’’En general, las representaciones de las mujeres y los hombres desde los medios de comunicación no son equiparables, no transmiten la idea de que las mujeres son un grupo digno de respeto y consideración, tanto como son los hombres. No sólo se trata de representación del cuerpo de la mujer que sirve, básicamente, para el placer y la complacencia masculina. Se trata de la sobre representación de las mujeres como cuidadoras y servidoras, en papeles, dependientes, no pagados y desvalorizados socialmente cuyo efecto no es sólo solucionar el grave problema de atención a estos colectivos, sino fijar los modelos de feminidad que no rompan con la tradición patriarcal del mito de la servidumbre y la abnegación’’, señala Pilar López Díez, doctora en Ciencias de la Información y formadora en Política de Violencia de género y Medios de Comunicación en el Instituto Oficial de Radio y Televisión de España.

La reflexión se ajusta perfectamente a lo que sucede en nuestro país, salvando las diferencias propias de una y otra sociedad.

Una recorrida por las páginas dedicadas al deporte en el diario Clarín, el de mayor venta en Argentina, presenta un aspecto interesante al respecto: las mujeres aparecen sólo como excepción en las más de veinte páginas que el matutino dedica al fútbol, la natación, el jockey, el judo, el boxeo, el automovilismo, rugby, golf, básquet y ciclismo.

En los diarios del 13 abril, 11 de mayo y 30 mayo pasados sólo se publican tres noticias cuyas protagonistas son mujeres, en espacios que no superan las dos columnas y que ni siquiera llegan a ocupar un cuarto de la página, apenas escasos centímetros. Informan sobre la obtención de un récord sudamericano en natación de Liliana Guiscardo, un record mundial de la nadadora Kirsty Coventrey y anuncian que la tenista Venus Williams lanzó su propia línea de ropa que ella misma diseñó.

¿Las mujeres no hacen deportes? ¿No se destacan en su práctica? ¿Su ausencia de las noticias no refuerza el estereotipo de que su ámbito de desarrollo es el privado y no el público?

Un fuerte argumento para avalar la afirmación de que los medios no tratan de la misma forma y en la misma proporción de espacio a los hechos, circunstancias y acontecimientos según se trate de mujeres o varones lo constituye el trabajo, que realiza cada cinco años -desde 1995- la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas (WACC), una ONG internacional que promueve la comunicación para el cambio social.

La organización monitorea sistemáticamente la representación de mujeres y hombres en el caudal de noticias, quién selecciona lo que aparecerá en las coberturas, qué se selecciona y cómo se reflejan las personas y los hechos.

El trabajo elaborado en el 2005, Quién figura en las noticias analizó la situación en setenta y seis países – incluido Argentina - y concluyó que ’’el mundo que vemos en las noticias es un mundo donde las mujeres son virtualmente invisibles’’. Porque, por ejemplo ’’la opinión especializada en las noticias es abrumadoramente masculina (el 83% de los expertos y el 86% de los voceros son hombres)’’.

Además, ’’las mujeres como objeto de noticia exceden a los hombres sólo en dos categorías ocupacionales: ama de casa (75%) y estudiante (51%)’’.

La rigidez en las descripciones y su reiteración van fijando en el imaginario colectivo modelos de comportamiento, actitudes esperables según se trate de hombres o mujeres.

Como lo define Jesús Martín Barbero en De la transparencia del mensaje a la opacidad de los discursos: ’’esa tupida red de mitos antiguos y modernos de los que estamos hechos, esa trama de imágenes desde la que trabajamos y deseamos. Es la materia prima de la que está hecho el discurso de la massmediación, la materia prima con que el Poder fabrica su discurso’’.

A la luz de estas afirmaciones, la producción de los discursos mediáticos deja de ser inocente y como contrapartida la decodificación de los mismos debe/debería apelar a la reflexión crítica.

Los medios reproducen, recrean el discurso dominante; aquel que cristaliza los roles y las actitudes de hombres y mujeres y es una forma de violencia hacia las mujeres.

La propia dinámica de la realidad permite otra mirada; la comunicación desde una perspectiva de género abre la posibilidad de comenzar a cuestionar, a plantear de manera diferente el relato y el análisis de la realidad.

Como señala la periodista Sonia Santoro en Las palabras tienen sexo. Introducción a un Periodismo con Perspectiva de Género, las/los periodistas deberíamos preguntarnos frente a un hecho para sopesar su valor informativo: ¿cómo afecta este hecho a hombres y mujeres? ¿Cuáles son las diferencias y las especificidades? Se trata de incorporar interrogantes, líneas de análisis y reflexión sobre lo que sucede cotidianamente y es pasible de convertirse en noticia, en material periodístico que tomen en consideración lo que nos sucede a las mujeres y cómo nos afectan los problemas, las situaciones de manera distinta.

Por ejemplo un informe sobre desocupación en Argentina debería desagregar el análisis sobre cómo afecta el problema a mujeres y varones de manera distinta, sobre todo considerando la inserción que tienen al mercado laboral unas y otros, la diferencia salarial que existe entre ambos, etc.

Fundamentalmente se trata de un proceso a largo plazo porque tiene que ver con cuestiones vinculadas a la educación y a la cultura, a la construcción de nociones, valores y conceptos que inciden en la sociedad en su conjunto y en las relaciones que se establecen entre sus integrantes.

La incorporación de esta perspectiva en las carreras de Periodismo y Comunicación es fundamental. La discusión en las asociaciones, sindicatos y ámbitos que nuclean a periodistas y comunicadores/ras también es parte del proceso.

Otra comunicación es posible

Como ejemplo de que los cambios son posibles cito la existencia en nuestro país de Periodistas de Argentina en Red. Por una comunicación no Sexista (PAR). Una experiencia que nuclea a más de ochenta profesionales de distintas provincias cuyo objetivo primordial es bregar por la equidad de género, promover la comprensión sobre el modo en que el género impacta en la vida de mujeres y varones en distintos ámbitos de la comunicación social.

Sus integrantes no sólo compartimos experiencias, colaboramos en temas y problemas mutuos, sino que generamos instancias de capacitación conjunta.

Por eso elaboramos el Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra mujer, un señalamiento de aquellos aspectos que consideramos, contribuyen a un tratamiento no sexista de la violencia de género. Fundamentalmente porque consideramos que es un tema de derechos humanos y tal como está tratada, en general en los medios, vulnera los derechos más elementales de las mujeres.

En diez ítems recogemos la reflexión y el análisis de [email protected] los integrantes de la Red PAR. Por ejemplo, consideramos que la violencia contra las mujeres es un delito y por lo tanto ’’desterramos de nuestras redacciones la figura de crimen pasional para referirnos al asesinato de mujeres víctimas de la violencia de género’’.

También coincidimos en señalar que nunca buscaremos justificaciones o ’’motivos’’ para, de alguna manera, justificar el femicidio, porque ’’la causa de la violencia de género es el control y la dominación que determinados hombres ejercen contra las mujeres’’.

Cada uno de estos puntos fue desarrollado en un anexo que contiene experiencias similares en otros países, bibliografía, sugerencias de fuentes para el tratamiento de la información, listado de películas, música e imágenes para acompañar los trabajos periodísticos.

En suma un trabajo colectivo que no sólo pone en debate la cuestión sino que aporta una producción concreta y no sólo la crítica de cómo hasta ahora se han hecho las cosas en los medios.

Nota publicada por el portal Artemisa (http://www.artemisanoticias.com.ar)