(I Parte)

Efecto político

Los promotores de los transgénicos dicen que su producción solucionará los problemas de hambre. Sí, pero de sus empresas nada más, porque su producción y el marco jurídico- legal están concebidos para constituirse en un elemento de dominación.

Primero, para el uso de las semillas patentadas por las transnacionales se necesita usar los químicos (que le hacen a la tierra dependiente de los mismos) que sean producidos por la misma marca para obtener resultados. Los campesinos necesitan una licencia para usar esta semilla patentada, que es esparcida indiscriminadamente por el viento, las aves, etc. e intencionalmente por las mismas empresas a través de donaciones internacionales y venta, sin informar que el producto es un transgénico. Así, solo Monsanto, empresa productora de transgénicos, investiga al año en EEUU a 500 campesinos por sospecha de usar semillas patentadas. Y hasta el 2005 ya había obtenido más de 12 millones de dólares de ganancia por demandas a granjeros; incluso un granjero de Tennesse estuvo 8 meses en prisión, condenado por violar un acuerdo con Monsanto.

Como si eso fuera poco, crean las semillas “Terminator” o Kamikaze, que mueren después de la primera siembra, haciendo al agricultor mucho más dependiente de los productos de las transnacionales. En Argentina, por ejemplo, es preocupante que el 90% de la soya, el 40% del maíz y el 10% del algodón, entre otros productos, son transgénicos y su semilla sigue en expansión. Los únicos beneficiarios de esta producción son Monsanto, Sygenta (antes Novartis), Basf, DuPont y otras pequeñas, a costa de la salud de millones de personas y de la misma diversidad y estabilidad ambiental.

Las patrañas de que la producción de transgénicos solucionará el problema de alimentación mundial se caen por su propio peso, pues el problema de la alimentación hace mucho dejó de ser un problema de producción; es un problema de distribución: según el Programa de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hoy se produce un 50% más de los alimentos necesarios. Sin embargo, unas 53 millones de personas, sólo en América Latina, pasan hambre. Ellos forman parte de los 795 millones de seres humanos que se encuentran en distintos estados de desnutrición. La cuarta parte de ellos son niños. Mientras en los países industrializados mucha gente se muere por exceso de comida (colesterol, etc.), en el Tercer Mundo muchos pasan hambre, o mueren por malnutrición.

Ecuador de pie en contra de los transgénicos

A lo largo del planeta se han levantado iniciativas para oponerse a esta maquinaria de muerte: en México se lleva a cabo la campaña "Sin Maíz no hay País"; en Colombia, la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra, realiza la campaña "Monsanto Mata"; en Alemania la campaña “Terminar Terminator"; en Brasil la "Campaña por un Brasil Libre de Transgénicos", en India, Bolivia, Argentina y cientos de países se realizan campañas en pro de alertar sobre este peligro.

Por todo lo expuesto, y siendo consecuentes con el proceso de cambio que vive el Ecuador, la ANC aprobó en primer debate, hasta el cierre de esta edición, los textos propuestos por la Mesa 6 y en los cuales se menciona la importancia de defender la Soberanía Alimentaria, que pasa por crear las condiciones para que el pasís sea capaz de producir su propio alimento, es decir, no depender de ningún otro país para poder alimentarnos. Evidentemente constituye un avance; sin embargo, según Edgar Isch, ex ministro de Ambiente, el texto pudo ser mucho más claro, pues no prohíbe terminantemente los alimentos transgénicos, sino que se dice que ‘se protegerá al consumidor de los productos genéticamente modificados’.

Ahora, continúa Isch, si se permite el ingreso de productos transgénicos y el único modo de proteger es a través de informar sobre su naturaleza, entonces ahí hay una ambigüedad, pues no todos leen las etiquetas de los productos que compran y no todos los consumidores saben leer o saben lo que significa ‘genéticamente modificados’. Pero además, estos productos son fácil y altamente contaminantes, porque el viento u otros factores expanden su semilla; es más, uno de los problemas más grandes no resueltos es la gran contaminación que generan estos alimentos.

En el marco de la redacción de la nueva Constitución se debe prohibir la introducción, uso, comercialización y liberación al ambiente de los cultivos transgénicos y sus derivados en la alimentación, también toda tecnología que atente contra el derecho a la alimentación del pueblo ecuatoriano. Sin embargo, eso no es todo e incumbe al gobierno fomentar políticas claras para garantizar la soberanía alimentaria, fortalecer las instituciones encargadas de preservar las semillas naturales, prohibir y tomar medidas en contra de toda forma de latifundio, entre otras normas, pero también nos incumbe a nosotros, pues podemos llevar a cabo proyectos de auto producción alimenticia, como una forma de preservar nuestra salud, pero también como una forma de acción y organización en contra de las asesinas transnacionales, es decir, en contra de la privatización, hacemos un trabajo para comprometido con la vida.