- Leyendo su último libro uno llega a la conclusión que en las guerras actuales los medios de comunicación apuntan y los soldados disparan.

- Bien, los medios apuntan, los ciudadanos aprueban y los soldados disparan. No hace falta olvidar la aprobación de la ciudadanía. Cualquier guerra, agresión o invasión puede hacerse siempre con la única condición que se pueda convencer antes a la ciudadanía. Aquí es dónde entran los medios de comunicación.

- ¿Qué grado de responsabilidad tienen los medios en los conflictos donde se han despertado odios entre comunidades y etnias, como los que se han vivido en los Balcanes o África?

- Muy grande. De hecho, muchos de estos conflictos no habrían sucedido sin la intervención de los medios de comunicación. Ni el conflicto de los grandes lagos en África, ni el caso yugoslavo pero tampoco la invasión de Iraq se habrían producido sin la aprobación de los medios.

- El periodismo, denominado cuarto poder, ¿ha pasado de ejercer de contrapoder a ser un peligro para la población?

- Yo me alineo con la tesis que siempre ha defendido Ignacio Ramonet. Dice que los tres poderes clásico en realidad son un único poder, el económico, y el denominado cuarto poder se ha incorporado a este único poder. Sólo hay un poder, el poder económico, y el periodismo es parte integrante.

- Este no era el papel del periodismo a sus inicios...

- Cuando nacen los medios de comunicación y el mercado no era el poder único y hegemónico, los medios podían ejercer de contrapoder. Aun así llega un punto en qué este papel se distorsiona, se subvierte. Un ejemplo, en el siglo XIX la prensa obrera británica era muy potente y relevante. Ahora bien cuando se incorpora la publicidad a los periódicos, aparecen los periódicos de derechas y gracias a los ingresos que la publicidad aporta, estos pueden bajar su precio a la mitad. En esta situación los periódicos sindicalistas no pueden competir y desaparecen.

- ¿Se puede decir que la publicidad determina el panorama mediático y las noticias que recibimos?

- Ahora mismo el 50% de los ingresos de un periódico provienen de la publicidad. Si creáramos un diario de izquierdas que hablara de cosas incómodas por el Corte Inglés, Repsol o Iberdrola, este periódico tendría menos ingresos y debería valer como mínimo el doble para funcionar. Pero la cosa va mucho más allá de la publicidad, ahora los medios de comunicación son los departamentos de imagen de grandes compañías. Unas empresas que no tienen nada que ver con la comunicación pero son accionistas directas de los grandes medios para poder controlarlos.

- ¿Cómo se puede combatir este modelo hegemónico tanto pervertido?

- Hay dos retos. El primero desmontar de el imaginario colectivo la creencia que los medios son serios, rigurosos y plurales; mostrar como de distorsionados por los intereses del capital llegan a estar. El segundo, que es posterior, seria bastir una auténtica alternativa comunicativa que funcione. Evidentemente es más sencillo el primer reto y es al que yo me dedico.

- ¿No lamentas dedicar todos tus esfuerzos a luchar contra las mentiras de los otros y que esto te reste tiempos para poder ejercer de otras facetas de la profesión periodística?

- Lo que me sabe mal de verdad es no ver como ellos tienen más capacidad y recursos por mentir y manipular que nosotros por desmentirlos. Es cierto que es una pena que perdamos el tiempo desmentido a los otros, seria como si un paleta dedicara todo su tiempo poniendo bien los ladrillos que colocan mal sus compañeros, pero es una batalla muy necesaria que estoy dispuesto a tener sin tregua.

- Con respecto al segundo reto que apuntabas. ¿Cómo se puede crear un modelo de medios de comunicación que se aleje de todos los vicios del periodismo actual?

- No hay ninguna solución milagrosa para esto. Para empezar, se debe entrar en un debate sobre la propiedad de los medios de comunicación. Parte de la solución viene de la vía de los medios públicos, que todo y sus defectos son más entregas que los privados. Esto sí, no se debe entender como fines ahora; se a decir, como mediados de promoción del gobierno o partido de turno. Deben ser medianos abiertos con mecanismos de control democrático y dónde los profesionales sean los que tomen las decisiones. Además, hay mecanismos más allá de la propiedad estatal desde dónde se puede crear un nuevo polo comunicativo. Un de estos mecanismos es subvencionar la formación y el equipamiento tecnológico de los medios comunitarios, alternativos, de colectivos independientes... Esto es el que se ha hecho en Venezuela con muy buenos resultados.

- Venezuela es uno de los países que impulsa el proyecto de Telesur, donde has participado activamente. ¿Qué puedes decirnos?

- Bien, primero decir que Telesur es una experiencia ya de por si positiva. Por primera vez un grupo de países con gobiernos progresistas se plantean crear una televisión internacional totalmente informativa que no dependa de los imperativos del mercado.

Aún así toda televisión tiene un grave problema: la dictadura de la imagen. A la televisión veinte muertes son noticia si tienes imagen, de hecho la noticia es la imagen sino hay, no hay noticia. Esto es el antiperiodismo y conduce a un modelo informativo que te vende ser testigo de hechos que pasan, pero en caso alguno no cuentan ni interpreta realidades que son complejas y van más allá de la imagen. La televisión actual es un espectáculo visual dónde no hay espacio por el menor asomo de raciocinio. Además, a todo esto hace falta sumarle el gran control sobre las imágenes que tienen las agencias informativas. Crear un modelo alternativo de televisión es muy difícil, casi imposible.

- Como buen conocedor de la realidad de Cuba, ¿cómo interpretas los últimos cambios que ha impulsado desde el gobierno de Raúl Castro?

- En los últimos meses en Cuba ha habido dos tipos de cambios. Unos no han buscado más que normalizar una distorsión del socialismo que ya hace tiempo que existía. Algunos cubanos fruto de las remesas de sus familiares en el extranjero y la anormalidad del periodo especial tenían dinero en divisas y no se podían gastar en productos de consumo como pantallas grandes de televisión o reproductores DVD y ahora sí que pueden hacerlo. Evidentemente no es ningún avance revolucionario, pero es una medida sensata que además puede combatir el mercado negro.

Después hay las medidas encaminadas a aumentar la productividad, sobre todo en el campo a partir de reparticiones de tierras. Hay quienes creen que esto es contrarrevolucionario, pero yo creo que no lo es. Se está dando tierra a quien la trabaja, eso es bueno y es lo que siempre ha defendido la izquierda.

* Nota reproducida por Rebelión.org (http://www.rebelion.org/noticia.php...)