El triunfo electoral alcanzado por el ex –obispo Fernando Lugo en Paraguay, el pasado 20 de abril, constituye un claro y contundente golpe a las fuerzas derechistas de ese país, donde el Partido Colorado gobernó por 61 años, el partido derechista que más años ha durado en el poder y que impuso desde la dictadura Stroessner una política represiva y corrupta, que ha llevado a ese país y al pueblo paraguayo a una gran dependencia, crisis y pobreza.

Es evidente que el triunfo presidencial de Fernando Lugo, quien logró una amplia alianza que va desde sectores marxistas y de izquierda hasta sectores liberales socialdemócratas y derechistas, tiene un gran reto para uno de los países más pobres y desiguales del continente.

El Paraguay que hereda Fernando Lugo es el segundo país más pobre de Sudamérica, su economía está basada principalmente en la agro ganadería, el comercio y los servicios, su sector industrial es poco desarrollado. Sus exportaciones proceden principalmente de la actividad agroganadera: soja, carne bovina, maíz, alimentos para animales, aceites vegetales; en cambio, importa la totalidad de bienes industriales como máquinas, aparatos eléctricos, vehículos, productos químicos, importa el 100% del petróleo que consume. En el 2006 las exportaciones de bienes totalizaron US$ 1 096 millones, mientras las importaciones alcanzaron US$ 5 285 millones.

Una buena parte de la población trabaja en el pequeño comercio y la pequeña producción, y de la actividad agrícola apenas es de subsistencia. El 68% de la población ocupada depende de las pequeñas y medianas empresas. Las grandes empresas puúblicas de comunicaciones, electricidad, agua, cemento, refinería y distribución de combustibles se han mantenido como botines políticos del Partido Colorado hasta ahora en el gobierno, este ejercicio gubernamental ha llevado a que Paraguay sea considerado el país más corrupto de América del Sur.

Lugo gana con un amplio 40% de la votación lo que hizo innecesaria una segunda vuelta, es evidente que llega con una gran expectativa de la población paraguaya que anhela cambios a su situación de vida. Un importante soporte social con el que contaría el presidente electo es la juventud, que constituye la mayoría de la población (de cada diez personas, cuatro son menores de 15 años (2.339.000) y la población de 15 a 29 años representa una cuarta parte del total). Fernando Lugo también tendrá que enfrentar y desbaratar un aparato estatal corrompido y hecho a la medida de la oligarquía paraguaya, del Partido Colorado, de los terratenientes locales y de los extranjeros que, como los brasileños, cuentan con la propiedad de grandes extensiones de tierras y evidentemente tendrá que enfrentar al imperialismo norteamericano, que tiene asentada una base militar en su país y que tiene el interés de controlar y apropiarse del Acuífero Guaraní, la más grande reserva de agua dulce del planeta.

La amplia y variopinta coalición de 9 partidos que lideró Lugo en el proceso electoral, tiene que enfrentar desde el gobierno un cúmulo de contradicciones, ya que dentro de su propia coalición política hay quienes solo pretenden maquillar las cosas, “modernizarlas”, mientras, por ejemplo, el movimiento campesino que apoyó a Lugo y que ha sido protagonista de importantes luchas reclama medidas más profundas como la reforma agraria que redistribuya la tierra y le dé acceso a la misma.

Este triunfo confirma también los anhelos de cambio de los pueblos que recorren América Latina, el crecimiento de una conciencia democrática, patriótica y de izquierda que se está expresando en los procesos electorales últimos, que han llevado al gobierno a figuras como Rafael Correa, Daniel Ortega y que junto a Hugo Chávez, Tabaré Vásquez, entre otros, van afirmando una correlación de fuerzas diferente en favor de la soberanía, por la ruptura de la dependencia imperialista, contra el neoliberalismo, por el progreso, por democracia económica y política, que garanticen el bienestar de los pueblos.