El ministro de Defensa, Antero Flores Aráoz, para despedir al ex vice de esa cartera, Fabián Novak Talavera, no tuvo mejor idea que condecorarle con la orden militar más importante del Perú. La metida de pata no pasaría de ser una de esas anécdotas urbanas a que está acostumbrado el pueblo, que soporta que traidores aparezcan como héroes y que proditores tornen en forjadores de la patria, si hace muy pocos días ¡precisamente con Chile! Perú no hubiera planteado la demanda por delimitación marítima ante la Corte Internacional de Justicia.

En momentos como los actuales, cada paso, los gestos, las acciones de gobierno, singulares que comprometen al colectivo, tienen que tener un andar cauteloso, prudente, ajeno a deslices, requiebros o idioteces que hagan peligrar la solidez de la posición peruana frente a un país que, como Chile, ha sido un tradicional violador del Tratado y Protocolo Complementario desde que se firmara el 3 de junio de 1929.

No deja de ser inexplicable que se condecore al señor Fabián Novak Talavera quien ha escrito en un libro, publicado años atrás, y del cual no hay retractación pública, notarialmente certificada y pulverizada, su opinión coincidente con la prédica que sobre límites hace Chile. Al ser así esta postura, nunca negada, disimulada con toneladas de explicaciones, todas insuficientes, queda muy claro que este individuo sostiene una posición distinta y en contra que la oficial del Perú. Por tanto, en cualquier parte del mundo, quien disiente, puede merecer auditorio, pero no la cortesanía vasalla o el halago material de preseas que tienen por representatividad el honor, la valentía y el sacrificio de las Fuerzas Armadas que sí combatieron, dejaron su sangre y en el conflicto con Chile, en 1879, crearon surcos de heroísmo que la Patria aún no ha reconocido de manera suficiente.

Peor aún. Si Novak Talavera –y no es el único caso, idéntica como oprobiosa situación, comparte Luis García Corrochano- es despedido de Defensa, bajo el supuesto de logros y modernizaciones que nadie conoce ¿no se está cometiendo un ridículo aprovechable por cualquier otro país, verbi gracia, uno con el que contendemos por la pendiente delimitación marítima? ¿Cómo puede Perú declinar cualquier validez –que no la tiene- en ningún sentido, intelectual, ideológico o patriótico al traidorzuelo Fabián Novak Talavera, si se le condecora por la extorsión vanidosa de “irse por la puerta grande y con honores”?

Chile podrá argumentar con lógica irrebatible que el testimonio de su razón tiene asideros firmes, no en los chilenos o en estudiosos de esa nacionalidad, sino en tipejos funcionales y venales como Fabián Novak Talavera o Luis García Corrochano, al primero de los cuales, se regala una condecoración. Y preciso es recordar lo que, citando a La Razón, escribí el 2-5-2007 en el texto ¡Novak a su casa!:

“En un artículo de reciente aparición en el periódico El Mercurio de Chile, el jurista chileno Hernán Salinas Burgos sostiene que la frontera terrestre entre Perú y Chile no culmina en el Punto Concordia, sino en el Hito 1 tierra adentro. Para reforzar su tesis cita un libro elaborado conjuntamente por el actual viceministro de Defensa, Fabián Novak, y por el abogado Luis García-Corrochano.

En tal texto, Derecho Internacional Público Tomo II, publicado por el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Católica el año 2001, ambos autores publicaron –a decir de Salinas Burgos- que la línea de frontera culmina en el “hito Concordia”, citando luego unas coordenadas geográficas que corresponden a las del mojón pero no al punto de orilla del mar.

“(Novak y García Corrochano) señalan que la línea de frontera, de acuerdo al Tratado de 1929, termina en la orilla del Océano Pacífico en el hito Concordia (18º21’03’’ S)…que corresponde a las coordenadas geográficas donde se ubica el Hito 1 establecido en el Acta de 1930”, sostiene el abogado chileno en su artículo del pasado 28 de abril.” Hasta aquí la cita textual.

Las preferencias, favoritismos, inclinaciones, todas proditoras, de Fabián Novak Talavera, son harto conocidas y permitidas en un mundo oficial que declina el recuerdo de los mártires para fletar el pseudo lucimiento de logreros y miserables. Recordemos, además, qué cita el mismo individuo, como texto que barniza una de las medallas a que es tan es fetichistamente afecto:

“Condecorado por el Gobierno Chileno con la Orden Bernardo O’Higgins, en el Grado de Gran Cruz, como reconocimiento a su participación como Negociador Peruano en el Proceso de Conversaciones entre el Perú y Chile, que concluyó con la suscripción del Acta de Ejecución del 13 de noviembre de 1999” (Las conversaciones entre Perú y Chile para la Ejecución del Tratado de 1929).

¿Será, la torpeza cometida por el gobierno que preside Alan García Pérez, al condecorar a un felón indudable, la génesis de un rosario indecible y abyecto de inecuanimidades que nos conduzcan a terribles descalabros en los tribunales internacionales? Quien crea que el adversario no goza, se burla y, en el futuro, aprovechará de nuestros dramáticos yerros, es un iluso. A lo más, un tonto con buena intención. Como toda la historia del Perú.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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