Los dueños del dinero y sus amanuenses insisten en destrozarlo todo. Antes de afectar una parte de su rentabilidad prefieren destruir el planeta. EE.UU., no sólo Bush, es un ejemplo del carácter de la barbarie.

Los amos del mundo alientan las autonomías: los ricos donde se produce y se come, los pobres donde nada crece, excepto el desesperado deseo de vivir. Los ricos levantando muros, lo pobres incrustándose contra la vigilancia inteligente: que detecta, mata y recicla el “juego” de una economía “en negro”, al servicio de la formalidad gangsteril de la economía de mercado.

La realidad habla y se lleva por delante lo que aún –mediante el brillo y los adelantos de las tecnologías– se manifiestan como las muecas insultantes de la abundancia.

Se tensa la cuerda y la profesión periodística va de aquí para allá, teniendo que tomar partido, por el hecho de que los medios son de los ricos y las penurias de los pobres. En la confusión todavía queda algún resquicio para intentar “la objetividad”, el disimulo, la máscara que encubre. Poco margen, sin embargo, frente a las llagas de varias descomposiciones simultáneas: desocupación, precarización laboral, crecimiento de las tasas de alcoholismo, drogadicción, violencia social, crímenes por encargo, tráfico de órganos, prostitución infantil, miseria, indigencia y el despilfarro burgués de sacrificar alimentos en nombre del sagrado biocombustible.

El conflicto, de mil caras, aumenta. La cámara lo toma y, cuando quiere, lo deja, lo abandona, o lo deriva al show. Todavía hay un margen, aunque se angosta. Internet intenta un poco más. Mientras, continúa el debate que recién se inicia: ¿es Internet el que cambia el comportamiento o a la inversa? ¿Qué será del hambre cuando aumente y de Internet asociándolo a alguna de las tantas zonas virtuales de la política-ficción? ¿Qué será de las hambrunas entremezcladas con las nuevas guerras autonómicas? ¿Qué ocurrirá con Internet, dependiendo pura y exclusivamente de la mano visible del Pentágono? ¿Cuánto tiempo de vida le queda al “periodismo independiente”? ¿La red de redes no tiene ideología? ¿Quién tiene el comando? Parece mentira que hoy lo tengamos todos. Es mentira, no parece. La ideología que controla es la que manda, lo que no quiere decir que vaya a ser la que gane.

La guerra, el hambre, las mafias, las largas e interminables migraciones, de eso se trata. De la explotación inhumana –intelectual y manual– de millones de hombres y mujeres sometidos por otros hombres y otras mujeres –empresas transnacionales, fondos de inversión, cabeceras inteligentes de la guerra y la información-comunicación–. No es poco lo que está en crisis.

En el escenario real, del día a día, se dirime la vida acorralada de un número millonariamente creciente de seres humanos. La Internet, de “todos”, y el periodismo, hasta aquí conocido, corren el riesgo de desaparecer, en medio de la frenética ferocidad con que el canibalismo capitalista se fagocita el futuro.

(*) Presidente de la Federación Latinoamericana del Periodistas (FELAP) Nota publicada en el portal de la FELAP (http://www.felap.info/)