El gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, se vio obligado a renunciar al cargo como consecuencia de una revelación según la cual habría negociado los servicios de una prostituta. Más allá del carácter exótico de la vida política estadounidense, que juzga las capacidades de un gobernador según su comportamiento en la cama, el caso resulta revelador en cuanto a los persistentes enfrentamientos en el seno del movimiento sionista.

Eliot Spitzer era considerado la esperanza de la comunidad judía estadounidense, que lo veía como un futuro presidente de Estados Unidos. Jurista brillante, Spitzer había sido asistente de Alan Dershowitz (el consejero jurídico del Estado de Israel) y había dirigido la prestigiosa Harvard Law Review. Como segundo del fiscal de Manhattan, se dio a conocer al desmantelar el clan Gambino (una de los cinco familias de la Cosa Nostra).

En 2005-2007, el entonces fiscal Eliot Spitzer dirige una investigación sobre las cuentas secretas del Congreso Judío Mundial. En un informe de 35 páginas, Spitzer demuestra entonces que el secretario general Israel Singer (también presidente de la Organización Judía Mundial de Restitución) desvió en beneficio propio por lo menos 5 millones de dólares pertenecientes a la asociación. Para defenderse, Singer revela la existencia de un fondo clandestino de 2 millones de dólares anuales, instaurado en beneficio del presidente Edgar Bronfman. Como consecuencia del escándalo, Singer y Bronfman dimiten, uno detrás del otro.

Hace unos pocos días, el Congreso Judío Mundial anuló las acciones judiciales contra Israel Singer. Al encontrarse este último fuera de peligro, sus amigos pusieron en conocimiento del fiscal Johnson III una serie de informaciones sobre une empresa dedicada a suministrar compañía femenina, provocando así la renuncia de Eliot Spitzer.