Son muchos los análisis que resiste el hecho, proponemos dos que nos pueden ayudar a reflexionar en relación al respeto a la diferencia y la garantía de los derechos. (i) El recurso a otros derechos: Es bastante común que nuestros derechos entren en conflicto con derechos de otras personas, esto es así porque los derechos no son absolutos, se ejercen en el complejo entramado de las relaciones sociales sean estas de cualquier tipo. De allí que muchas veces entren en disputa con derechos o intereses constitucionales relevantes. El problema que surge es el uso perverso que se le da a la situación para quitarle legitimidad a las acciones que emprenden individuos y comunidades para buscar la garantía de sus derechos y poniendo mayor énfasis en otros que no prevalecen en cada caso.

Por ejemplo, si los indígenas caucanos se toman la vía Panamericana para exigir el cumplimiento de los acuerdos de devolución de tierras firmados por el gobierno, el debate se centra en la violación al derecho fundamental a la libre movilización, mucho más que en el incumplimiento constante de los acuerdos y el derecho al territorio de las comunidades indígenas. Otro, se están construyendo represas en la Sierra Nevada de Santa Marta en un proceso en el que ha sido violado abiertamente el derecho de consulta de los pueblos indígenas que allí viven milenariamente, la propaganda oficial, en el caso de la del Río Rancherías, habla del derecho de acceso al agua potable de poblaciones de La Guajira, que lo tienen, pero poco o nada del derecho de los indígenas a decidir su desarrollo.

En el caso que nos ocupa, colosal afrenta pública orquestada desde la dirección del colegio se nos quiso mostrar como un acto espontáneo de las compañeras, con un claro propósito de diferenciación frente a las posibles estigmatizaciones que sufrirían al ser catalogadas como estudiantes de un colegio de lesbianas. En definitiva, valdría más el “sentir de la mayoría”, al parecer desvirtuado los siguientes días, que los derechos a la autonomía personal, el libre desarrollo de la personalidad y la educación de las estudiantes. Quizá, la rectora olvidaba, ¿o no tenía porque saberlo?, que los derechos se configuran como limites al poder político y a las consabidas formulas de mayorías, Dworkin habla de ellos como Cartas de Triunfo individuales frente a decisiones colectivas que puedan vulnerarlos. Un elemento a tener en cuenta en momentos en que muchas acciones violatorias de los derechos humanos se justifican desde unos insondables índices de popularidad.

(ii) Las estudiantes incompletas: La naturalización de algunas prácticas y argumentos se constituye en uno de los mayores problemas para al reconocimiento de las diferencias, con ello se niega que nuestras formas de relacionarnos son producto de una construcción social e histórica. Nombrar lo distinto como distinto, como otro, se constituye en un mecanismo de protección de las prácticas jerárquicas. El trato a los indígenas y negros por el hombre europeo y por la mestiza nación “moderna” colombiana, ejemplifican la institución de la opresión basada en una supuesta superioridad moral, social, económica y política.

Son muchas las naturalizaciones que se dan en el sistema educativo. Un argumento que produce y estructura intervenciones docentes, es el de incompletud de los estudiantes y la necesidad de tipo pedagógico de su completamiento, lo que supone, en la relación educativa, que existen dos polos de ella: una persona que no sabe y no es, y otra que sabe y es (Fernández, 2008: 345). En ese mismo sentido se pronuncia un profesor bogotano: “…se cree que siendo educador se está ayudando a las demás personas, y se les ayuda, como dice la consagrada frase de cajón “para que sean alguien en el futuro” (pasemos por alto que, según eso, en este momento no es “alguien”). Pero, eso que creo debe ser, con la mejor intención del mundo, se adecua a mi visión de lo que alguien debe ser. ¿Quién es el modelo? El profe. ¿Es eso educar? (Camacho Garzón, 2008: 109-108).

Por razones como estas cualquier comportamiento o forma de vida que se sitúe por fuera de los límites de lo “normal”, requiere un acto corrector quirúrgico, como dice Juan Gelman “el individuo que difiere de sus pares / que perturba o escandaliza a su familia o sociedad / suele ser calificado de insano acusado de enfermedad mental y perseguido / como enfermo / este acto de siquiatría llena necesidades importantes”. Ahora bien, dicha normalidad es producida desde múltiples lugares que van desde lo macro como la normatividad educativa nacional, los medios de comunicación, la propuesta curricular del ministerio, entre otros, hasta lo micro de las relaciones al interior de la escuela y los terrenos desde donde se asienta cada uno de los actores para hablar o callar su visión de mundo desde su experiencia personal.

La frase “No las queremos” estaba acompañada de otra: “Queremos a Magola”, refiriendo el apoyo de la comunidad educativa a la rectora. En este caso el acto de sanidad es uno de supresión, la incompletud que es necesario completar se convierte en la manzana podrida, la identidad de las estudiantes no se encuadra en la pacata visión de Magola sobre lo bueno. Existe en nuestras instituciones escolares un amplio desfase entre el discurso y la práctica, es común escuchar a muchas personas hablar de los derechos, pero cuando el ejercicio de esos derechos pone en peligro la visión personal de la correcta forma de vivir, se empiezan a sacar excusas de todo tipo para negarlos.

Me permito por este medio saludar a las dos estudiantes y sus familias por tan fiera batalla que abre brecha para muchas más acciones de afirmación de la identidad y ejercicio de los derechos.

REFERENCIAS

Camacho Garzón, Nelson. 2008. Comencemos por el derecho en El despertar de la palabra. Escrituras en torno a derechos humanos, currículo y transformación social. Manuel Prada, Dairo Sánchez, Johan Torres (editores). CINEP – ALBOAN - AESI. Bogotá. pp. 105-134.

Fernández, Marisa. 2008. Hacia una pedagogía de las diferencias desde los aportes de la propuesta de Paulo Freire en Paulo Freire. Contribuciones para la pedagogía. Moacir Godotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar (compiladores). CLACSO. Buenos Aires. pp. 341-348.