, han sido justificadas, incluso hasta bendecidas, por la iglesia católica.

Según el Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz contra la Guerra, en un artículo denominado “El Imperio y la CIA contra América Latina”, los Estados Unidos, a través de la CIA , ha intervenido directamente en los procesos electorales y democráticos de América Latina con planes de guerra sicológica desde los medios de comunicación social, invirtiendo millones de dólares. Así, señala este artículo, se opuso al triunfo de Salvador Allende en Chile, de Daniel Ortega en Nicaragua y lo mismo ocurrió en Brasil, Honduras, El Salvador y Guatemala.

En este sentido, se entienden las últimas denuncias del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, respecto a la intervención conspiradora de la CIA y la oligarquía venezolana para derrocarlo. Ecuador no es la excepción: la oligarquía conspira contra el gobierno de Rafael Correa. Banqueros, productores, industriales, y otros, se encuentran desesperados y utilizan todo tipo de recurso para frenar a la corriente de izquierda.

El complot contra las propuestas de cambio

La conspiración, representada en lo político por la derecha y en lo económico por los banqueros e industriales, confabula desde la segunda vuelta electoral contra las propuestas progresistas y soberanas de la corriente de izquierda.

El Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN), Partido Social Cristiano (PSC) y el Partido Sociedad Patriótica (PSP), se unieron en el recesado Congreso Nacional para desprestigiar las propuestas de cambio.

Le acusaron de impulsador de la abolición de la propiedad privada y hasta de defensor de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Fue blanco de la conspiración de la mayoría legislativa, representada por los mismos partidos políticos, a la que se sumó la Unión Demócrata Cristiana (UDC), antes Democracia Popular, para impedir que en la Consulta Popular gane el Sí y se evite la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente.

Algunos, como la UDC, realizaron una campaña abrupta a favor del No y, según declaraciones del mismo partido, fueron financiados por grandes empresarios ecuatorianos y varias ONG’s que aparecieron solo en campaña electoral. Pese a esto, la mayoría del Congreso fue sancionada y el pueblo le apostó a la Constituyente; Sin embargo, la conspiración no para.

La campaña electoral para elegir a los 130 asambleístas, fue otro espacio para seguir conspirando. Los medios de información, como aparatos ideológicos de la oligarquía, han servido mucho para desprestigiar a un gobierno que lucha contra esta clase de poder. Se lo acusa de conducir un proceso político y económico similar al de Hugo Chávez, de la aparición de los denominados ‘pativideos’, de atentar contra la libertad de expresión.

También están las pretensiones del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, de tratar de dividir a esa ciudad; la campaña contra el decreto 486 para regular la pesca incidental de tiburones. Asimismo, la huelga ferroviaria que habría sido dirigida por un simpatizante de Sociedad Patriótica. Los grupos de poder, además, se opusieron a la ley de Justicia Financiera; estuvieron detrás de la especulación del gas; el incremento de los precios de primera necesidad; la aparición del supuesto movimiento guerrillero Alfaro Vive Carajo (AVC); el pedido del ahora recesado Congreso para retirarle la inmunidad y plantearle un enjuiciamiento político por supuestas injurias contra Quinto Pazmiño.

Ahora, este complot es más evidente luego que la Asamblea Nacional Constituyente aprobó la Reforma Tributaria con una política dirigida a quienes han obtenido riquezas por medio de la evasión de impuestos y de quienes han lucrado de la explotación de la mano de obra. Con esto, la oligarquía arroja la misma ‘medicina tóxica’: incrementa lo precios de primera necesidad, los diputados recesados y destituidos quieren volver a sus curules, existen intentos de conspiración en la Fuerza Naval, y lo que denunció Augusto Barrera, Coordinador de Contenidos Constituyentes entre la Asamblea y el Gobierno, que “el gobierno tiene evidencias de que se pretende sobornar a los asambleístas de Acuerdo País en Montecristi”.

Según Correa, "vendrán las verdaderas resistencias, las verdaderas desestabilizaciones, la verdadera lucha pero, junto a todo un pueblo, sabemos que podemos vencer". Por eso, es fácil entender la reunión del Jefe de Estado con estudiantes de la Federación de Estudiantes del Ecuador (FEUE), porque logró entender quienes son los combatientes populares. Quienes podrían enfrentar una verdadera revolución armada en beneficio del pueblo ecuatoriano y que no serán una simple carnada.

Debemos estar atentos, señor Presidente: El capitalismo intentará destruir gobiernos, apoyar huelgas y paros, colocar bombas de alto poder explosivo, comprar conciencias, comprar espacios en medios de comunicación para manipular informaciones y, principalmente, poner agentes en puestos claves de su mismo gobierno.