Es la globalización, idiota

Demasiado reduccionismo. La cuestión de fondo refiere a disputas propias de una etapa del capitalismo en la que la concentración financiera, económica y, también, comunicacional, tiene un campo de disputa que comprende a todo el globo: en la globalización parida y desarrollada por el neoliberalismo la lucha es a muerte. Y el que más tiene más quiere. Capitalismo puro y duro. Y cuanto menos intervengan los Estados para regular la voracidad de unos en desmedro de otros -las mayorias- más se crispan los nervios de los dueños del dinero, sean estos empresarios nacionales -poquísimos-, corporaciones transnacionales, magnates extranjeros, fondos de inversión. Así en el campo como en la tele, la radio, las agencias de noticias, diarios, revistas, web y demás.

La verdad es la única verdad

Sí, la verdad es la única verdad, y lo esencial que, en estos casos, es visible a los ojos, la UTPBA lo ha sintetizado en una consigna: “No hay democracia informativa sin democracia económica”. Apoyada en una verdad gritada por la inmensa mayoría de los periodistas comunicadores sociales durante décadas: la libertad de prensa termina donde empieza la libertad de empresa. Y un mundo donde las empresas mandan...

Palabras más, palabras menos

En el primer Congreso Mundial de la Comunicación, realizado en 1998, organizado por la UTPBA y auspiciado por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) y la UNESCO, al hablar de las características de la globalización señalábamos: “En esa dinámica se inscriben, entre otros, los grupos de la comunicación, telecomunicación, informática y telemática. En todos los casos se trata de actores privilegiados en materia de concentración económica y, a la par, propietarios casi exclusivos de la industria cultural y de la producción, comercialización y circulación de informaciones y mensajes, y del soporte técnico para su emisión y reproducción. Lo cual revela la existencia de una dictadura global tendiente a afianzarse frente a la impotencia de la actual democracia, asentada en el alineamiento y la dependencia de los tres poderes del Estado -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- respecto de los grupos económicos más concentrados” (UTPBA, 1998).

Palabras más, palabras menos, he ahí la cuestión. Por eso no es saludable hacer reduccionismo y mucho menos preguntar -como si jugáramos al Martín Pescador- si se está con Clarín o con Cristina, con el Campo o el Gobierno.

Como si en los casos citados se tratara de personas, entes y organizaciones, sin alianzas -locales e internacionales-, sin más intereses que los que aparecen en la superficie. Y, encima, limitados a la libertad de prensa y expresión, ambas elevadas a la categoría de un bien supremo en la esfera de lo abstracto, sin relaciones de poder en el medio, sin ricos ni pobres (ANC-UTPBA)