Siempre ha habido fantasmas en los gobiernos y en sus administraciones, en las grandes revoluciones, en las contrarrevoluciones, en las reformas y en las contra-reformas, en las monarquías y en las repúblicas, en las democracias y en las dictaduras, en las oficinas y en los hogares, en los sindicatos y en las cámaras, en los colegios y en las universidades, en las cortes y en los juzgados, en las pandillas y en los concilios, en los soviets, en los sínodos los fantasmas siempre han existido.

El asqueroso fantasma que Alfaro tuvo que librar estuvo en sus propias filas, no fueron los curuchupas, ni García Moreno, no, ellos fueron sus enemigos. Al Papa Juan Pablo Primero, Albino Luciani, conocido como el Papa de la sonrisa, los fantasmas que lo inquietaban no fueron los protestantes, y peor los comunistas, no, sus ocultos enemigos fueron los masones y las mafias del Banco Ambrosiano vinculadas al lavado de dinero,

El señor Álvaro Glifosato Uribe, niño prodigio y mimado de la Admistración Bush, vive lleno de fantasmas: su pasado y presente vinculado a las Auto Defensas Unidas de Colombia, su miedo no es a la guerra, sino a la paz.

Ya en la época contemporánea de nuestra tragicomedia vida democrática, de éste mi querido país-saje de sobresaltos, revueltas, deslizamientos, derrumbes, erupciones, derrocamientos, taurazos e interinazgos, arrastres, en fin, también es preciso revisar a los fantasmas no solo de Carondelet, sino del entorno político de los actores de todos los tiempos y en todas las geografías.

Llegamos a los inicios del Siglo XXI, y en el gobierno de la ‘revolución ciudadana’, el actual régimen no tenía fantasmas visibles antes de la marcha pelucona, pues como son tan necesarios era imprescindible crearlos, sí señores, la aplastante victoria del gobierno o más claramente del presidente Correa, le dio la patente para hacerle creer a Nebot y sus viejas perfumadas que con la marcha separatista engrandecida y sobredimensionada por Ecuavisa y los programas noti-sospechosos Cerro de Arrogancia, dirigido por Carlos no tan Veraz, el neo pelucón, y el otro titulado Rayado por la manipulada información, se convertirían en el fantasma de Correa. No señores, no nos engañemos, no es Nebot ni las cámaras, los fantasmas de Correa y peor los de Zamborondón. No señores. El fantasma de Correa está en su propio entorno, en la pluri-diversidad ideológica de su gabinete, la incómoda presencia de Gustavo Larrea y su vinculación en la película de Estreno de Choligood que podía llamarse : “CAO- LAY, LUCIO Y TAVO … por unos Cuantos Dólares más”, o tal vez “Tres son multitud,” claro Lucio que pone a los suyos, Tavo a los veinte y cuatro incondicionales y el resto Cao-Lay con el abogado Logroño que no resultó ser un caballero como intentaban hacerlo aparecer los noticieros. Mientras el presidente dice Sí a la minería responsable, por otro lado Acción Ecológica financia el paro anti-minero en el país, ¿sabrá de esta Acción ecológica Alberto Acosta? En esta suma y resta Correa quedaba en minoría y Adiós a la revolución ciudadana, por ese hecho hoy se empeñan en hacer parecer a la Asamblea con el Congreso Nacional. La gran incógnita es ¿por qué regresó tan pronto Tavo a un Ministerio con mayor poder? ¿Por qué después de los acontecimientos de Dayuma, que en el fondo fueron un pretexto para su abrupta salida y su inesperado retorno a ocupar este blindado Ministerio? a pesar de todo Tavo es otro, esta banqueado y se lo ve de mal carácter; mejor vale un homenaje para demostrarle a Uribe que él no está solo y por ahora no regresará a refugiarse en su trinchera de los derechos humanos; pero, claro, sólo para unos y no para todos. Los últimos acontecimientos de las Peluconas Queirolo y la Acosta son muestras visibles que en Alianza País se tiene pronto que depurar, y la Asamblea debe su trabajo terminar.