La estrategia del imperialismo y la reacción

No puede existir la riqueza, su acumulación y concentración sin la explotación de la plusvalía generada por miles de millones de trabajadores de todos los países de la tierra. Esto se sintetiza en un hecho concreto: la riqueza de los monopolios y de los países imperialistas es fruto de la esclavitud asalariada, de la explotación y opresión de los trabajadores por parte de la clase de los capitalistas, en escala internacional y nacional; del sometimiento económico y el saqueo de los recursos naturales y las materias primas de los países dependientes por parte de los monopolios internacionales y los países imperialistas. Asimismo, pese a todas las proclamas de que ha estallado la paz, los capitalistas y los estados a su servicio continúan ejerciendo, por todos los medios, la violencia que les permita el sometimiento de los trabajadores y los pueblos. Se refuerza una legislación coercitiva que penaliza la organización y protesta sindical, se restringe el derecho de huelga; se “crea” el “eje del mal”, se estigmatiza como terrorismo toda protesta social, toda lucha nacional; se “crea” el enemigo de todos, “el terrorismo” que se ha de perseguir en todos los sitios y oportunidades, utilizando todos los recursos y medios, legales e ilegales; se revive “la guerra preventiva” y se asume el atributo de ejercerla dondequiera y contra quienquiera si se trata de combatir el “terrorismo”. Simultáneamente se califica de terrorista toda intención y acción contra la dominación y expoliación de los amos del mundo, principalmente de los EE.UU. Más allá de estas concepciones, los imperialistas y sus sirvientes, las burguesías criollas continúan la guerra contra los trabajadores y los pueblos: acosan, persiguen, encarcelan, torturan y asesinan a los luchadores populares; en algunos lugares y circunstancias practican impunemente –hasta ahora- el genocidio. Estas políticas de la patronal y la reacción, de los imperialistas y los gobiernos capitalistas expresan además de la decisión de preservar sus intereses y privilegios, el temor de perderlos. Se dirigen a sofocar la lucha de los trabajadores en todos los países del mundo, de los pueblos oprimidos de los países dependientes. Esto porqué los trabajadores y los pueblos, los demócratas y patriotas, los revolucionarios y los comunistas persistimos en la lucha contra el capital y la dependencia. Esto, porqué la clase obrera está recuperando su papel de fuerza consecuente en la lucha por la democracia y contra la explotación, porqué los campesinos arrecian sus combates contra la opresión y el discrimen, por la libertad y el progreso, porqué la juventud se expresa combativamente por la soberanía nacional, contra la guerra imperialista, por los derechos humanos, por la conservación del ambiente. En definitiva, porque la paz social del capitalismo, está entendida como la supremacía de la desigualdad social, la discriminación cultural y de género, como la afirmación de la dependencia de los países y los pueblos. Porque esa situación no es eterna, puede cambiar y está cambiando. Los trabajadores y los pueblos en la lucha por la liberación social y nacional

En América Latina se está produciendo un ascenso de la lucha social, de la acción de los trabajadores del campo y de la ciudad, de la juventud y la intelectualidad progresista, de los pueblos por la democracia y la libertad, contra la dominación imperialista norteamericana. En todos los países de América Latina y el Caribe se generan nuevos niveles de confrontación. Esta situación se desarrolla de diversas maneras, utilizando todas las formas de lucha y se desenvuelve en distintos niveles, en los diferentes países. La clase obrera reconquista el protagonismo social y político, las huelgas de los trabajadores por sus derechos tienen lugar en todos los países, el campesinado, los Sin Tierra, lo cocaleros, los campesinos pobres de Centro América, los desocupados, los sin casa, los informales, los maestros, la juventud, la intelectualidad progresista, los pueblos indígenas y los afro descendientes, forman un contingente social que se enfrenta por sus propios intereses y derechos y extiende sus preocupaciones a la lucha política, a la oposición al neoliberalismo, a los reajustes y paquetazos, a los gobiernos corruptos y antidemocráticos, los echa abajo en Ecuador, Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia; en América Central, el Caribe y México se desarrolla a nuevos niveles la lucha social y antiimperialista; participan en procesos electorales conformando. junto a la izquierda, vigorosos frentes electorales que han dado lugar a gobiernos democráticos y patrióticos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, a gobiernos progresistas en Nicaragua, Brasil, Uruguay; a presidentes que cuestionan el dominio norteamericano en Argentina y Chile; a la conformación de frentes electorales que avanzaron significativamente en Colombia y ganaron las elecciones en México, donde fueron burlados por el fraude. La lucha armada revolucionaria ha sido empuñada por los revolucionarios de manera intermitente en todos los países de América Latina desde la segunda mitad del siglo XX. En esa dirección, los revolucionarios conquistaron el poder en Cuba en 1959 y en Nicaragua en 1979; varios procesos revolucionarios, guerrilla rural, guerrilla urbana, alzamientos militares fueron derrotados política y militarmente por el imperialismo yanqui y los gobiernos títeres; en Colombia, desde 1948 varios grupos y tendencias de revolucionarios consecuentes, empuñaron las armas y han desarrollado de manera intermitente pero sostenida, una confrontación armada contra los terratenientes y capitalistas, contra los diversos gobiernos de turno y contra la intromisión directa, económica, política y militar de los imperialistas norteamericanos. Todas las clases sociales trabajadoras luchan por sus derechos y los van reconquistando, dejando de lado las políticas neoliberales impuestas por los imperialistas norteamericanos los últimos treinta años. Las enseñanzas leninistas respecto de que es posible derrotar al imperialismo –coloso con pies de barro-, rompiendo, por parte del proletariado y el pueblo, la cadena de dominación por donde se localiza el eslabón más débil se demuestran evidentemente en la historia reciente de América Latina. Están también presentes en la actual situación del Subcontinente. El desarrollo de la conciencia antiimperialista de los pueblos latinoamericanos, la comprensión de que la causa de sus males y penurias, de su situación de atraso y dependencia son responsabilidad de los monopolios y el gobierno norteamericanos torna muy difícil la acción intervencionista directa de los yanquis en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, le impide incorporar a todos los gobiernos en torno a sus políticas e intereses. Lo que afirmamos no quiere decir que EE.UU. esté resignado a la situación, de ninguna manera. Significa que utiliza otras diversas formas de intervención, principalmente, utiliza a sus propios sirvientes, a los reaccionarios internos en cada país.

La lucha armada revolucionaria continúa vigente Respecto de la lucha armada revolucionaria que se libra en Colombia por parte de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), el ELN (Ejercito de Liberación Nacional), el EPL (Ejército Popular de Liberación) y otras fuerzas revolucionarias, que son por el momento las principales expresiones de esa forma de lucha en América Latina; los imperialistas norteamericanos han intervenido directamente desde hace mucho tiempo, siempre desde luego sin resultados. Las visicitudes de las fuerzas insurgentes colombianas les han permitido importantes y significativas victorias políticas y militares; también derrotas significativas, de carácter parcial. En todo caso no les ha sido posible a la burguesía colombiana y a los imperialistas yanquis derrotarlos; están presentes y a pesar de todo, avanzando. En Colombia continúa la guerra revolucionaria entre los trabajadores, los pueblos y los revolucionarios de un lado y, la burguesía, los reaccionarios y el imperialismo de otro. Esa guerra es un hecho incontestable. De entre las fuerzas insurgentes destacan por su número, su poder y accionar las FARC; debido a las posiciones políticas y militares alcanzadas, han sido reconocidas, por parte de algunos países, instituciones, partidos, organizaciones sociales y personalidades con el estatus de fuerza beligerante. En 1983-85 el gobierno colombiano reconoció también esa circunstancia y firmó una tregua por separado con las FARC, el ELN y el EPL. En 1998-2002 otra vez, el gobierno de Colombia otorgó el estatus de fuerza beligerante a las FARC y estableció una zona despejada de las ff.aa. y policía para la realización de negociaciones, San Vicente de Caguán. Al tiempo que perseveran en la lucha armada revolucionaria los insurgentes colombianos han insistido por separado y en unidad de opinión en la necesidad de una salida política al conflicto.

La violencia contrarrevolucionaria

Las ideas y los hechos que reseñamos brevemente demuestran la existencia en América Latina de algunos eslabones débiles de la cadena de dominación del imperialismo: Venezuela, Colombia, Ecuador; Bolivia; entre otros. Por otro lado dejan claro que los EE.UU. acuden y utilizaran todos los medios por preservar su dominación, por mantener en “paz” y sometido a su “patio trasero”. En las décadas de los 60-70 intervinieron directamente en Chile, derrocaron el gobierno de la Unidad Popular y asesinaron al Presidente Salvador Allende. Impulsaron el Plan Cóndor a través del cual asesinaron a centenares de revolucionarios y dirigentes sindicales, estudiantiles y populares; impusieron las dictaduras fascistas de Brasil, Uruguay, Argentina y Chile. En los años 80 del siglo XX impulsaron en América Central lo que denominaron “guerra de baja intensidad” a través de la cual intervinieron abiertamente en el Salvador, Guatemala, Nicaragua y otros países. En los 90 a pesar de sus proclamas por la democracia y de oposición a las dictaduras militares volvieron a aplicar “la guerra de baja intensidad” en el Perú, impusieron la dictadura de Fujimori y desataron una guerra sucia y algunos episodios genocidas contra Sendero Luminoso y el MRTA, los derrotaron pero no los aniquilaron.

El Plan Colombia

Para sofocar la lucha revolucionaria colombiana y más adelante para prevenirla y si es del caso contrarrestarla en los países vecinos en los años 1990 idearon y pusieron en práctica el denominado Plan Colombia, que luego se extendió a la Iniciativa Regional Andina (IRA), en el 2002, el Plan Colombia II Fase, el Plan Patriota en los últimos años. La guerra contrarrevolucionaria desatada por los imperialistas y los gobiernos colombianos les ha exigido constituir el ejército más numeroso y mejor armado de América Latina, conformado actualmente solo por profesionales; instalar bases militares del ejército norteamericano, someter a las fuerzas armadas y policía al mando de oficiales norteamericanos; realizar un gasto militar que crece constantemente, constituyendo en 2007 el 6.32% del PIB y sumando más que todo el gasto de educación, salud y saneamiento ambiental. Constituir una fuerza paramilitar de varias decenas de miles de mercenarios, entrenados por las FF.AA., por oficiales y agentes norteamericanos e israelitas; impulsar a través de ellas y por parte de las fuerzas armadas y la policía una desalmada guerra sucia que cobró la vida de decenas de miles de hombres y mujeres del pueblo, de trabajadores y campesinos ( el Washington Post denunció como el ejército colombiano asesinaba campesinos para mostrarlos como guerrilleros abatidos), que abatió bajo las balas asesinas a miles de sindicalistas, a cientos de periodistas y políticos de las más diversas tendencias. Imponer políticas de terror y disuasión a la población civil. Disponer el rompimiento unilateral de la tregua en los años 80 y la situación de San Vicente de Caguán en 2002. El Plan Colombia se planteó como una estrategia para erradicar el cultivo y el procesamiento de drogas, el control del narcotráfico, a sabiendas que el principal responsable de esa situación es el gran consumo de drogas en los propios EE.UU. La imposición de la Base Militar Norteamericana de Manta en el Ecuador se justificó también con el propósito de combatir el narcotráfico. En ese supuesto propósito se han utilizado hasta ahora más de 7.000 millones de dólares. Y los resultados no pueden ser peores. Según Mark Schneider, Vicepresidente del Internacional Crisis Group, el Plan Colombia es un fracaso. “No redujo los cultivos, no bajó la producción, ni detiene la venta en los mercados. En 1999 se cultivaba hoja de coca en 9 Departamentos colombianos, las fumigaciones han esparcido las siembras a 23 departamentos”. En el 2002 se desenmascaró oficialmente por parte de los propios EE.UU. y el gobierno de Colombia el carácter militar, contrainsurgente del Plan Colombia, de la estrategia del IRA que proyectaba la regionalización del conflicto. Incluso se llegó a proponer la constitución de un ejército continental para sofocar la guerrilla colombiana y otras manifestaciones de insurgencia de esa naturaleza que surgieran eventualmente en otros países del Continente. Todas las políticas y las acciones de la contrarrevolución colombiana a pesar de la magnitud militar, tecnológica y económica no han permitido derrotar a la insurgencia, le ha ocasionado golpes militares y políticos, ha significado el desarme y la inserción en la sociedad burguesa de algunas formaciones guerrilleras como el M-19, el Quintín Lame y una parte del EPL y del ELN. Pero, de ninguna manera han podido derrotar a las diversas fuerzas guerrilleras. En el pasado mediato las FARC crecieron en el número de combatientes, incidieron en importante medida en el acontecer político colombiano, asestaron serios golpes a las fuerzas represivas y a los paramilitares. Se constituyeron en el símbolo de la lucha armada revolucionaria. Desde hace tres o cuatro años el Plan Colombia se extendió al denominado Plan Patriota que pretendía cercar y aniquilar a la dirigencia militar de las fuerzas guerrilleras, especialmente de las FARC. En ese propósito se implementaron recursos técnicos y tecnológicos de punta, se impulso la política de convertir a la población civil en informante a través del ofrecimiento de recompensas, se intensificó la penetración de infiltrados en las filas insurgentes, se aprovechó intensamente las debilidades ideológicas y políticas de los desertores, se potenció a magnitudes sin precedentes una campaña mediática a nivel mundial, sobre el supuesto carácter terrorista y criminal de las FARC. Se extendieron los tentáculos de las fuerzas policiales y militares colombianas fuera de su territorio, a los países vecinos, principalmente. Sin ninguna reserva y contando con elementos reaccionarios de las fuerzas armadas y la policía de Venezuela y Ecuador; se capturó en Caracas a Rodrigo Granda y en Quito a Simón Trinidad. En estos eventos se pueden evidenciar elementos de la guerra preventiva o de cuarta generación que impulsan EE.UU. y el gobierno de Colombia.

El canje humanitario

En los últimos meses la iniciativa de las FARC, propuesta desde hace algunos años, del intercambio humanitario de prisioneros de guerra y retenidos por la libertad de luchadores populares y sindicalistas, por guerrilleros prisioneros en las cárceles de Colombia registro importantes resultados, que tuvieron trascendencia en la opinión pública de Colombia e escala internacional. La liberación, por iniciativa unilateral de las FARC de varias personas retenidas arrinconó y aisló políticamente al gobierno de Uribe. Este acontecimiento en el que participara además el Presidente Chávez se transformó en un triunfo político de las FARC. En el proceso de canje humanitario están interesados los familiares de los retenidos y prisioneros de guerra, la opinión pública democrática, la gran mayoría de gobiernos latinoamericanos, incluso el gobierno de Francia y otros de Europa. Estos acontecimientos amenazaban la valoración política del gobierno de Uribe, lo desenmascaraban como belicista y enemigo de la paz y particularmente de la liberación de los retenidos, le restaban capital político en Colombia, América Latina y el mundo. Lo habían hecho perder la iniciativa.

La escalada militar reaccionaria

Los reaccionarios y fascistas son capaces de responder con todas las armas, sin importar las consecuencias. Y así fueron, en estas condiciones, las políticas y las acciones de la administración Bush y de Uribe. El Plan Colombia, el Plan Patriota debían expandirse fuera del país, debían involucrar a otros estados, de manera principal a los gobiernos democráticos de Chávez y Correa; debían ganar para sus políticas reaccionarias a otros gobiernos latinoamericanos, debían asestar golpes militares contundentes a las fuerzas guerrilleras, principalmente a las FARC. Se promocionó la política de “la persecución en caliente” a los terroristas en donde quiera que se encuentren o por donde quiera que marchen. Se comenzó hablar, al igual que Bush, cuando invadiera Irak de la “guerra preventiva”. Se acuñó la estrategia de guerra de cuarta generación. Simultáneamente se diseñaron los planes militares, la utilización de todos los recursos, la traición y los infiltrados; el uso de los más sofisticados recursos técnicos y tecnológicos, aviones, bombas, misiles; la activación de las Bases Militares de Manta en el Ecuador y de Tres Esquinas en Colombia; la participación de oficiales norteamericanos, de tropas de elite colombianas y la colaboración de sectores de la oficialidad de las Fuerzas Armadas del Ecuador y de la policía. Se organizó un operativo militar en territorio ecuatoriano, sin importar que se violara flagrantemente la soberanía de un país. No hubo persecución en caliente como lo anunciara Uribe al Presidente Correa en su primera comunicación. Se trató de un plan militar en el que participaron oficiales y aviones norteamericanos, se utilizó para ello armas y naves que no cuenta el ejército colombiano. Se identificó el sitio exacto del campamento guerrillero a través de delatores y de señales electrónicas colocadas en su seno. Se procedió a bombardear el campamento desde el Sur con el propósito de dirigirse a Colombia en su marcha posterior al bombardeo y no adentrarse más en territorio ecuatoriano. Luego del impacto del misil y del bombardeo se produjo el desembarco de fuerzas aéreo transportadas y el remate a mansalva de los sobrevivientes. Se produjo una masacre en la que murió el Comandante Raúl Reyes del Secretariado Nacional de las FARC. Raúl Reyes fue un revolucionario convencido y consecuente. Desde muy joven se involucró en la lucha social y sindical; se incorporó a las FARC; gracias a sus méritos y sus actividades ascendió rápidamente a altas responsabilidades políticas y militares. En San Vicente de Caguán se hizo pública su presencia en la dirección política, en la gestión diplomática de cara a diversas fuerzas sociales y políticas, frente a gobiernos y estados de América Latina y Europa. Un líder revolucionario que concensuaba la confianza de la fuerza insurgente y de buena parte de los trabajadores y el pueblo de Colombia. En la última etapa era el responsable de la política de canje humanitario de los rehenes y se encontraba negociando la continuación de ese proceso cuando lo sorprendió su asesinato por parte de las fuerzas represivas de Colombia. Los hechos ocurridos en Angostura, sitio selvático, en el Ecuador y en el que estaba ubicado el campamento del Comandante Reyes fueron una provocación fríamente planificada por el Pentágono y Uribe. A sabiendas que se violentaba la soberanía ecuatoriana se ordenó la ejecución del plan. ¿Cuál era el propósito? Precisamente, internacionalizar el conflicto colombiano, involucrar a los gobiernos y los países en el Plan Colombia. Aspiraban que el gobierno del Ecuador protestara en los marcos diplomáticos, se contentara con una explicación y el gobierno de Uribe se posesionara en escala internacional como firme y consecuente en el combate al terrorismo, como referente que contribuya a cambiar la correlación de fuerzas entre los gobiernos latinoamericanos respecto de los EE.UU. La primera razón era de carácter político y militar, asestar un golpe duro a las FARC, a su cabeza dirigente, demostrar que la invulnerabilidad de las FARC era falsa, insuflar de moral a las FF.AA. colombianas que estaban de bajada. La segunda razón era la señalada antes, internacionalizar el conflicto. Es pertinente preguntarse ¿Por qué, si se contaba con inteligencia que les permitía ubicar a Reyes no se procedió a ejecutar el operativo en Colombia?

Las posturas patriotas del Ecuador y el gobierno de Correa

La respuesta del Ecuador, de su gobierno y de la gran mayoría de sus pueblos fue distinta a la esperada por EE.UU. y Uribe. Una ola de indignación recorrió por todos los rincones del país, no se podía tolerar la violación de la soberanía nacional, no se debía permitir los abusos de las fuerzas represivas colombianas. Se debía condenar la masacre y exigir la condena de Colombia en el marco de la OEA. Rafael Correa se sintonizó consecuentemente con las opiniones y los deseos de los pueblos y mantuvo una justa y firme posesión de defensa de la soberanía nacional. Gestionó personalmente el apoyo de varios países y gobiernos de América Latina, demandó garantías de que esos atropellos no vuelvan a ocurrir. El gobierno ecuatoriano alcanzo la solidaridad internacional y obtuvo una brillante victoria, primero en el Grupo de Río y luego en la propia OEA. En estos acontecimientos jugaron un rol destacado, el Presidente Chávez de Venezuela, y Ortega de Nicaragua. Solamente Bush expresó su apoyo incondicional a Uribe. Este fue obligado a dar explicaciones, pedir excusas y aseverar que esos hechos no volverían a suceder; luego de haber señalado, emulando a su patrón Bush, que perseguiría a los terroristas a donde quiera que fueran. Los trabajadores y los pueblos del Ecuador, la juventud expresaron su rechazo combativo a la violación de la soberanía, a la masacre perpetrada por Uribe; se solidarizaron con las FARC y sintieron hondo la muerte del Comandante Raúl Reyes. En varias ciudades del país se produjeron manifestaciones contra los EE.UU. y Uribe, haciendo causa común con el Presidente Correa. El PCMLE se involucró activamente en estos hechos. La gran mayoría de los ecuatorianos respaldamos al Presidente Correa, incluso sectores conservadores y representantes de los partidos de derecha. Era evidente que no podían desenmascararse como apoyadores de la violación de la soberanía, preservaban su nombre de “representantes del pueblo”.

La contraofensiva reaccionaria en el Ecuador

Bien pronto una buena parte de esos sectores, de las cámaras y de los partidos de derecha, están esgrimiendo otra política. Pretenden que la soberanía nacional también fue violada por las FARC, un sinnúmero de veces; pregonan que las FARC son secuestradores, asesinos y que por tanto el gobierno del Ecuador debe sumarse al calificativo definido por EE.UU. y Uribe respecto de enlistar a las FARC en el registro de terroristas. Existe una profusa campaña mediática en ese sentido y aún cuando es burda y no convincente, no deja de confundir a apreciables sectores de la población. Según esa campaña las fuerzas guerrilleras colombianas y de manera principal las FARC son una organización de criminales, de secuestradores y terroristas; constituirían el cartel de la droga más poderoso. No son revolucionarios, dejaron de serlo hace mucho tiempo, se convirtieron en “narcoterroristas”. Violan frecuentemente la soberanía nacional, han convertido el país en su santuario. El gobierno de Correa estaría estrechamente vinculado con ellas. Intervienen abiertamente en la política del Ecuador. La principal inculpación es que son secuestradores de civiles que nada tienen que ver con la guerra. En alguna medida esa campaña anti FARC está teniendo resultados; entre la opinión pública democrática se escuchan voces que hacen el coro a esas calumnias, posiciones de temor a ser involucrados como amigos de una organización de esa naturaleza. Inclusive entre algunos sectores de izquierda aparecen posiciones escurridizas que demarcan límites con el terrorismo y los secuestradores. No nos preocupan tanto las posturas de esas personas u organizaciones; si nos llama la atención el impacto que pudiera tener esa campaña entre los sectores populares, entre las organizaciones sociales, entre los sindicatos y los sindicalistas.

Las cosas por su nombre

Frente a esa campaña del imperialismo, de Uribe y de los reaccionarios ecuatorianos es preciso tener en cuenta los siguientes elementos: 1.- En Colombia existe una guerra revolucionaria desde hace casi sesenta años. Nadie que tenga ojos y oídos lo puede desconocer. 2.- Esa guerra y los guerrilleros insurgentes que la libran no han podido ser derrotados pese a los inmensos recursos económicos, políticos y militares desplegados por los diversos gobiernos capitalistas, a pesar del gran apoyo, de todo orden, prestado por los EE.UU. 3.- Esa guerra de guerrillas ha atravesado por diversas etapas y estadios. En algunas oportunidades los irregulares han sufrido derrotas parciales significativas. En otros momentos han asestado duros golpes a las fuerzas represivas. En todo caso varias decenas de miles de campesinos, de obreros y de jóvenes se enrolan en las fuerzas guerrilleras en el propósito de alcanzar la liberación social y nacional. 4.- Las fuerzas revolucionarias alzadas en armas han señalado repetidas veces su voluntad de encontrar una salida política al conflicto que desangra al país. Las FARC, al igual que el EPL y el ELN se propusieron participar activamente en el proceso social y político colombiano; constituyeron la Unión Patriótica, el Frente Popular y A Luchar. 5.- Los gobiernos de turno, uno más que otro, han ensayado todo tipo de políticas en la pretensión de derrotar a los insurgentes: i. Combate militar frontal. ii. Organización de las fuerzas paramilitares. iii. Propuestas de desarme e inclusión económica y social. iv. Guerra sucia que cobrara la vida de más de 10.000 personas. iv. Penetración de infiltrados y compra de desertores y cobardes, v. Intentos sostenidos por internacionalizar el conflicto. 6.- Las fuerzas represivas y el gobierno tienen apresados a más de 6.000 combatientes guerrilleros, dirigentes populares y sindicales, hombres y mujeres del pueblo acusados de colaborar con la guerrilla. En las cárceles colombianas es recurrente la tortura y el asesinato. 7.- En una situación de guerra, que en algunos momentos ha tenido expresiones de guerra civil, es lógico y correspondiente que las fuerzas irregulares, entre ellas las FARC tomen prisioneros en el curso de los enfrentamientos. Una buena parte de las 700 personas en poder de las FARC contra su voluntad, son soldados y policías, oficiales y mandos de diverso nivel. Otra parte corresponde a colaboradores e informantes de las fuerzas represivas y el gobierno. Otro segmento forma parte de un grupo de políticos reaccionarios que agraden permanentemente a la guerrilla y que incluso penetran en los territorios de guerra, es el caso muy comentado de la ex candidata presidencial Ingrid Betancur. Otro grupo está integrado por capitalistas y hacendados que hicieron convenios de pagar impuestos a la guerrilla y que los incumplen, están purgando su violación de los acuerdos. 8.- En poder de las FARC y de las otras fuerzas guerrilleras no se torturan a los prisioneros y detenidos. Estos llevan la misma vida que transcurren los guerrilleros, jefes y combatientes. Duermen a cielo abierto, en hamacas; tienen la misma alimentación; caminan y se trasladan como lo hacen los guerrilleros, cargando sus pertenencias. Cuando viene la noche son atados a los árboles puesto que las FARC no disponen de calabozos. Es decir todos ellos reciben un trato humanitario que contrasta con las torturas psicológicas y físicas a las que son sometidos los revolucionarios prisioneros en las cárceles uribistas. Esto que acabamos de describir desmiente las falacias imperialistas y reaccionarias de que las guerrillas colombianas son terroristas, secuestradoras. Establece que en el desarrollo de una guerra debe implementarse el trato humanitario refrendado en la Carta de la ONU. Por tanto es legítimo, necesario y posible el canje humanitario planteado por las FARC y reclamado por los familiares de los retenidos, por los sectores de la opinión democrática de Colombia, por los pueblos de América Latina, por varios de sus gobiernos e incluso por parte de Sarkozi, Presidente de Francia.

La guerra preventiva se extiende fuera de Colombia Evidentemente, la agresión militar al Ecuador hace parte del arsenal imperialista de la guerra preventiva; debe combatirse el terrorismo donde quiera que se encuentre, debe eliminarse a los “terroristas” a como de lugar, debe interrumpirse o cortar las posibilidades del desarrollo de la guerra revolucionaria, debe incluirse – imponerse si fuera necesario- la incorporación de otros estados y gobiernos, debe eliminarse oportunamente las células terroristas, el “eje del mal”, deben derrocarse los gobiernos que no son incondicionales a la política imperialista. La lógica de los imperialistas y la reacción es imponer sus intereses por la fuerza y refrendarlos por la vía diplomática, es someter a sus rivales por la coerción o la conveniencia, es perseguir a los enemigos de la propiedad privada y de la civilización, es estigmatizarlos y condenarlos, es exterminar físicamente a sus adversarios. Esa lógica es legítima, es la disposición divina que colocara a los EE.UU. como el amo del mundo, como la cabeza del imperio de mil años. La lógica de los trabajadores y los pueblos, la consecuencia de los revolucionarios es luchar y luchar sin desmayo para derrotar la dominación y explotación capitalista imperialista, es unir a los trabajadores y los pueblos para construir una nueva sociedad, un mundo para la humanidad. La lógica imperialista se impone por la violencia revolucionaria y por eso es transitoria y vulnerable. La lógica de los pueblos se abre paso con la razón y la fuerza de los de abajo, con la violencia revolucionaria y por eso es justa y alcanzará la victoria.

Los resultados de la aventura militar uribista

Los resultados de la aplicación de la guerra preventiva por parte del imperialismo norteamericano y el gobierno de Uribe que pretendiera asestar un golpe contundente a las FARC, debilitar el gobierno democrático y patriótico de Corres, desestabilizar al gobierno antiimperialista norteamericano de Chávez e internacionalizar el Plan Colombia para involucrar en él a otros países de América Latina, no dieron los réditos políticos esperados. Efectivamente, Uribe asestó un importante golpe a la dirección de las FARC, pero ni mucho menos, las derrotó. Los revolucionarios resintieron la ofensiva y están analizando y reflexionando sobre como continuar la guerra revolucionaria. Es claro también que Uribe amplio su aceptación entre los colombianos y piensa en una tercera reelección, amparándose en las encuestas. Pero, es cierto también que una parte de la opinión pública colombiana empieza a cuestionar la estrategia y los medios, sobre todo está exigiendo se lleve adelante el canje humanitario. Más allá de Colombia, en el Ecuador la Tendencia de Cambio se afirma y desarrolla, el Presidente Correa, con sus posiciones consecuentes recibió el espaldarazo de millones de ecuatorianos. Cosa similar ocurre con la acción activa y solidaria del Presidente Chávez que le valió el reconocimiento en su país y en la opinión pública latinoamericana. La mayoría de los gobiernos de América Latina se expresaron a favor del Ecuador y rechazaron la violación de su soberanía por parte de las fuerzas militares uribistas. En el concierto de la OEA, el único Presidente que respaldó sin condiciones las acciones de Uribe, fue Bush. Esto quiere decir que los objetivos de internacionalizar el conflicto, de alcanzar la colaboración para el Plan Colombia y para su política represiva no fueron alcanzados por el presidente colombiano. En el Ecuador, las secuelas de la agresión a su soberanía, están demarcando posiciones. En un lado la gran mayoría de ecuatorianos, de trabajadores de la ciudad y el campo, las nacionalidades indígenas y el pueblo negro, las fuerzas democráticas, progresistas, de izquierda y revolucionarias afirmando las posturas de defensa de la soberanía nacional, de no intervención en los asuntos internos de los estados. En el otro lado las fuerzas reaccionarias, la partidocracia, oficiales de las FFAA y la policía reclutados por la CIA y la derecha, pugnando porque el país el gobierno condene a las FARC, las califique de terroristas. Esa confrontación viene de lejos y no se resolverá sino con la eliminación de los privilegios y los privilegiados. Ahora es en torno a este problema; antes, ahora y después será respecto del rumbo que debe seguir el país.

En Colombia, la lucha continúa

La guerra revolucionaria que se libra en Colombia es una cuestión que deben resolverla los colombianos. Los sectores avanzados de los pueblos de América Latina y el Ecuador al expresar su simpatía y solidaridad con la causa de los revolucionarios colombianos hacen uso de su conciencia y voluntad, pero de ninguna manera se entrometen en la resolución de ese proceso. Los diferentes gobiernos de América Latina han actuado indistintamente, la mayoría no ha seguido el bastón de mando de Uribe y no han calificado a las FARC como terroristas. Efectivamente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia han resentido un duro golpe a sus filas. La muerte de los Comandantes Raúl Reyes e Iván Ríos afectan significativamente. Se trata de dos compañeros muy consecuentes y capaces, de dos dirigentes probados. Los compañeros de las FARC sabrán convertir “el dolor en fuerza” y continuarán la lucha hasta la victoria. No es sencillo reemplazar Jefes de esa talla, pero no es imposible; en las filas insurgentes hay cientos, miles de combatientes que harán méritos y llenarán esos y otros vacíos. La causa de los revolucionarios colombianos es la causa de los comunistas marxista leninistas del Ecuador, estamos unidos en las mismas trincheras, en el combate al imperialismo y la burguesía, en la persecución de la revolución social, del poder popular y el socialismo.

Ecuador, abril de 2008