La realización de la conferencia de seguimiento de la ONU contra el racismo (conocida como «Durban II» parece bastante difícil. Israel, Estados Unidos y Canadá están boicoteando las reuniones preparatorias y parecen decididos a boicotear la propia conferencia.

Francia creó una secretaría de Derechos Humanos que se dedica principalmente, aunque lejos de las cámaras, a sabotear el encuentro. Ante tales presiones, Sudáfrica renunció el 29 de abril a ser sede de la conferencia. También desistió el Grupo de Estados africanos de la ONU. Ante la posibilidad que el encuentro se desarrolle finalmente en Ginebra, en París o en Viena, el movimiento sionista abriga la esperanza de poder influir en su organización.

En 2001, la mayoría de los Estados miembros de la ONU trató en Durban de reafirmar que «el sionismo es una forma de racismo y de discriminación racial». En 1975 una resolución en ese sentido se aprobó en la Asamblea Général, pero fue abrogada en 1991 para estimular al régimen de Tel Aviv, inmerso por aquel entonces en el efímero proceso de Madrid.