Es que, en realidad, el camino existe desde que se inventó este trabajo y la cuestión radica en saber cómo andar, qué velocidad elegir, qué elementos utilizar para unir esos dos objetivos largamente buscados: informar con precisión, pero al mismo tiempo garantizar honestidad intelectual y credibilidad.

En las cuestiones deportivas, puntualmente en el fútbol argentino, se hace muy sencillo elaborar un discurso acorde con lo que uno observa y entiende que sucede. Ocurre, sin embargo, que es una materia altamente opinable, con un altísimo contenido de conocimientos repartidos entre los que forman el público. Eso, sumado a las simpatías que tiene cada televidente respecto de clubes, jueces, jugadores, entrenadores y hasta de periodistas, suma o resta en la credibilidad del que intenta explicar algo desde la pantalla. El fútbol ha sido monopolizado por una sola empresa en cuanto a la transmisión de partidos del torneo local y sus categorías de ascenso. La misma empresa también se encarga de la televisación de los torneos internacionales y casi siempre, por no decir siempre, de emitir los encuentros del seleccionado argentino.

Alrededor del fútbol nacional y de toda la trama de intereses empresariales, periodísticos y económicos, existe una especie de “silenzio stampa” difícil de revertir. Es muy complicado que los propios protagonistas cuenten las historias oscuras, las irregularidades que se cometen diariamente y a todo nivel. Hay una complicidad histórica, que no arranca con la era de la televisión, sino mucho tiempo atrás.

Podríamos remontarnos, perfectamente, a la primera década profesional allá en los años ’30, cuando el soborno, la compra de jueces y la prepotencia de los clubes más fuertes hacía tabla rasa con cualquier concepto de justicia. O de los años ’40, cuando se decidió la contratación de un plantel de árbitros británicos para terminar con la corrupción de quienes debían administrar justicia deportiva. Así, podríamos seguir trayendo ejemplos de otros años, más felices quizá en cuanto al bienestar popular, pero tan contaminados y perversos como los actuales, si del negocio del fútbol hablamos.

La única diferencia es que la presencia invasora de la televisión, ha transparentado gestos, intenciones y muchas veces, acuerdos espurios. No es sencillo que con seis, ocho o nueve cámaras registrando casi todo lo que ocurre en un campo de juego, los protagonistas puedan acordar algo antideportivo o que haya rendimientos individuales sospechosos de ser ilegales o maliciosos. Igualmente ocurre, pero ya no es tan frecuente. En ese sentido, un punto a favor para la TV intrusa.

Sin embargo, pareciera que el comercio a la máxima expresión, que la necesidad de vendernos un producto fútbol que casi no necesita venta porque hay un mercado cautivo permanente de hinchas y de fanáticos que han llevado su pasión hasta el nivel de locura y enfermedad en los últimos años, no se detiene ni se detendrá. Somos varios –y en este caso me incluyo- los periodistas que desde nuestro lugar tratamos de alertar sobre esto, de intentar alguna reflexión a contrapelo de la idea dominante, de buscar la complicidad de quien nos mira y entiende el juego, para no caer en la asfixia mediática del River-Boca y de hacernos creer que todo funciona sanamente y que esos dos clubes son, obligadamente, los únicos que pueden cosechar el éxito final.

El sentido de verdad, para explicarlo bien, queda resentido cuando uno no tiene acceso a la verdad del fútbol-negocio, cuando tiene necesariamente que opinar con alto grado de compromiso pero, al mismo tiempo, condicionar sus palabras al conocimiento real.

Ese camino –en algunos casos con un precipicio a ambos costados- es un equilibrio donde hay que saber qué palabras usar, qué discurso es el adecuado para unir coherencia, con opinión independiente y un sencillo instinto de conservación laboral. Ahí es cuando uno elige a qué atenerse, a quién defender, a qué sector representar oralmente.

Esa es la línea que los televidentes trazan, la que los propios periodistas sabemos distinguir cuando hay que hablar de todas palabras que tienen sonidos celestiales para los que hacemos esto: ética, responsabilidad, verdad y respeto.

Nuestros propios colegas, la gente en general y quienes disfrutan del fútbol sabrán establecer las diferencias (ANC-UTPBA).