Conocido sobre todo gracias al documental Estrellas –tuvo un destacado papel también en El resultado del amor, de Eliseo Subiela–, Arrieta habla de su grupo: “Trabajamos más que nada en teatro callejero, y el boca a boca nos llevó a que nos conociera Javier Torre y a colocar 60 chicos en su película Las tumbas”. Luego, llegaron filmes como Después de la tormenta, de Tristán Bauer, y experiencias como la de la miniserie Tumberos: los 80 actores que rodaron en la ex cárcel de Caseros tuvieron dificultades para cobrar, ante la indiferencia del sindicato de extras.

“El grupo de teatro tiene como objetivo mejorar la calidad de vida a mucha gente en la villa”, cuenta Arrieta a Acción. “Claro que no todos los villeros quieren hacerlo ni están capacitados, ni esto tampoco es una fábrica de actores”. De lo que se trata es de “mejorar un poco la dicción y afianzar la personalidad de los jóvenes para que puedan expresarse y conseguir trabajo”.

“Mi intención es poder prepararnos entre todos para hacer un trabajo digno y que pasemos de personificar guardaespaldas o patovicas o ladrones a incorporarnos en papeles donde podamos hablar y hacer cosas más importantes.” ¿El método? “Leemos un libreto, lo preparamos y lo hacemos. Yo no me creo un mesiánico, pero por qué no intentar que de la villa salga un profesor de teatro, o un Alfredo Alcón o una Norma Aleandro...”

Portación de cara

Quienes hacen cine o TV suelen pedirle “cien, doscientas o trescientas personas” y su trabajo es buscar los tipos adecuados “y tratar de hacer un puente entre el equipo de producción y los actores. La gente necesita que le den trabajo, que confíen en ellos y los dejen hacer de actores, y la gente de cine necesita locaciones y personas que ofrezcan portación de cara”. Su intención, precisa, “no es comprarme el Mercedes ni una casaquinta en Pilar; lo hago porque me gusta. Ya soy una persona grande y sé que viene un montón de gente detrás mío a la que hay que abrirle la puerta de la profesión”. Lo que no le impide considerar que, “si esto fuera Hollywood, yo tendría mucha plata con los libretos que escribí”.

Ahora su objetivo es terminar El nexo, una película de extraterrestres dirigida por Sebastián Antico. “Hay que pasarla a 35 milímetros para que pueda entrar en los cines, lo que no sé si se podrá hacer este año” (…). “La filmamos en cooperativa y todavía no cobramos nada; pero vamos a cobrar cuando el Incaa dé el subsidio”. A largo plazo, otro proyecto es hacer una telenovela en la villa: “¿Acaso los villeros no tienen amor? ¿Son todos promiscuos? ¿Cómo comen? ¿Qué se dicen? El cartonero que junta cosas en la calle, ¿se sienta a la mesa a comer con las manos sucias o primero se baña?”.

¿Y la famosa inseguridad? Cuando la gente de Canal 9 quiso saber si poseía armas, Arrieta les dijo que no. “Lo que hago cuando hay una filmación es contratar a cuatro o cinco muchachos, que no son hampones, para mantener las cosas en su sitio.” Es que “si la gente de la villa tiene trabajo, ella misma se preocupa por cuidarlo”. Hay, en esta profesionalidad, una suerte de filosofía muy pensada: “Me parece que alguien tiene que hacer algo, y si me toca a mí lo voy a hacer. Creo que ni el teatro ni el cine ni la TV le van a solucionar la vida a la gente de la villa, no van a llegar al cielo. Pero el infierno ya lo conocen” (ANC-UTPBA).

(*) Nota publicada en la revista Acción 1001, primera quincena de Mayo de 2007.