El riesgo de un “Luchetti” nacional por Gustavo Ywanaga Reh; [email protected] Director Revista PRO-INTELLECTUM La Razón 31-1-2008

¿Hasta que punto las inversiones chilenas en el Perú son realmente convenientes tanto para Perú como para Chile? Esta pregunta es quizás el punto de partida para comprender la estructura de la relación económica, que muchas veces, llena de pasiones acaloradas, nos impide ver lo que realmente es importante. Sin embargo, hay que resaltar que los conflictos entre Estados son en realidad conflictos de intereses, en este caso de intereses nacionales. Existen dos factores claves en esta relación: la inversión de capitales y las exportaciones e importaciones.

La realidad de las inversiones

Las inversiones chilenas llegan con gran fuerza al Perú luego del conflicto del Cenepa (1995) Más de 4000 millones de dólares. Hasta la fecha no han repetido un ingreso tan masivo de capital que supere los realizados en la era “post Cenepa”. Según Fairlie y Quejia (2007), en el período de 1975 al 2005, las inversiones peruanas en Chile sumaron 23.6 millones de dólares mientras que las inversiones chilenas en el Perú, en el mismo período, sumaron 4600 millones de dólares. Es decir Chile invirtió 195 veces más que Perú. La relación de asimetría es clara

Alguien podría pensar que el Perú se beneficia más que Chile en el intercambio de inversiones, sin embargo es una falacia. Las inversiones chilenas en Perú están orientadas a sectores como el Financiero, Retail, Transporte, Mineros, Energía, y en menor grado Industrial, superando el 30% de participación en las operaciones nacionales. Es decir el predominio de la generación de servicios sobre la producción de bienes. Por otro lado, más de las tres cuartas partes de sus inversiones se han basado en la adquisición de empresas existentes, es decir, significativamente, no han realizado nuevas empresas.

Si bien es cierto las empresas que ya existían y fueron absorbidas por capitales chilenos, dan trabajo a peruanos, no debemos olvidar que antes de ser copadas ya venían dando trabajo a peruanos. Lo que hay que destacar es que por factores de “eficiencia” han debido sufrir recortes laborales para hacerlas más “productivas”. Sin embargo, en las empresas chilenas en Perú que se han desarrollado desde “cero”, el grueso de los requerimientos necesarios de construcción, servicios, proveeduría de bienes, etc. han sido realizadas mayormente por empresas “chilenas” que operan en Perú.

Finalmente, las normas favorables o que impulsan la inversión en ambos países son también del todo “asimétricas”. Perú tiene una política de puertas abiertas sin excepción, a diferencia de las normas chilenas que son en extremo “nacionalistas y patrióticas”. Es frecuente encontrar términos como “el dueño debe ser…”, “el dueño de la empresa debe tener domicilio fijo en Chile…”, “los trabajadores extranjeros no excederán el 15%...”, etc. Terminología rigurosa en extremo, solo en esta último restrictivo de norma, si la comparamos con la peruana, que solo en el caso de extranjeros menciona que no se debe exceder del 20%. Hecho curioso es la normativa chilena del transporte terrestre que restringe la totalidad del servicio de transporte local a los capitales extranjeros en todo el territorio chileno.

La balanza asimétrica de Chile

Muchos analistas sostienen que el Perú tiene una balanza comercial favorable respecto a Chile, incluso los diferentes gobiernos peruanos se atribuyen “la victoria” de la balanza comercial positiva. Evidentemente, todos ellos no aprendieron a realizar análisis económicos basados en la realidad y no en el idealismo fantástico de las cifras brutas.

La relación de intercambios comerciales entre Perú y Chile es históricamente favorable a este último, sin embargo, y en apariencia, esta última década el Perú viene mostrando una balanza positiva. ¿Pero que significa esto?, mientras Chile exporta al Perú servicios, manufacturas y otros productos de gran valor agregado, el Perú se limita a exportar materias primas como: Molibdeno, Petróleo, Gas, las que totalizan las casi tres cuartas partes de nuestras exportaciones al vecino del sur. Nuestro principal producto exportado a Chile es el molibdeno, metal de amplio uso en la industria militar, y que Chile lo re-exporta, constituyéndose así en el principal proveedor de molibdeno en el mundo. Por otro lado, muchas de las empresas chilenas son las exportadoras peruanas de este metal hacia su país, cerrando un circuito económico que deja un casi invisible beneficio económico para el Estado peruano.

Relaciones comerciales en resumen

La relación comercial entre Perú y Chile, en las propias conclusiones de Hugo Lavados, director de ProChile (2004), afirma que, “…nuestra relación comercial con Perú se da en tres aspectos: el acuerdo de complementación económica (80% de partidas arancelarias con arancel cero), los acuerdos de promoción y protección de inversiones y el acuerdo que evita la doble tributación.

Esta mesa de “tres patas” que es la gran plataforma para el TLC genera beneficios exclusivos a Chile por todos lados, pues para el Acuerdo de Complementación Económica de las partidas libres de arancel, las materias primas peruanas que llegan a Chile no pagan impuestos mientras que las manufacturas chilenas reciben igual trato por Perú. Por otro lado, los acuerdos de promoción y protección solo benefician a inversionistas chilenos pues Perú no tiene inversiones en Chile, y si existe la intención de invertir en este país deben atravesar una rigurosa normativa evidentemente proteccionistas y nacionalista. Del mismo modo el acuerdo de doble tributación solo beneficia al empresariado chileno en el Perú , que al tributar en Chile ya no puede tributar en Perú.

El gran riesgo de las asimetrías

Para muchos chilenos, la situación de asimetría parecería convenirles, pero por un tiempo limitado por la real dimensión de la totalidad de las relaciones entre ambos Estados. Mientras la estructura de las relaciones se cimente en la “banal ilusión del beneficio mutuo y la confianza en defensa” podemos decir que pueden seguir exfoliando al país, sin embargo con los temas limítrofes en proceso en la Corte de la Haya, el tema de compras militares y una creciente animadversión entre los componentes nacionalistas de ambos Estados que se desborda al total poblacional, la situación puede llegar a la “inviabilidad social” de las inversiones que se podría comparar con el caso Luchetti (caso que era un tema de incumplimiento de la normativa ambiental, corrupción, etc), pues empleando a esta empresa como literal modelo, podríamos anunciar un “Luchetti” nacional que sobrepasará los 7000 millones de dólares en pérdidas para los extremadamente “gananciosos” vecinos.