El pueblo es más sabio que todos los sabios. Ve donde el zafio tecnócrata que todo atribuye al lucro no distingue. Sabe reconocer a quienes le convocan en la jaculatoria simple de su concurso y asociación a través de S/ 1 (un sol) o lo que quiera dar, vía una cuenta de ahorros de conocimiento público. Y sabe que esta dinámica voluntaria y de conciencia no es sino la extraordinaria posibilidad democrática de darse, por gesto soberano, la chance de tener en la radio o en la televisión a César Hildebrandt, con sus aciertos y yerros, con su estilo punzante pero, sobre todo, premunido de esa conducta que le ha hecho, sin lugar a dudas, ser el más importante comunicador peruano de las últimas tres décadas.

Con poquísimos días la novísima experiencia ya tiene anécdotas de toda clase y el humor tiñe no pocas de sus ocurrencias. Alguien llamó desde Arequipa y su voz femenina de inconfundible acento characato insistió en comunicarse con el “Chato” y proclamó su admiración, lealtad y anunció que ella y su familia habían juntado S/ 100 (cien). De nada sirvieron mis explicaciones aclarando que no era CH. Ella habló y yo sólo pude escuchar y hasta insistió subrayando que “tomara en consideración el sacrificio que costaba llamar a la capital”.

Iba en un taxi, con mi inconfundible maletín lleno de papeles, propaganda, libros y facturas por pagar, cuando una llamada inquirió por detalles de la campaña. Y cumplí con mi deber casi leyéndole el modesto artículo ¡Compromiso con Hildebrandt! El interlocutor quedó muy satisfecho. El problema se presentó a la hora de llegar a mi destino: el taxista se negaba a recibir el pago por el servicio y tuvo una ocurrencia genial: ¡considere que ya he puesto mi cuota simbólica con el “Chato”! No hubo forma de convencerlo de cualquier otra cosa (por cierto, ya hice el depósito).

Los compatricios del exterior no se quedan atrás. Las quejas contra los costos de la transferencia, se transformaron en criollísima ocurrencia y así los parientes aquí harán el depósito y luego arreglarán cuentas entre ellos. Un lector advirtió: “ojalá que mi tía no crea que la voy a cerrar”, peruanismo que equivale a estafar. Otros han sido más prácticos e hicieron sus contribuciones de frente.

Muchas radioemisoras de todo el país ya han empezado a difundir el ¡Compromiso con Hildebrandt! con la aspiración inequívoca y justificada de entrevistar al conocido hombre de prensa en los próximos días. Tómese en cuenta que Hildebrandt le ha hablado al Perú por la televisión, la radio o en artículos de su confección. Esta vez, protagonista de su propia epopeya de lucha contra poderes muy poderosos que ambicionan pulverizarlo, dialogaría con la gente común y corriente vía la radio a muchas ciudades del interior.

Bien vale la pena repetir lo dicho:

Con el objetivo de impedir que el programa Al día con Hildebrandt deje de transmitirse definitivamente, deposite S/ 1 (un sol) –o lo que usted quiera- en la siguiente cuenta de ahorros del Banco de Crédito del Perú en cualquier sucursal a lo largo y ancho del país o desde el extranjero:

193116-4444-169 (Código Swift: BCPLPEPL)

Un grupo de amigos y patriotas hemos decidido que esta vez NO sean las garras del poder económico las determinantes en relación a la presencia de César Hildebrandt en los medios de comunicación.

Esta agitación altruista es una empresa de buena fe. No necesita o prescinde de certificaciones notariales, ociosas y supérstites de una cultura colonial amante del papel. Hay que reivindicar el valor de la palabra pública empeñada, escrita, radiada o televisiva y hay que juzgar a los vectores.

El ¡Compromiso con Hildebrandt! es simplemente una agitación altruista de conciencias y un asunto voluntario y que no reconoce ninguna vertiente partidaria o sectaria.