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En vísperas de la cumbre más grande y más difícil de la OTAN

Los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN en una reciente reunión de trabajo en Bruselas acordaron que de momento, Georgia y Ucrania no serán incluidas en el Plan de Acción de Adhesión a la OTAN, la etapa previa para el ingreso de esos países en el bloque atlántico.

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El Plan de Acción de Adhesión a la OTAN (Membership Action Plan, MAP) es una espacie de "Hoja de Ruta" oficial establecida por la OTAN con las pautas y requisitos que una vez cumplidos, permite a cualquier país ingresar en el bloque militar. Reunidos el pasado 6 de marzo para debatir los preparativos de la Cumbre de la OTAN que se celebrará en Bucarest del 2 al 4 de abril próximos, los cancilleres del bloque atlántico decidieron que Ucrania y Georgia no serán invitados a participar en el MAP en la cita de Bucarest.

Cabe resaltar que la decisión de los ministros no significa que la OTAN haya renunciado definitivamente a sus planes de incorporar a Ucrania y Georgia al bloque.

Más exactamente, los ministros establecieron una prórroga que en la práctica significa que el ingreso de ambos países a la organización se producirá unos cuantos años más tarde.

De forma aproximada, ese plazo es fácil de calcular: de uno a dos años mientras que Ucrania y Georgia desarrollan el MAP, y probablemente otros dos años más hasta que sean invitados a incorporase a la OTAN, en una de las cumbres que celebra cada año la organización.

La decisión de aplazar el proceso de ingreso de Ucrania y Georgia a la OTAN obedeció a diversos factores.

A pesar de que Estados Unidos ha promovido la pronta incorporación de Ucrania y Georgia al bloque, países importantes de la OTAN como Francia y Alemania recomendaron no apresurar los acontecimientos.

Como argumentó un diplomático alemán, "para no agudizar aún más el antagonismo con Moscú tras el precedente de Kosovo, el debate sobre los elementos del sistema de defensa antimisil en Polonia y la República Checa, y las divergencias en torno al control sobre el armamento convencional en Europa".

En este contexto, los diplomáticos de esos países europeos, fundadores de la OTAN, opinan que sería un gran error apartarse de Rusia únicamente para complacer a Tbilisi y Kíev.

Especialmente cuando en Rusia asume el poder el nuevo presidente electo Dmitri Medvédev, considerado en Europa más "pro-occidentalista" en comparación con el actual presidente Vladímir Putin.

El criterio predominante es que será contraproducente perder una ocasión óptima para "reanimar" las relaciones con Moscú que han empeorado de forma considerable los últimos cuatro años.

Las consideraciones anteriormente expuestas son claras y convincentes. Pero existe todavía una razón que por lo visto tuvo más peso que todas las restantes, la misma cumbre de la OTAN que se celebrará en la capital rumana.

A esa cumbre los países miembros acuden con posturas muy divididas y nadie tiene deseos de complicar aún más la agenda del evento con el asunto de Ucrania y Georgia.

Lo que pasa es que la cumbre de la OTAN en Bucarest debe ser exitosa porque se ha presentado como la más grande en la historia del bloque.

Además de la asistencia de los Jefes de Estado y de Gobierno de los 26 países miembros, a la cumbre han sido invitados países participantes en las operaciones que desarrolla la OTAN en el marco de la coalición internacional en Afganistán, los países donantes de la coalición como Japón, y los dirigentes de organizaciones internacionales como la ONU y la Unión Europa.

En Bucarest también esperan a Putin en calidad de presidente ruso saliente, situación que se perfila como la primera participación de Rusia en las actividades oficiales en una cumbre de la OTAN, como resaltan los observadores.

En la agenda de la cumbre de la OTAN en Bucarest figuran dos asuntos principales.

El primero será la situación en Afganistán y el reforzamiento del contingente militar de la OTAN en ese país.

El segundo punto incluye la admisión al bloque de Macedonia, Albania y Croacia.

No más comience la cumbre y se pase al desarrollo de los dos puntos de la agenda comenzarán los problemas.

Entre los países que puede armar mucho ruido en la cumbre de Bucarest hay que destacar a Alemania.

EEUU e Inglaterra no han podido convencer a Berlín de que desplace sus tropas dislocadas en el norte de Afganistán, donde la situación está relativamente tranquila, hasta el sur del territorio afgano donde todavía sigue la guerra.

Por ahora, la canciller alemana Angela Merkel argumenta que el Ejercito alemán no puede "correr de un lado a otro por el territorio de Afganistán".

Según expertos, las declaraciones de la señora Merkel son un ardid, porque nadie propone que el Ejército alemán "corra" por el territorio afgano, sino que envíe batallones adicionales al sur de Afganistán.

Un asunto muy complicado de conseguir porque el 86 % de los alemanes están en contra de que sus soldados participen en acciones de guerra, según las encuestas.

Además, para el gobierno de coalición de Merkel, los asuntos en el frente económico no marchan del todo bien, y la posibilidad de que Berlín deberá ceder a las presiones de Washington puede causar fricciones entre las fuerzas políticas que integran esa coalición.

Sobre todo cuando EEUU ha reforzado la presión contra Alemania con mayor empeño que antes.

Nueve mese antes de la cumbre de Bucarest, en una carta abierta dirigida a Berlín, el secretario de Defensa de EEUU Robert Gates resaltaba la buena vida de soldados alemanes en sus batallones en el norte de Afganistán, mientras mueren los estadounidenses y británicos en combates en el sur del territorio afgano.

Sobra resaltar el efecto que tuvo la misiva de Gates en el gobierno y la opinión pública alemana.

La incorporación de los países balcánicos en la OTAN que sería la parte positiva de la cumbre también presenta escollos.

En este caso, Grecia puede aguar la fiesta, al plantear un asunto insignificante para la mayoría, pero de importancia trascendental para los patriotas helenos.

Los griegos no están dispuestos a aprobar el ingreso de la república de Macedonia a la OTAN mientras que ese país no se cambie el nombre.

Macedonia es una parte del norte de Grecia, patria del Alejandro Magno y los griegos no están dispuestos a perder ese nombre bajo ninguna circunstancia.

En la reciente reunión de ministros en Bruselas todos los esfuerzos para convencer a los griegos fueron inútiles.

Incluso el argumento de que para la OTAN la incorporación de Macedonia es un asunto estratégico porque con la ayuda de ese país el bloque atlántico podrá reforzar su presencia en los Balcanes y garantizar la estabilidad en esa zona, sobre todo tras la independencia de Kosovo.

En conclusión, la cita de la OTAN en Bucarest, que se perfila como un evento histórico, seguramente será la más grande y difícil de sus cumbres.

Fuente
RIA Novosti (Rusia)

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