Si hacemos un nuevo recorte podríamos circunscribir el concepto de verdad a los tiempos que corren.

La verdad en la Sociedad de la Información. Dificultades para hallar una definición.

Tiene razón Sebreli cuando escribe que la terminología actual en el lenguaje cotidiano del hombre común pero también de los profesionales (entre ellos comunicadores y periodistas) utilizan palabras equívocas que no concuerdan con la realidad que pretenden designar. Términos distorsionados utilizados en sentido amplio, vago, incierto, que ya no es posible saber bien qué es lo que significan.

Resulta un todo complejo hablar de verdad sin asociar el término con objetividad, manipulación, construcción, objetividad, independencia, neutralidad, naturalización, percepción, influencias, libertad... poder.

Podríamos enrolarnos en la negación de la verdad. Sería el camino más corto. Sin embargo avanzaremos en la búsqueda. Tal vez encontremos más preguntas que respuestas y es posible que en la confusión adoptemos la definición aristotélica de verosimilitud tentados por coincidir con Bettetini y Fumagalli en que en los productos de nuestra cultura reina la verosimilitud según Aristóteles, o sea lo que el público cree posible.

La verdad en los sistemas de comunicación

Lo que se escriba no está inspirado en la prensa alternativa o alterativa sino en la producción industrial de la cultura. Desde la lógica de generar recursos económicos, a veces, la verdad tal como en tiempos de guerra, es la primera víctima.

Hablar de un público implica en este caso la existencia de uno o varios medios.

Usaremos el plural aunque las generalizaciones implican un riesgo. Los medios suelen mentir esgrimiendo sus verdades cuando sin usar este término hacen gala de su objetividad, imparcialidad o independencia. En este sentido Pérez Gaudio advierte que los poseedores de los medios de comunicación podrán creer que ejercer el poder de manejar informaciones les da derechos pero nunca derecho alguno que le haga presumir que por ello adquieren posesión de la verdad.

La construcción de la verdad

¿Qué es la verdad? Podríamos decir, con temor de equivocarnos, que la verdad es una construcción. Oscar Wilde fue más allá al sostener que la verdad es pura y simplemente una cuestión de estilo y el estilo podemos decir, con menos temor de equivocarnos, es una construcción.

¿Qué / quiénes intervienen en la construcción de la verdad? Deben existir múltiples elementos y agentes sociales. Citaremos sin embargo, unos pocos al no ser éste un tratado sobre la verdad, sino sólo una reflexión a pedido.

Y no sólo citaremos unos pocos, sino que además por cuestión de espacio, no profundizaremos.

Remitiremos, en cambio a analizar cómo influyen en la acción de “creer” aquellas instituciones que cita la Escuela Latinoamericana de comunicación como mediadoras en el conocimiento: la escuela, la iglesia, la familia, a las que se suman los medios de difusión.

Dedicaremos unas líneas más al rol de la percepción en el proceso de construcción de la verdad. Y en esto los medios juegan un papel fundamental en la formación de opiniones que circulan con pretensión de verdad bajo la denominación académica de sentido común apoyados en la verosimilitud y en aquello a lo que Nietzsche llama “el dogma de la inmaculada percepción”.

La influencia de los medios en la construcción de la verdad

Suele hablarse de opinión pública como la opinión en la que coincide la mayoría y hay una tendencia a reconocer como tal a lo que Cossio llama opinión del público. Para Deutch, la opinión pública es una construcción a modo de cascada que contiene a las elites económicas, sociales o políticas, a los medios de difusión, a los líderes de opinión y a la opinión del público. Siguiendo este modelo, la verdad expresada, la verdad en tanto opinión bien podría ser una construcción generada a partir de las voces que más presencia tienen en la prensa: las elites y los líderes de opinión.

Sin embargo no resulta lógico a estas alturas creer en la teoría de la aguja hipodérmica. Más bien hay que pensar en la existencia de sujetos con estados y disposiciones que inciden en su percepción. No sólo hacen una exposición selectiva de los discursos de los medios sino que también la percepción es selectiva.

Sabucedo y Rodríguez analizando los efectos de los medios mencionan el experimento de Duncan (1976) en el que aparecían discutiendo un hombre blanco con otro negro hasta que uno de ellos empujaba al otro. Los evaluadores eran universitarios, todos ellos blancos.

Cuando el que daba el empujón era el sujeto negro su conducta era considerada violenta por el 70 por ciento; mientras que cuando el protagonista del empujón era el blanco sólo el 13 por ciento de los observadores la juzgaban de tal manera.

Aquí las pregunta son ¿de qué lado está el que cuenta los hechos y los defiende como verdad? ¿cómo son los estados y disposiciones que influyen en su percepción?

El camino más fácil: no creer en la existencia de la verdad

Para Saussure el punto de vista construye el objeto. Está bien; allí donde alguien ve el vaso medio lleno... bueno, esto ya se dijo y circula como verdad. Podríamos argumentar que no hay una sola verdad y que por lo tanto la existencia de múltiples verdades no aproximan a la verdad, pero no iremos por el camino menos sinuoso. En alguien hay que creer.

Erich Fromm sostiene que cuando se expresa una experiencia con las palabras “yo pienso” esa expresión parece constituir una afirmación exenta de toda ambigüedad. La única que puede surgir versa acerca de la verdad o falsedad de lo que yo pienso y sobre el hecho de si soy yo el que piensa.

En El miedo a la libertad Fromm prefiere desalentar el pensamiento que considera a la verdad como relativa y al concepto metafísico de verdad. Discute con aquellos que declaran que la verdad es algo enteramente subjetivo, casi un asunto de gustos y asegura que la búsqueda de la verdad se arraiga en los intereses y necesidades de los individuos y grupos sociales. Sin tales intereses desaparecería todo el estímulo de buscar la verdad. Siempre existen grupos cuyos intereses se ven favorecidos por la verdad y también hay otros grupos a quienes por el contrario favorece el ocultamiento de lo verdadero. Podríamos decir –concluye- que en la medida en que exista algún anhelo de verdad en los seres humanos, ese anhelo es fruto de la necesidad que se alberga en cada hombre de conocer lo verdadero.

Galeano describió a la utopía como aquello que se aleja cuando el que la persigue da un paso y se vuelve a alejar a cada paso.

Para eso sirve la utopía: para caminar.

Tal vez con la verdad ocurra lo mismo. Quizás cueste alcanzarla, pero mientras se la busca se avanza.

Ese es un desafío para los periodistas honestos, caminar hacia la verdad aun sabiendo que a cada paso dado tanto la verdad como la utopía se correrán. Ya las alcanzaremos.