Ecuador tiene la oportunidad de marcar un hito histórico en el mundo, pues ha iniciado un proceso de auditar la deuda externa para encontrar qué parte de la deuda es legítima y cuál no. Con el informe que presentará en julio, la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público tendrá los elementos legales suficientes para que el país deje de pagar una deuda inmoral que ha empobrecido a nuestro pueblo. Como parte de difundir el trabajo que realiza la Comisión, del 18 al 23 de febrero se realizó el ciclo de cine “Deuda = Atraco” en Quito, Guayaquil, Cuenca y Manta. Ciclo de cine donde se presentó el caso de Argentina y Haití y cómo la deuda ha sido instrumento de atraco, manipulación y corrupción de las mafias económicas de estos pueblos.

Siempre se ha repetido la idea de que de si no hay inversión extranjera no hay progreso y desarrollo de los pueblos, un país que tiene estabilidad financiera y política es sujeto de crédito y por tanto se está desarrollando; nada más falso que eso, pues por cada dólar que las naciones grandes prestan, se llevan de los países subdesarrollados de tres a cinco. Sí, la deuda externa es el elemento con el cual las grandes mafias financieras manipulan gobiernos y condicionan el modo y tiempo de entrega de sus recursos naturales.

En todas las legislaciones mundiales se prohíbe la capitalización de intereses, sin embargo, tan traidores han sido los gobernantes de los países dependientes que han firmado préstamos extranjeros con cláusulas donde se acepta la capitalización de intereses y se renuncia a todo derecho de reclamo ante una corte internacional en caso de fraude. Esta es la historia de los países subdesarrollados, la ‘historia de los nadie’.

El caso de Argentina

Desde el 2001 hasta fines de 2003, Argentina vivió la crisis económica más profunda de su historia. Si bien la caída de la economía argentina había comenzado mucho antes, en diciembre de 2001, al caer el gobierno de Fernando de la Rúa, se produjo una explosión. La paridad de un dólar = un peso que había durado durante una década se resquebrajó y a partir de ese momento comenzó una loca carrera devaluatoria que no paró hasta que el dólar llegó a los cuatro pesos durante el mes de junio. La brusca recesión, el “crack” de los bancos, saqueos a comercios y supermercados y un clima de inquietud social marcaron el fin del 2001 y el comienzo del 2002.

El país fue devastado por un nuevo tipo de agresión, un modelo económico que dejó más víctimas mortales que la etapa de la dictadura y que la guerra de Malvinas: casi diez millones de argentinos quedaron en la indigencia, esta misma cantidad de personas carecían de los ingresos suficientes para acceder a una alimentación básica. La desnutrición infantil llegó al veinte por ciento, es decir que uno de cada cinco chicos sufría de desnutrición, tenía problemas de crecimiento y trastornos neurológicos.

La película “Memoria de un saqueo”, de Fernando “Pino” Solanas, durante este ciclo de cine, con imágenes muy desgarradoras, mostró la historia de Facundo y Pablo Gómez, niños víctimas de un feroz modelo de privatizaciones y corrupción que había dejado en la pobreza al 70% de niños argentinos. Facundo y Pablo buscaban alimento de entre la basura, se mostró la extrema pobreza en la que vivían y cómo en agosto de 2002, durante el tiempo que se realizaba el film, murieron de hambre cinco niños de Tucumán, pues carecían de condiciones salubres mínimas y en absoluto de alimentación.

Era un fenómeno nunca antes visto en Argentina: dos millones ochocientos dieciséis mil hogares bajo la línea de pobreza, causada por un creciente desempleo, pues la desocupación, alcanzó al 22% de la población en edad para trabajar. La falta de trabajo llevó al hambre, al hacinamiento, a la posibilidad de contraer todo tipo de enfermedades. A esto hay que sumarle, en muchos casos, la imposibilidad de acceder a centros de salud, lo cual, combinado con la falta de información o educación, hace que muchos padres no se den cuenta de que ellos mismos o sus hijos están desnutridos o enfermos. Solo en Tucumán, los chicos desnutridos llegaban a once mil. Se mostró lo que sucedía en Gran Resistencia, Chaco, donde cien mil de los trescientos mil habitantes viven en asentamientos, ciento cincuenta mil van a comedores comunitarios, cien mil viven con menos de un peso diario y el noventa por ciento debe recurrir al sistema de salud público.

Esta era, efectivamente, la crisis más despiadada que había vivido Argentina, de manera que la indignación movió a diferentes organizaciones sociales, como ‘los piqueteros’, ‘las madres y abuelas de la Plaza de Mayo’, etc; las protestas violentas, el ‘cacerolazo’ eran el modo cómo los argentinos mostraban su descontento. La policía reprimía como solo se había visto durante al dictadura, mujeres, jóvenes, amas de casa eran dispersadas con gases e incluso disparos. Estas manifestaciones dejarían un saldo de 35 personas asesinadas y a De la Rúa fuera del gobierno, se luchaba por establecer una nueva época. Aquello que rondaba por la mente de los argentinos era ¿Cómo es posible que en una tierra tan rica se sufriera tanta hambre? ¿Cómo era posible que “el país del trigo y la carne” esté en esta situación?

La deuda externa, una de las causas

En casi dos siglos de vida independiente, la deuda externa ha sido una de las causas de empobrecimiento y corrupción, lo mismo que sus escandalosos conflictos, desde el primer crédito extranjero firmado por Rivadavia en 1824 con la banca inglesa Baring Brothers. Este préstamo y los siguientes se acomodaban más a las necesidades del mercado externo y serían utilizados, a partir de ese primer momento, para controlar las finanzas argentinas y presionar hacia una masiva privatización de todas las empresas estatales a la mitad o hasta la tercera parte del precio real. Desde entonces, la deuda externa estuvo ligada a los negocios y complicidades de todos los gobiernos, desde Rivadavia hasta Ménem y De la Rúa, es decir, aparecen los tecnócratas y funcionarios públicos, dispuestos a beneficiar a la banca extranjera a costa del endeudamiento del pueblo argentino.

La deuda contemporánea argentina se remonta a la dictadura militar, que después de siete años en el poder, dejó al país con una deuda de 45 mil millones de dólares, de los cuales la mitad era deuda privada. Un fenómeno parecido al que sucedió en los gobiernos de Ménem y De la Rúa, donde Domingo Felipe Cavallo, Super-ministro de estos gobiernos, se encargó de pasar las deudas de entidades financieras y transnacionales (City Bank, Bank Boston, Chess Manhattan, Banco de Londres, Banco Español, Banco Francés, Quilmes, Banco Río, Banco Galicia, IBM, Ford, Mercedes Benz, Philips, Pirelli, Mac, etc.) a todo el pueblo argentino. La deuda argentina, al igual que la deuda en muchos de nuestros países, es una deuda plagada de irregularidades; según Abel Samir, si se hubiera aplicado una tasa de interés normal, la deuda externa argentina se hubiera terminado de pagar en 1988. Pues, cuando se establecen las condiciones para los préstamos, se establece como interés el 6,5% anual, sin embargo, para fines de los 80 el interés es elevado unilateralmente a 21%, y se permite la capitalización de los intereses.

Por otro lado, también se observó la película “Haití”, donde se demuestra, además de la invasión de que es víctima, que la ocupación de Haití es también económica: desde que Francia impuso una indemnización por la liberación de su ex colonia hace 200 años, hasta el día de hoy, el pueblo haitiano no ha dejado de vivir saqueos, embargos, invasiones y ocupaciones. La población haitiana sigue brindando tributo a los invasores, a través del pago de una Deuda Externa ilegítima ya saldada con creces y la reestructuración obligada de su economía conforme a las condiciones impuestas por las instituciones financieras internacionales y los llamados acreedores y donantes.

De este ciclo de cine se debe resaltar que en las circunstancias más críticas es posible mostrar solidaridad, compañerismo, como la película “La voz de los nadie”, donde conocimos historias de voluntarios que daban de su tiempo y recursos para ayudar a cuantos podían, y es fundamental resaltar estas cualidades; sin embargo, no hay que olvidar también el espíritu guerrero de un pueblo de pie, cansado de los abusos del poder, capaz de organizarse para luchar por sus derechos.

Comprendemos que las políticas que dictan instituciones como el BM, FMI, BID, son únicamente para garantizar el más descarado saqueo de nuestros recursos económicos y naturales, que en esta lucha, los pueblos víctimas de las naciones dueñas del poder económico y financiero pueden y deben ponerse de pie y luchar por sus intereses. Ecuador, en este proceso, puede marcar un hito, si logramos desenmascarar a los ladrones de nuestro pueblo y denunciar que esta deuda es ilegal y no la pagaremos.

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