Desde las calles, con la sonrisa abierta y los puños al aire, estás movilizado presente en el combate de tu pueblo.

Nada te ha detenido ébano incorruptible; sobre las viejas murallas del sistema se da la vuelta el tiempo y rescata tu voz que denuncia sin tregua, a los que beben la sangre del obrero, a los que han mutilado la esperanza y han engordado robando el pan acongojado de los niños. Aún están ocultos aquellos que lanzaron el arsenal sombrío de tu muerte. Pueden estar ocultos mas nunca serán libres, los fiscales del pueblo les persiguen: no tendrán paz ni sombra para encubrir su manos asesinas y no podrán dormir, porque tus ojos sin tregua los vigilan, y pronto caerán aunque se escondan detrás de las chequeras o del tinglado audaz de la impudicia.

Sabemos quienes son: revolotean, vampiros insaciables, a la sombra siniestra de las curules y los ministerios; manejan con destreza la cruz y la manopla, viven esquizofrenia cotidiana y se alimentan con plomo de metralla.

El Pueblo está seguro de que tu voz no ha sido silenciada y por eso, en las calles, repite con firmeza tus consignas y se afirma en la lucha contra la corrupción y la ignominia.

Ébano de fuego eterno, ¡Vives en la memoria de tu Pueblo!