Ha sido, y es, el de Fidel Castro, un sacerdocio inspirado en el más pleno humanismo.

No importa que analfabetos enemigos ancestrales denigren y batan palmas en lo que consideran el ocaso del líder. Una vez más se equivocan.

En realidad esperaban otra cosa, aguardaban agazapados a que la Asamblea Nacional del Poder Popular, en su nueva legislatura, anunciara la reelección de Fidel al frente del Consejo de Estado para entonces criticarlo. Se quedaron con las ganas.

Fidel Castro ha sido durante más de medio siglo el Líder indiscutible del pueblo cubano, y lo seguirá siendo, con cargo nominal o sin él, porque la moral no la concede una resolución, ni una elección secreta o a mano alzada.

El respeto y la confianza que Fidel Castro se ha ganado ante los hombres y mujeres dignos de este archipiélago y allende sus mares, se ha forjado día a día con la entrega total del revolucionario que a cada paso de su vida nos ha recordado que “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

No hay dramatismo en el mensaje que Fidel entrega hoy a su pueblo. Tampoco despedida, sino serena reflexión y sabía decisión que se anticipa a los enemigos y les propina un golpe rotundo, uno más.

La Revolución cuenta con cuadros y baluartes capaces de conducir las riendas del gobierno y del poder revolucionario hacia planos superiores de desarrollo en devenir que pertenece por entero al socialismo.

Fidel lo sabe, lo reitera no como figura de retórica, sino convicción consciente de que la obra realizada conlleva precisamente esa forja de conciencia imprescindible.

La mente lúcida de Fidel Castro seguirá produciendo reflexiones orientadoras más allá de la efímera existencia física, porque se ha ganado, en la mente de los hombres justos, el derecho a permanecer eternamente combatiendo por la vida y la humanidad.

Agencia Cubana de Noticias