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La organización «Codepink» que integran las Mujeres por la Paz tuvieron que enfrentarse a la bochornosa situación de verse obligado un grupo de sus integrantes, al frente de los que estaba su dirigente Medea Benjamin, a refugiarse en la jefatura de la policía de la ciudad cuando las propias autoridades policiacas no cumplieron con su deber cuando ellas eran acosadas por una turba de unos 200 facinerosos- esa es la palabra que cuadra- en el parqueo del restaurante Versalles de la calle 8, cuando se disponían a realizar una demostración pacífica en denuncia del terrorismo del cual Luis Posada Carriles, el Osama Ben Ladeen de América, es su más notorio exponente en el continente americano.

De los bochornosos hechos acaecidos en Miami durante este fin de semana en los que de nuevo asomó la cara sucia de la intolerancia política y la complicidad con ella de las autoridades locales, tenemos que sacar algunas conclusiones que bien valen la pena destacar.

La primera de ellas es que Miami, a pesar de que los más optimistas digan que las cosas aquí han cambiado, Miami sigue siendo vista en los Estados Unidos y en el resto del mundo, como una «República Bananera», algo que alguien dijo una vez con aire peyorativo sin pretender ofender a las hermanas naciones de América Central donde la democracia no es lo mejor que funciona, pero donde hoy por hoy sin duda que no ocurren hechos tan escandalosamente violatorios de los derechos a la protesta cívica, como lo que le ha ocurrido a las Mujeres por la Paz cuando pretendían denunciar la incongruencia de que mientras el Presidente Bush sigue proclamando su llamada guerra contra el terrorismo, el terrorista cubano-americano Luis Posada Carriles se pasea libremente por las calles de Miami.

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Sin embargo, a pesar de que ni los funcionarios públicos ni los llamados dirigentes cívicos del sur de La Florida, ni los órganos de la prensa local han tenido el valor cívico de denunciar estos actos atentatorios a la libertad de expresión, no es menos cierto que el apoyo a los terroristas de la extrema derecha cubana de Miami, cuyo máximo exponente es Luis Posada Carriles no pasó de más de unas 200 personas, en su mayoría ancianos de la tercera edad, lo que nos lleva a pensar con cierto aire optimista que si bien todavía no, quizás las cosas puidieran cambiar con el paso de los tiempos que inexorablemente se avecinan.

De nuevo Miami enseñó al mundo su cara sucia, la que le ha ganado la triste etiqueta de ser una ciudad controlada por una Mafia criminal que no respeta los valores de la democracia que dicen defender y que impone su voluntad mediante la amenaza la violencia y la intimidación.

Gracias habrá que darles a las Mujeres por la Paz que con su acto de cívica denuncia al terrorismo en nuestras calles, obligó a los terroristas a enseñar de nuevo la cara sucia de Miami.

Les habló para Réplica de Radio-Miami, Max