Estados Unidos parece ser un socio que está cambiando su estatus: de extrema confianza… a poco confiable. Los eventos internacionales vinculados a la política exterior norteamericana y a decisiones internas del gobierno de ese país, están ocasionando una pérdida del poder adquisitivo del dólar sin precedentes. En opinión de analistas internacionales, las continuas subidas del precio de petróleo, oro y euro son indicadores de pérdidas de fortaleza del dólar (más que de presiones inflacionarias).

¿Cuáles son los efectos de la devaluación del dólar en la economía ecuatoriana? ¿Hay fundamentos estructurales que expliquen estos efectos? ¿Hay previsto algún mecanismo de compensación internacional por el mal desempeño de su economía?

Las economías dominantes tienen socios que las auxilian en las malas y de los cuales se sirven en las buenas. En el actual contexto monetario internacional, Ecuador, como otros países, financian con su economía la eventual ineficiencia de la economía de países dominantes. Esta afirmación surge de analizar las reglas de juego que imperan hoy, en el mundo monetario. Desde el acuerdo de Bretton Woods, el dólar, como la libra, asumieron el papel de patrón monetario internacional, en reemplazo del viejo patrón oro. Desde entonces son medidas de cambio y monedas de reserva, que mientras pierden valor en lo interno, parecen permanecer inalterables en lo internacional.

Pero esta estructura que en apariencia debiera caer en perjuicio de las economías dominantes, dado que los precios internos de esas economías suben, al hacerlo en dólares o en libras consecuentemente suben en términos internacionales y por carácter transitivo debieran perder competitividad en términos relativos a otras economías. Esto es lo que predice la teoría económica. La cuestión es que no parece ser ese el resultado, tampoco el único que produce esta regla estructural. La que posee mecanismos para compensar esa y otras pérdidas eventuales de las economías dominantes.

En efecto, este fenómeno también perjudica al resto de las economías del mundo por la vía del valor de las reservas en dólares o libras que guardan en sus tesoros nacionales.

Al mismo tiempo, cuando Ecuador, al igual que otros países de economías no dominantes, tiene un proceso inflacionario, como el que se está protagonizando en la actualidad, se observa, hacia el interior de su economía, un proceso de redistribución negativa de la riqueza desde los sectores con ingresos fijos y trabajadores (asalariados, jubilados, pensionistas, etc.) hacia los que pueden defenderse de este proceso (los sectores de poder, empresarios formadores de precios) elevando los precios. Entonces se profundizan las diferencias sociales y se condena a otra parte de la población a la marginación y la pobreza.

Las preguntas que nos hacemos a esta altura del razonamiento son: ¿quiénes son los agentes económicos que tienen el rol formador de precios en las economías no dominantes? ¿A qué intereses responden sus visiones empresarias? ¿Es justo que se produzca este proceso de redistribución de la renta entre agentes económicos en las economías no dominantes y entre economías dominantes y no dominantes?

La injusticia de los procesos inflacionarios que redistribuyen negativamente la renta, como toda otra medida que ocasione el mismo efecto en los países no dominantes, no trasciende las fronteras de los mismos (salvo el efecto contagio de las crisis), dado que el dinero de estas economías no es reserva de valor, ni patrón de cambio de nada. Por su parte, en el mundo dominante a nadie parece movérsele un pelo porque aparezcan más pobres en una economía del tercer mundo o porque un pobre pase hambre o no tenga medicamentos para su familia. Este es un problema de las economías como la ecuatoriana, que bien deberá saber el gobierno resolver oportunamente.

En consecuencia, es razonable demandar reglas que garanticen la estabilidad de los derechos y la confianza en un parámetro de valor, para asegurar la armonía con justicia en el mundo globalizado.

Para lograr este propósito, se podrían usar mecanismos de transferencias de ingresos y riquezas, que compensen las pérdidas ocasionadas, respectivamente, por países y personas. Dichos mecanismos debieran pensarse en términos del poder adquisitivo que pierden las economías no dominantes al momento de contabilizar la inflación o la desvalorización del patrón de cambio, por la razón que sea. En estas circunstancias, las economías dominantes, por la responsabilidad que asumieron como patrones de medida y de cambio internacional, debieran girar títulos de crédito hacia las economías no dominantes toda vez que se registren desvalorizaciones de su moneda. Por su parte, hacia el interior de los países, los empresarios que promueven incrementos de precios de sus bienes o servicios debieran aumentar en la misma proporción el poder adquisitivo de sus trabajadores, para de esta manera mantener las cosas en el estado en el que se encuentran.

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