Ayer 21, aniversario del Combate Naval de Iquique, no hubo, ni por asomo, expresión oficial celebratoria sobre la efemérides, una de las pocas victorias en la guerra de agresión declarada por Chile en 1879 al Perú. Por lo menos, la Agencia Andina no consigna ¡absolutamente nada! sobre ese particular hecho de armas y, en cambio, sí cita lo dicho por la presidenta Bachelet que no encuentra fundamento ni razón al texto litigioso peruano en La Haya y pareciera que este tema se inscribe en una postura de amnesia de cuerdas separadas.

¿Es insólita la ocurrencia? ¡De ninguna manera! El 27 de noviembre del 2007, cuando desempeñaba el ministerio de Defensa, Allan Wagner Tizón, ese portafolio, también “olvidó” la fecha conmemorativa de Tarapacá. En aquél no extraña porque fue precisamente ese diplomático, el que en noviembre de 1985, firmó un acta, cuando titular de Torre Tagle, con su par chileno, Jaime del Valle Alliende, en su Punto III sobre Revisión de Textos de Historia, el siguiente párrafo:

“Los ministros estuvieron de acuerdo en poner en práctica, en el más corto plazo posible, un procedimiento que permita en sus respectivos países efectuar una revisión de los textos de historia, a nivel de la enseñanza primaria y secundaria, con miras a darles un sentido de paz e integración”.

¿Está impulsando el gobierno del señor García Pérez la erradicación letal de Clío y perpetrando la inadvertencia de la historia, ese ministerio grave y civil, examen de conciencia que gustaba recordar como parte insustituible de la conciencia nacional, el maestro Alfonso Benavides Correa? ¿en nombre de qué y para qué fines? ¿o hay que ser más papistas que el papa y cuando se trata del sur, sólo hay manteles y cabezas gachas y si es el altiplano, la típica pose de patanes ensoberbecidos y citadinos?

Pocos días atrás, Bachelet informó que su gobierno no tiene prisa desaforada para el TLC, disfrazado de Acuerdo de Complementación Económica, con Perú –hoy en el Senado en Valparaíso- refutando a los tecnócratas que ya celebran por anticipado. Dijo también que su país no está involucrado en una carrera armamentista. Bien vale la pregunta: ¿cazarán zorros o zamarros con esos miles de millones invertidos en tanques, satélites, vehículos, equipos de todo calibre, las fuerzas armadas chilenas? Cualquier bisoño en logística les podría haber sugerido que NO necesitaban de tanta maquinaria moderna y letal para semejante avatar.

El acriticismo de nuestros “historiadores” es monumentalmente abyecto. Su capacidad de investigación se mide por los gramos que pesan los fajos de billetes que compran sus silencios y alientan sus estridencias según la ocasión. ¡No hay mucho que decir del periodismo y de los cientos de “analistas, expertos, internacionalistas, juristas” y demás “istas” que hay debajo de cada piedra de cualquier calle en el país. ¡Tampoco dicen nada para no malquistarse con las fuentes de financiación!

¿Qué están logrando con esta neumática estupidizante y esclerosadora? Algo muy simple como horroroso: hacer que el olvido de la historia patria, haga más suave la colonización económica, financiera, cultural, mediática, anímica, de los del sur en Perú. Y el asunto no es para tomárselo a la ligera.

¿Y nuestros diplomáticos? Hay que reconocer que en su gran mayoría son coherentes: ciegos, sordos y mudos. Ignorantes adrede, versallescos atarantados, tramitadores eternos de sinecuras, perdedores de todas las guerras en que participaron. Cuando, no ha mucho, le preguntaron al canciller José García Belaunde sobre el triángulo enajenado a la mala por Chile en Tacna, éste respondió con una imbecilidad digna de su alta estatura: comparó aquella porción de terreno como de muy poca significación y para fundamentar el vómito, hizo el parangón con una de sus chacras en Cañete. Ciertamente, este anodino merecerá apenas un par de líneas en cualquier crónica seria de historia crítica del Perú de nuestros días.

Cuando a un pueblo se le embute la prevalencia de lo económico y del goce episódico, hedonista, frívolo y supuesto, como valores fundamentales por encima de la historia, de la recordación detallada, entonces, los hunos y todos los invasores tienen la cancha libre. Con el tiempo harán lo que hacen siempre: ¡botar a los cómplices nativos a patada limpia y quedarse con el patrimonio peruano!

¡Olvidaba agregar que tampoco el Establo se dignó a una recordación ineludible que bidestiló, sin atenuantes, lo que luego ocurrió: hundimos la Esmeralda, perdimos la nave Independencia y Grau, a la postre, el Huáscar, y el Perú entero, caminaron mordiendo el polvo del fracaso tras fracaso! ¡Y hay sinverguenzas hoy que pretenden que nada de esto sea parte del gran examen de conciencia de mirar atrás para no repetir los aberrantes errores que nos condujeron al presente defectuoso que es el país contemporáneo!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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