En Barcelona, la industriosa ciudad del norte español, hay un pésimo representante del servicio diplomático del Perú. Se atreve este bellaco no sólo a impulsar todo lo contrario que el presidente Alan García y su canciller, José García Belaunde, difundieron en el país ibérico, hace menos de quince días, colocando el reto a las empresas de ese país para que inviertan en Perú, sino que, de modo vergonzante y en contra de todos los principios éticos, el cónsul general Miguel Palomino de la Gala (así se llama el tipo), acaba de coronar su miserable gestión “denunciando” a un trabajador peruano, Jorge Guibert Nava, para que le echen de su puesto de chofer-mensajero que desempeña eficientemente desde hace cinco años.

¿Paga el pueblo para que sus diplomáticos se porten como vulgares esquiroles de patronal ibérica y sancionen con la pérdida del puesto de trabajo a los peruanos avecindados en España? El señor Guibert Nava vive en la península ibérica desde hace más de diez años. Emigró de su Trujillo natal porque aquí no encontraba porvenir de ninguna especie y, poco a poco, con paciencia de foráneo sudamericano, labró un camino y todos creen que lo ha hecho con honestidad y detalle limpios. Y cuando estaba por coronar una etapa interesantísima de su vinculación con su Perú jamás olvidado, otro “peruano”, pagado con el dinero de los connacionales, se encarga de protagonizar un acto que sólo pueden hacer elementos que no tienen ninguna estima ni respeto por la nación ni por los paisanos allende y aquende.

Como parte del reto de difundir la peruanidad, Guibert tiene la corresponsalía de Radio Libertad de Trujillo en Barcelona. Periódicamente, vía el programa La voz del inmigrante y en picantes como muy entretenidos diálogos con Carlos Burmester, portero y guardián de esa emisora norteña, informaban, avituallaban de mil y un datos en una dinámica entrambas ciudades y sus habitantes. El dueño de la empresa de courier en Barcelona, MRW, el catalán Francisco Martín Frías iba a conceder una entrevista en directo a la radio.

¿Y para qué intervendría un ibérico vía radio en Perú si no era para perfilar y concretar los planes de establecer una filial de su empresa en nuestro país? Todo eso estuvo muy adelantado ¡precisamente! por Jorge Guibert Nava, hasta que las “hañazas” del cónsul general Miguel Palomino de la Gala interpusieran sus oficios de saboteador de la política internacional del Perú y en clara como odiosa acción de zapa contra otro peruano que trabaja ¡honradamente hace más de un lustro en MRW!

Si un peruano fuera del país, genera el horizonte, prepara las condiciones para que empresas del país en que labora, en este caso España, y vengan al Perú a poner capitales, ideas y crear puestos de trabajo, ¿no está cumpliendo con su papel de genuino aventurero de empresas y posibilidades? ¿con qué autoridad moral, un diplomático se cree con el “derecho” de portarse como un rufián y abyecto Caín contra un connacional?

No es el único caso. No ha mucho que el mismísimo vicecanciller y secretario general de Torre Tagle, Gonzalo Gutiérrez Reinel, tuvo el desparpajo, no castigado, de hacer firmar al presidente García Pérez una resolución inconstitucional y luego el ridículo inevitable porque tuvo que derogarse tamaña barbaridad. Y como la impunidad parece haber hecho carne y verbo, otra vez, ¡no pasa nada! Si un funcionario de ese nivel ridiculiza al jefe de Estado ¡qué interesa o qué importa que un cónsul en Barcelona se porte como un pobre diablo soplón! ¿Callará Cancillería o traerán, de inmediato a ese individuo?

Palomino de la Gala no sólo ha incurrido en estas reprobables comisiones. Llega tarde al consulado, pareciera tener aún el cerebro helado de sus épocas en la ex Unión Soviética, es déspota, trata mal a la gente, ha sido punto de rechiflas y silbatinas, en síntesis, además de soplón es profundamente odiado en Barcelona. ¿Qué esperan para botarlo del servicio diplomático? ¿o mandarlo a pastar ovejas a cualquier puna solitaria? El miedo atávico de castigar a los pésimos funcionarios que le roban al pueblo peruano sus abultados e inmerecidos salarios es una aberración que debe terminar. Y esta situación no debe persistir ¡un segundo más!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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