Leí, días atrás, con no poco asombro, las loas y zalemas que otorgaba Jorge Basadre Ayulo al diplomático chileno Conrado Ríos Gallardo, hombre cuyos propios textos desnudan como un cínico propulsor de posturas desleales con Perú y reñidas con la limpieza que debió primar entonces, por múltiples razones, con respecto al Tratado de Lima y su Protocolo Complementario del 3 de junio de 1929 entre Perú y Chile. Supuse que la amistad habida entre su padre, Jorge Basadre Grohman y la infancia común que relata con lujo de detalles aquél, podían ser parte de la herencia de conceptos así emitida y dada a conocer en blanco y negro.

Sin embargo, en otro documento que pretende llamarse crónica, ensayo o artículo, para Basadre Ayulo, los chilenos eran fuente irrespetable, indignos de cualquier crédito y a los que reputaba como tramposos. ¿En qué quedamos con respecto a sus ilimitadas loas hacia Conrado Ríos Gallardo, chileno y partícipe del Tratado de 1929? Esta clarísima contradicción envilece cualquier atisbo de seriedad, rigurosidad historiográfica y abonan en la acreditación que los talentos no son parte de la herencia genética o intelectual. Como en este caso.

¡Peor aún! Del escrito de Basadre Ayulo se colige que el Tratado de 1929, hecho por un jefe de Estado “ilegítimo”, Augusto B. Leguía, comportó serios daños al Perú. Si esto fue así hay que hurgar en qué se basa para decir o escribir semejante afirmación. ¿Será suficiente el testimonio de su padre, quien jugaba de niño con Conrado Ríos Gallardo, y para quien la versión chilena de la historia es buena para hablar o escribir de la historia del Perú?

Curiosamente, a diferencia del tacneño, para el ex canciller de Arturo Alessandri, el León de Tarapacá, Ernesto Barros Jarpa: “El Tratado de Lima, por medio del cual el gobierno de la tiranía puso término a nuestro viejo conflicto con el Perú es política, económica y patrióticamente considerado un desastre: Políticamente. 1. Porque en el artículo primero del Protocolo Complementario se entregó al criterio del Perú una posible solución de nuestras diferencias con Bolivia al suscribir el compromiso, según el cual, sin un acuerdo previo con el Gobierno de Lima, Chile no podrá entrar en arreglos territoriales con la República del Altiplano”. No. 577, 19-8-1931, El Diario Ilustrado (Santiago de Chile), citado por Alfonso Benavides Correa en Una difícil vecindad, p. 168, Lima 1997.

Tengo la más deprimente impresión sobre la seriedad o coherencia de los escritos, o como desee llamarse a lo que hace Jorge Basadre Ayulo. No ayudan al esclarecimiento exhaustivo y prescindente de los atávicos maquillajes que protegen apellidos, líneas genéticas intocables y modernizan historias de las que hay múltiples versiones y que es el 90% de la producción “historiográfica” peruana y en cambio sí contribuyen a un confusionismo ocioso, alimentan un histerismo improductivo y denotan falta de elan y claridad para con la defensa inconcusa de los fueros de la patria. Somos irrespetuosos perennes de artificios que se basan en herencias o en apellidos. Creemos con González Prada que hay que enviar a los viejos a la tumba y los jóvenes a la obra. Las vacas sagradas sólo deben persistir en el camino ineluctable del matadero. Entonces, la historia genuina, raigal, auténtica del Perú se abrirá paso por encima de obtusos, maquilladores y engañadores miserables.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos al pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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