El Wall Street Journal [1] revela los entretelones de la proclamación de la ley marcial en Pakistán. Los miembros del gabinete de Pervez Musharraf mostraron a los periodistas las actas de la reunión que sostuvieron con los representantes del gobierno de Estados Unidos para ponerlos al tanto de lo que proyectaban hacer. O sea, George Bush y Condoleezza Rice –que se declararon «sorprendidos» por la decisión de Musharraf– en realidad conocían los proyectos del dictador por lo menos desde la semana anterior.

Planes a los que ni el Departamento de Estado ni la Casa Blanca manifestaron oposición notable en aquel momento.
En los días anteriores a la proclamación de la ley marcial, el 3 de noviembre de 2007, los consejeros y directores del gabinete de Pervez Musharraf mantuvieron una serie de reuniones con diplomáticos estadounidenses en Islamabad y les expusieron varias veces las intenciones del general-presidente y su proyecto de instauración de la ley marcial. Funcionarios pakistaníes y estadounidenses confirmaron estas afirmaciones.

Uno de los principales consejeros de Pervez Musharraf declaró que las críticas estadounidenses hacia ese proyecto fueron muy discretas, prácticamente inexistentes, lo cual fue interpretado en el estado mayor pakistaní como un indicio de que la Casa Blanca daba luz verde a la operación. «Yo les dije: si ustedes tienen una solución mejor, dígannosla», explica un funcionario pakistaní. «Nos respondieron: No tenemos opinión sobre este asunto».

Lo anterior trae a la memoria otra historia, que sucedió hace 17 años: el 25 de julio de 1990, un tal Sadam Husein se reunió con la embajadora de Estados Unidos en Bagdad, April Glaspie. Le preguntó, por escrito, si Estados Unidos tenía alguna objeción en contra de una intervención de las tropas iraquíes en territorio fronterizo kuwaití con el objetivo de apoderarse de las instalaciones de bombeo que captaban ilegalmente el petróleo iraquí.

Luego de consultar el asunto con el secretario de Estado de George Bush padre, James Baker III, la embajadora respondió (la grabación se hizo pública en 1991, durante los trabajos de la comisión investigadora del Congreso):
«No tenemos opinión sobre su disputa fronteriza con Kuwait. (…) Ese asunto no concierne a América. James Baker ha dado instrucciones a nuestros voceros oficiales para que insistan particularmente en ese punto.»
«No tenemos opinión…», en lenguaje diplomático eso quiere decir: «OK, adelante». La misma embajadora Glaspie reconoció, también ante la comisión investigadora de 1991, que: «Nosotros dimos tácitamente luz verde a Sadam Husein para invadir Irak».

[1] «Pakistan Alerted U.S. It Planned Emergency Rule», por Jay Solomon y Peter Wonacott, The Wall Street Journal, 23 de noviembre de 2007.