Salvo el Polo Democrático y el Mira, todos los partidos con asiento hoy en el Legislativo tienen a alguno de sus miembros acusado de establecer alianzas con grupos paramilitares.

¿Un problema personal o un problema del Congreso?

Según el Presidente del Partido de la U, Carlos García Orjuela, la parapolítica no es un problema del Congreso, sino un problema personal de cada uno de los involucrados que no tiene por qué afectar lo que el Congreso haga [1] . Sin embargo, algunas voces se alzan en la Cámara de Representantes para promover una revocatoria del Congreso y una reforma política que sancione con la pérdida de la curul, a los partidos cuyos candidatos elegidos en cargos o corporaciones públicas sean condenados por delitos relacionados con la pertenencia, promoción o financiación de grupos armados ilegales. [2]

Entre tanto, los periodistas dibujan afanosamente organigramas, tratando de establecer relaciones entre la región donde el político obtuvo la mayoría de su votación y la zona de influencia paramilitar, para así determinar a qué comandante y a qué bloque de las AUC pertenece el político acusado.

Incluso, algunos analistas denuncian la existencia de una férrea pirámide política paramilitar, similar a la organización militar de las AUC integrada por jefes de bloques y frentes. En la cúspide de dicha estructura política estarían ubicados los congresistas, seguidos por gobernadores y una estela de diputados, alcaldes y concejales promotores del paramilitarismo. [3]

El relevo político

El hecho de que más de cincuenta padres de la patria estén hoy enredados penalmente y veintidós de ellos estén recluidos en la cárcel por sus vínculos con grupos paramilitares [4] , lleva a algunos miembros de la llamada “sociedad civil” a reivindicar la dignidad de la política y a cuestionar la legitimidad del Congreso de la República. A propósito, un editorial de El Nuevo Siglo afirma que “la política se ha afeado de tal manera que su prestigio está en el sótano” y considera que “una de las razones está en su profesionalización”. [5] ¿Acaso los editorialistas de este prestigioso diario conservador añoran todavía la política hecha por los notables?

Lo cierto es que las alianzas de los paramilitares con políticos de todos los niveles impulsaron un relevo a sangre y fuego de las elites políticas. Al punto que el desmovilizado “Diego Vecino” sostuvo ante la Fiscalía que el paramilitarismo permitió que “la gente de estratos bajos hiciera política. Las elecciones siempre las ganaban los mismos, el gerente de Telecom o los ganaderos prestantes de la zona. El modelo que logramos imponer cambió la política”. [6]

Así, con el poder de las motosierras y la plata del narcotráfico, nuevas figuras “saltaron” rápidamente a la política nacional, avalados por el bipartidismo y por una amplia gama de marbetes, sin necesidad de hacer la larga fila india que caracterizó la vida de los partidos tradicionales durante ciento cincuenta años de historia republicana. Es el caso de Eleonora Pineda, quien pasó súbitamente de ser Concejal del municipio de Tierralta con 700 votos a Representante a la Cámara con más de 82.000 sufragios. [7]

Si se trata de relevo, sí hubo un relevo importante en la clase política pero no el que esperaban los promotores de las reformas modernizantes de la Constitución de 1991 y la sociedad civil políticamente correcta. Los paramilitares hicieron alianzas con políticos de todos los niveles para construir un Estado a su medida. Desde sus fincas y campamentos, los paramilitares daban directrices y ordenaban las listas de candidatos. Ciertamente, el paramilitarismo ha aprendido a ganar elecciones.

Probablemente, la parapolítica no suscitaría tanto escándalo ni llevaría a prestigiosos analistas a denunciar con tanto ahínco “una crisis en la moralidad de los colombianos” , [8] si los señores armados hasta los dientes, se hubieran limitado a ejercer influencia en los pueblos perdidos de Colombia y a hacer de los presupuestos municipales sus cajas menores, sin atreverse a tomar asiento, de manera tan visible, en el Honorable Congreso de la República. Pero si se trata de representación política, ¡vaya si estos señores representan! Representan la profunda imbricación del narcotráfico y de la violencia en el oficio de la política. La parapolítica no es solamente un problema moral, ni un asunto de corrupción: evidencia la forma como se hace política en una sociedad todavía en armas como la nuestra.

[1] El Nuevo Siglo 11 de febrero de 2008, p. A11.

[2] Véase: Proyecto de acto legislativo número 047 de 2007. Aprobado en segundo debate (primera vuelta) en la sesión plenaria de la Cámara de Representantes del 14 de noviembre de 2007.

[3] Véase entrevista a Claudia López en El Nuevo Siglo, 26 de febrero de 2008, p. A10.

[4] Cifra al 15 de abril de 2008.

[5] El Nuevo Siglo, 27 de febrero de 2008, p. A3.

[6] El Heraldo, 14 de febrero de 2008, p.10ª.

[7] Corporación Nuevo Arco Iris, Revista Arcanos, número 13, marzo de 2007, p.6.

[8] Véase entrevista a Luis Jorge Garay en Semana