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Después de esa intervención, quedó claro que el jefe de la Casa Blanca todavía confía en la economía estadounidense, pero perdió la seguridad que tenía antes sobre las posibilidades de EEUU de reconstruir el mundo.

En lo que queda hasta las elecciones, es poco probable que Bush pueda solucionar los problemas de la economía que se han agudizado por la crisis del sector hipotecario, las convulsiones del mercado financiero o el problema de Irak, creado por el mismo Bush. Según la mayoría de los estadounidenses, la herencia de la presidencia de Bush incluye el debilitamiento de EEUU en la arena internacional, los agudos problemas de su economía, y desprestigio total de la mesiánica idea sobre la posibilidad de democratizar regiones del mundo con recetas estadounidenses. No es ocasional que los principales candidatos a la presidencia del partido republicano tratan por todos los medios distanciarse del impopular inquilino de la Casa Blanca, cuya popularidad descendió hasta el 30 %.

En la intervención de Bush, la economía fue el tema central como en su primer discurso en 2001 después de su investidura. Como recurso para salvar el actual estado de la economía, el presidente propuso recetas antiguas, como reducir los impuestos y el tipo de interés. Pero los críticos ya afirman que las medicinas propuestas por Bush no curan sino que agravarán más la enfermedad. A corto plazo, la reducción de la imposición fiscal y el estímulo de los negocios mediante la reducción de los tipos de interés pueden reactivar la economía, pero a largo plazo, únicamente reforzarán el desbalance en la economía por cuanto conducen a la aparición de más créditos baratos y la acumulación de grandes deudas.

A diferencia de la económica, en el último discurso de Bush la doctrina de política exterior de Bush sufrió serios cambios porque dejo de ser idealista y se expuso en términos más pragmáticos y realistas.

El discurso del presidente confirmó que en EEUU la militancia partidista puede determinar en mucho los diferentes puntos de vista para la solución de los problemas socio-económicos del país, pero en cambio, no es tan importante para afrontar los asuntos de política exterior. En este campo, la línea divisoria en EEUU pasa entre políticos idealistas y pragmáticos y no entre republicanos y demócratas.

Cuando W. Bush llegó al poder, se decía que era un pragmático consumado. Pero tras los atentados terroristas el 11 de septiembre de 2001 todo cambió. Esos acontecimientos obligaron a Bush a reconocer las estrechas relaciones que tenía EEUU con el resto del mundo. En el discurso a comienzos de 2002 Bush declaró que el "país se encontraba en estado de guerra" y marcó la necesidad de emprender una operación militar en Afganistán en el marco de la lucha contra el terrorismo.

La estrategia de política exterior de EEUU de acciones de fuerza unilaterales fue defendida por Bush en los discursos pronunciados en 2003 y en 2004.

En un comienzo, Bush convenció al congreso sobre la necesidad de emprender una campaña militar contra Irak y al año siguiente, defendió la guerra en ese país desatada por el mismo. De forma sistemática, Bush hizo que EEUU orientara sus esfuerzos en destruir los actuales sistemas de seguridad internacional porque esos sistemas le atan las manos para emprender más guerras.

Después de su segunda victoria en los comicios presidenciales, en su mensaje al congreso en 2005 Bush formuló un nuevo programa de difusión de la libertad y la democratización del mundo. Para la Administración estadounidense, ese programa fue un recurso necesario para responder las crecientes críticas por la guerra en Irak.

Para ese tiempo, ya era evidente que Sadam Husein no poseía ningún armamento de destrucción masiva, y el presidente estadounidense justificó la campaña militar con la lucha contra la tiranía y la instauración de la democracia en Irak, que serviría de modelo a otros países "subyugados" en Cercano Oriente.

Bush proclamó el avance de la libertada como el arma principal contra el terrorismo. De palabra, actualmente Bush insiste en la viabilidad de esa tesis al repetir que únicamente la democratización de los "pueblos subyugados" pueden conducir a la paz duradera, por cuanto, "las democracias no combaten entre si". Planteamientos semejantes pronunció Bush en sus discursos pronunciado en los años 2006 y 2007.

Esta retórica también se mantuvo en el último discurso de Bush, al declarar el apoyo a la libertad "desde Cuba y Zimbabwe hasta Bielorrusia y Myanmar". Bush además elogió a Georgia y Ucrania donde según él, transcurrieron "elecciones libres y limpias". Pero si antes, Bush planteaba a EEUU la misión perentoria de "acabar la tiranía" en todo el mundo, en su último discurso modestamente se limitó a un llamamiento "para difundir la confianza en la libertad".

Fuente: Ria Novosti, 01/ 02/ 2008.