Lestido gusta del tiempo y el espacio íntimo. Lo absorbe con pasmosa tranquilidad, la misma que la puede encontrar dentro de una cárcel de mujeres conviviendo con ellas por meses, y reflejarlas en "Mujeres Presas con sus Hijos". Mostrar que un muro no detiene cuotas de felicidad y que el encierro del sistema es la crueldad misma.

Adriana o "la negra Lestido", sabe de tacto y su olfato (gato) la lleva al zarpazo de un dedo, en sintonía con el iris para reflejar el dolor de siempre, como en la foto que muestra a madre e hija con el pañuelo blanco de los jueves, de los jueves que resisten y resisten. Y que dio vueltas el mundo.

Diarios, revistas, agencia de noticias la tuvieron como Fotoperiodista en una primera etapa.

Nunca le esquivó al bulto. Como cuando en plena dictadura, iba y venía, de aquí para allí y daba en el blanco de represores que impedían manifestaciones a golpes (Lanuzaso), o durante los años de muertes y ausencias.

Algo que Adriana padeció en sus más internas cercanías.

Sigue recorriendo la ciudad, el interior (de las personas) y el mundo. No la inmutaron los premios ni las luces de neón.

Es como la esquina de "La Imagen": iluminada y oculta. Bella y dura. Se pierde y se encuentra. Incluso en alguna esquina de Buenos Aires, donde mientras mira gatilla, mientras escucha imagina una forma. La que la llevó a darle luz a tantas oscuridades, o hacer opaco el brillo.

Al decir de Italo Calviño: "El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar, y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio." ( Ciudades Invisibles).