Su programa, todos los días a las 9 am. en Radio San Borja, constituyó la única ventana denunciadora de la endémica corrupción política, moral, histórica de que es víctima consuetudinaria el cuerpo social del Perú. Ante la cacofonía de los medios de comunicación y su opacidad incontestable, César Hildebrandt Pérez Treviño, había logrado cimentar una tribuna periodística de alta calidad. A partir de hoy, por falta siguiera de un austero respaldo financiero vía publicidad, deja de transmitir. ¿No podrían los cientos de miles de peruanos, a lo largo y ancho de la patria, acaso donar cada uno, apenas S/ 1.00 (un nuevo sol), y sufragar, en acción colectiva, el espacio? ¡A retos gigantescos, respuestas monumentales!

Lo ocurrido deja de ser un asunto estrictamente de CH. Más bien, en mi modesta y personalísima opinión, pesa como cargo de conciencia en todos los que pugnaban y bombardeaban diariamente, por teléfono o por correo electrónico, por aparecer con su texto en el programa radial y decir lo que a ellos significaba un abuso o un desmán en su contra. Trascender del aprovechamiento fácil de generosidades ajenas, representa un acto político y cívico, en horas difíciles, imprescindible. Y ¡de absoluta solidaridad!

¿Por causa de qué, sobre todo los de la oposición política en todo el país, no meten la mano al bolsillo, los partidos políticos, los gobiernos regionales, las asociaciones múltiples, las alcaldías urbi et orbi, y disponen, por lo menos durante 12 meses, una partida para el relanzamiento del programa de César Hildebrandt? ¿Será necesario recordar cuántas veces les sacó al aire, les hizo enlaces telefónicos desde Lima y les dio el micrófono cuando todo el resto de canales, diarios y otras emisoras, les negaban, hasta con sorna, la chance para que dijeran su verdad y protesta?

La horrorosa falta de imaginación de los políticos tiene una oportunidad de oro, inventándose un camino de protesta militante: todos a una, mostrar solidaridad con el colega Hildebrandt. ¿Qué dicen u opinan los portuarios, los sindicalistas, los congresistas y los que llamaron y consiguieron salir al aire en el UNICO lugar donde sabían que sí era posible?

A pocos días del paro del 9, capturados los miedos de comunicación por los mandarines que administran el poder que otros detentan insolentemente, regalando y rematando el patrimonio nacional, de a pocos y por concesiones con nombre propio, los opositores acaban de perder el único espacio libre que hacía gala de esa condición con buen humor, punzante crítica y valetudinaria presencia y, sólo por esta circunstancia, si el programa de Hildebrandt, no hubiera existido, entonces habríase tenido que inventarlo por su servicio a las causas de justicia de la gente común y corriente que no es escuchada en ninguna parte.

Punto de quiebre, latigazo de reflexión, sopapo institucional, cuando, por falta de dinero y ausencia de publicidad, esa otra forma cínica yuguladora y castigadora, una tribuna tiene que dejar de transmitir. No tengo la más mínima duda que el interregno será por corto tiempo. La presea que otorgan poderes misteriosos y manos negras, por enésima vez al conocido hombre de prensa, le suma méritos y reconocimientos y le pone en el dintel de desafíos que ha sabido sortear con su humor singular y su irreverencia usual. Creo que César Hildebrandt, también podrá repetir el verso del poeta: ¡Los muertos que vos matasteis, gozan de buena salud!

Mi solidaridad más plena con CH.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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