Cuando yo escribía los monólogos que luego Tato Bores actuaba, tomaba la realidad y la exageraba, pero no la falseaba y ambos sabíamos que no mentíamos. Por eso aún se pueden leer esos textos, casi como una crónica histórica de nuestro pasado reciente, Lo mismo sucede con Mafalda de Quino, o con la caricaturas de Hermenegildo Sábat, que expresaban la realidad mucho mejor que las mismas notas que se suponía debían ilustrar.

Muchos que fuimos cronistas de la realidad en las épocas oscuras, usando el humor como instrumento, formábamos parte de medios independientes, coherentes y a veces, masivos (caso de Humor®). Hacíamos lo que pensábamos y sentíamos que lo que decíamos. Las presiones, los aprietes, las clausuras, el secuestro de ediciones, las censuras, las listas negras, venían de afuera.

Luego, con el paso del tiempo, el capitalismo salvaje (que en realidad debería llamarse: “los capitalistas salvajes”), el menemismo y la entronización del dinero como fuente de toda razón y justicia, las cosas cambiaron. Mientras que muchos medios independientes de empresas periodísticas chicas debieron cerrar, las grandes empresas de medios comenzaron a monopolizar el mercado.

Con el cambio de la ley se hizo posible que un mismo grupo económico pudiera tener canales de televisión, diarios, radios y lo que quisiera. Así la “torta publicitaria” comenzó a repartirse entre los pocos, mientras los muchos quedaban afuera.

Pero la cosa no concluye aquí, porque estas grandes empresas se fueron vendiendo y/o a diversificando sus negocios, dejando de ser empresas específicamente periodísticas, para convertirse simplemente en empresas comerciales con exclusivos fines de lucro.

La consecuencia es que al separarse de la lógica periodística para desplazarse a la mercantilista, se producen algunos conflictos éticos. Ejemplo: se hace difícil hacer una campaña contra la prostitución y la trata de blancas, y luego dedicar dos páginas en la sección clasificados a publicitar esa misma prostitución. Desde el punto de vista periodístico la contradicción es evidente, pero desde el punto de vista mercantilista esta dualidad desaparece, el dinero enrasa y aglutina todo.

Evidentemente trabajar como periodista en este tipo de multimedios comprometidos comercialmente con sectores importantes del mercado, se hace difícil. Aún dentro del humor, porque si a uno se le ocurre hacer un charrasquillo con Zutano -un personaje importante- no faltará un productor o un jefe que nos advierta: Con Zutano mejor no hacer chistes, porque es socio del Grupo (así, con mayúsculas) en un criadero de chanchos. Y ya que estás, a Perengano no lo pintes tan grasa, acordate que es el dueño del banco del Grupo. Tampoco digas que el conductor Mengano es un imbécil, aunque lo sea, porque ese imbécil trabaja en el canal del Grupo. En cambio al que deberíamos darle una manito es a Perengano, pobre, que acaba de acuchillar a su mujer, pero que pone toda la pauta publicitaria de sus empresas en los multimedio del Grupo. ¿Me entendés?

Amigos y enemigos hubo siempre, sobre todo políticos e ideológicos. Pero ahora es distinto: hay socios y no socios. Una de las diferencias entre estas categorías es que los amigos y los enemigos solían perdurar a lo largo del tiempo. Hoy, un no-socio puede convertirse en socio en menos de 24 hs. Hasta ayer se lo podía denunciar y poner su foto en la sección policiales, a partir de hoy, si se lo menciona, es sólo para el elogio. La presión dejó de estar exclusivamente afuera y ahora viene también desde adentro.

Frente a esta situación, las alternativas para aquellos que deben trabajar en medios de estas características y no pueden -no importa por qué- dar un portazo, son varias. Creo que no auto censurarse es una de ellas. Seguramente tendrán alguien arriba que se encargará de hacerlo. Lo que muchos hacen, hasta encontrar un ambiente mejor para trabajar, es resistir e insistir, probar cuánto se puede estirar la cuerda, porque la cuerda es posible que se pueda estirar un poco más.

Pero hoy también existe otro medio que permite decir cosas, difundir lo que nos pasa, denunciar injusticias y deshacer entuertos en general: Internet. En Internet se está creando una red de comunicación alternativa creativa y valiosa, que cada vez llega a más gente y no sabe de fronteras.

Seguramente, por estas mismas razones, las empresas monopólicas intentarán copar la parada. La cuestión es estar atentos. Desde la época de los graffitis en la Roma Antigua, pasando por la Commedia dell’arte, la gente que quiere expresarse se organiza, y siempre se las ingenia para inventar alguna manera de hacerlo. Ese es nuestro capital, la posibilidad de inventar siempre algo distinto.

Aún recuerdo aquel día cuando nos organizamos y juntos -todos- cantamos aquello de “La jueza Burú Burú Budía, es lo más grande que hay”. Y les aseguro que no puedo evitar sonreír y sentirme muy bien (ANC-UTPBA).