El gobierno de Evo Morales y el pueblo boliviano enfrentan una brutal ofensiva mediática y política, externa e interna, articulada por el imperialismo y ejecutada por las fuerzas pro fascistas y separatistas del “Comité Cívico Cruceño”, representante de la oligarquía y los terratenientes del Departamento de Santa Cruz, que sus nefastos y criminales intereses buscan extenderlos a otros departamentos del oriente boliviano.

Contra toda norma legal y constitucional, prevalidos de su poder económico, usando los dineros del Estado boliviano y amedrentando al pueblo que se les opone, estos sectores pretenden llevar a cabo el 4 de mayo un referéndum que apruebe un estatuto autonómico para Santa Cruz, que tendría su réplica en menos de un mes en los departamentos de Beni, Tarija y Pando con lo cual pretenden controlar y manejar a su antojo junto con las transnacionales, dos tercios del territorio boliviano que en total tiene algo más de 1 millón de Km2, donde se produce el 60% de la producción nacional y viven alrededor de 3 millones de bolivianos.

Visto desde la estrategia imperialista, este sería un gran golpe político al proceso de cambio, soberano y democrático, que lleva adelante el gobierno de Evo Morales, y a la vez sería un gran negocio pues quedarían para su fácil manejo y explotación, junto con la oligarquía pro imperialista, los grandes yacimientos petroleros y gasíferos con los que cuenta esa región, tan apetecidos por las transnacionales y que constituyen una de las mayores riquezas de los pueblos de Bolivia.

La OEA, lejos de apoyar a un gobierno legítimo y soberano como el de Evo Morales, se ha prestado para dar oídos en diversas oportunidades a la cúpula de los separatistas cruceños, quienes a su vez han recorrido varios países sudamericanos llevando sus tesis, visitas que han estado articuladas y coordinadas por sectores de la derecha de esos países con los cuales tienen objetivos comunes como en el caso de la derecha guayaquileña en Ecuador, o de Zulia en el caso venezolano, y recogen también la experiencia paramilitar del gobierno de Uribe Vélez.

Estos acontecimientos nos ratifican que al imperialismo y a la derecha no se los puede subestimar, que sus derrotas político- electorales, su arrinconamiento y debilitamiento, requieren aún más de la fuerza y la unidad del pueblo, precisan de una organización y de una lucha política que permitan alcanzar la conciencia y la fuerza para desterrar definitivamente al imperialismo, para acabar con los privilegios de las minoritarias clases oligárquicas, que no habrá soberanía plena, democracia y bienestar para los pueblos sin afectar estos intereses; que incluso los espacios y conquistas democráticas que puedan alcanzarse en los procesos constituyentes, requieren del fortalecimiento de la unidad, la organización y la lucha de los pueblos, porque siempre estarán en riesgo de ser revertidas.

Bolivia y su gobierno son el centro de esta gran ofensiva, en distintos niveles; ésta también se desarrolla contra Hugo Chávez, en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador y se acentúa contra Cuba. El llamado a la solidaridad con Bolivia realizado por los gobiernos de Venezuela, Cuba, Nicaragua, es correcto y oportuno y tiene que involucrar la movilización de los pueblos de América Latina para defender y profundizar los cambios que se están produciendo, para continuar golpeando a la derecha y a la vez acentuar la lucha contra la injerencia imperialista y de sus organismos en la vida interna de nuestros países.

El gobierno de Evo Morales surgió de un amplio proceso de lucha social y política de los trabajadores y los pueblos, varias batallas tuvieron que enfrentar, a algunas de ellas se las llamó “guerras”, como la “guerra del agua” en el 2000, la “guerra de la coca” en el 2002, “la guerra del gas” en el 2003 que significó la caída de Sánchez de Lozada. Hoy el reto del gobierno boliviano es continuar una nueva batalla, una nueva “guerra” por la defensa de la soberanía, por la unidad de Bolivia, donde los trabajadores y los pueblos continúen siendo los protagonistas principales de ese proceso.

El gobierno boliviano, así como los de Hugo Chávez o Rafael Correa, gozan de una amplia popularidad, las encuestas dicen que tienen un alto respaldo, pero estos indicadores cuentan poco a la hora de enfrentar la arremetida imperialista y derechista, dispuesta a todo para sostener sus riquezas, incluidas las acciones armadas y sangrientas, como sucedió en los tristes acontecimientos de Chile en 1973, donde fue asesinado el presidente Salvador Allende, truncando por décadas los cambios por los que había luchado el pueblo chileno.

Si bien la organización y movilización de los pueblos son una opción para los presidentes de esos países, para las fuerzas democráticas, patrióticas, de izquierda y revolucionarias es una obligación ineludible afianzar en estas condiciones los procesos de educación, organización y lucha por avanzar en los cambios, por afirmar la conciencia antiimperialista, por esclarecer la necesidad y posibilidad de avanzar en la construcción de una Patria nueva, el socialismo.

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