Para Rolando Núñez -Coordinador del Centro de Estudios Sociales Nelson Mandela- la situación es de verdadero desastre humanitario o genocidio étnico.

- I-

Contemporáneamente buena parte del pensamiento y de la praxis gubernamental forman una atmósfera, que se asemeja a una nube radiactiva que convierte nuestra cultura en algo irrespirable, apoyados en esa parte del país que gravita en torno de un modelo de enriquecimiento personal y de consumo que no vacila en abrirse paso a los codazos, aunque su bienestar no tarde en irse en el carruaje amarillento de las hojas.

El flaco prestigio de la palabra oficial ya no soporta el peso de las quimeras: un tren bala -erigido en medio de la pobreza- que nos llevaría a 300 km. por hora a un estadio superior de la humanidad, no deja de ser un perfecto extravío.

- II-

Pero no hay un balance que de razón del pasado para entender cómo reaccionar en el presente. Es como si cada quién hubiera sufrido por su cuenta, escribe Rossana Rossanda. Los movimientos, que dicen apuntar a una sociedad más justa, responden dividiéndose; deriva clásica de las derrotas. La indagación de las culpas respectivas va a toda máquina. El intento de poner en el centro de la discusión el qué hacer, y no el recíproco ajuste de cuentas, parece fallido, aunque tengamos el corazón intacto de urgencias. Nunca ha sido tan débil e inadecuada la representación política de los trabajadores ocupados o no, nunca tan débil las formas de resistencia a la mercantilización total de los seres vivos.

Rossanda afirma que la democracia representativa no producirá nunca una revolución, pero las formas de represión que puede producir son muchas. No saldremos sin daño los próximos años.

* Nota publicada en la Agencia Pelota de Trapo (http://www.pelotadetrapo.org.ar/)