Con la acostumbrada torpeza impune de elefantes en cristalería el ministerio de Relaciones Exteriores del Perú acaba de protagonizar otro ridículo internacional de connotaciones mayúsculas: impulsó la candidatura de Niño Diego García Sayán a un puesto para la Corte Penal Internacional y para ese efecto –y de pasadita satisfacer la vanidad de ese individuo- pagó en cuotas atrasadas la suma de US$ 170 mil dólares. ¿Hasta cuándo la política internacional del Perú sigue en las garras de ineptos, hijos de los hijos, nietos o bisnietos, de los que nos han conducido invariablemente de fracaso en fracaso, desde 1821? La resolución que autoriza esta bestialidad, no tiene otro nombre, es firmada por el presidente Alan García y el canciller José García Belaunde y tiene el número RS No. 185-2008-RE y su fecha exacta es 5 de los corrientes.

Los organismos multilaterales tienen dinámicas de rotación y los países se suceden con cierto orden en los cargos. Allí no valen o tienen deleznable importancia las angurrias de supuestas autoridades en derechos humanos, intelectuales que no han producido una línea –cuasi ágrafos- o de sujetos que viven de la cansada ubre del Estado peruano desde hace años exaccionándole recursos que debían estar en más genuinas y auténticas causas de prioridad real. ¿Cobrará el Estado peruano, esos US$ 170 mil a Niño Diego García Sayán fautor de este ridículo internacional ultra-sonoro?

Un juez boliviano de la Corte Penal Internacional vaca en el cargo y la rotación señala que un guyanés sea el sucesor. En ese plano es que se inventa la candidatura de Niño Diego, el dueño de la ONG Comisión Andina de Juristas, productora de dólares a granel para sus mandamases pero en cantidades que ya no parecen ser suficientes. Torre Tagle, como denunciamos semanas atrás, empieza a “gestionar” la postulación de aquél y, como era de prever, hizo todas las torpezas posibles para subvertir escalafones y usos, y hasta se puso al día con cuotas y pagó las dichas obligaciones atrasadas. ¡Ni aún así, amén que el postulado es un Don Nadie en el mundo jurídico real e intelectual, logró nada a excepción del fracaso sin atenuantes conseguido!

La brutal patinada de Cancillería tiene nombres propios: Allan Wagner y su funcional compadre, jefe nominal de Torre Tagle, José García Belaunde. Ellos forman parte de una cofradía que se empeña en superar su ínsita y característica mediocridad vía la fabricación de noticias en una prensa que sólo les regala elogios y superlativos textos pro domo sua. Sin embargo, el asunto es muy delicado. Se produce, por el estúpido narcisismo enfermizo de un individuo, a pocos meses de presentar la memoria en el litigio que por delimitación marítima ha planteado Perú ante Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. ¿Creerá cualquier analista serio, de los poquísimos que hay, que esto no resiente la posición peruana que denota estupidez a mares, oligarquía del “pensamiento” y debilidad anémica de cualquier fuerza o vigorosidad para contender con un adversario con el que no se puede jugar?

Con respecto a Niño Diego, valdría la pena saber si el negocio interesante que hizo su ONG, la CAJ, con la dictadura delincuencial de Kenya Fujimori, a cuyo Poder Judicial asesoraba, devolvió al Estado los US$ 60 mil dólares que recibió por adelanto de trabajos de un contrato que luego se rescindió. Si no fue así, entonces hay una nueva obligación por incumplimiento, que el Estado tiene que subrayar y cobrar al autor del desmán.

¿Será cierto que en el 2002, el ministerio de Justicia recibió la oferta gratuita de uno de los máximos especialistas internacionales en litigios contra ex dictadores para asesorar al Estado peruano en la lucha judicial contra el fujimontesinismo y Niño Diego la declinó para dejar todo en manos del procurador de Fujimori, José Ugaz? Si esto fue cierto, hay razones como para ponerse a investigar exhaustivamente y también como para sospechar que los rastros han sido, como de costumbre, borrados.

A fines de abril del 2006, un grupo de ciudadanos sostuvo una cita reservada e informó de pruebas irrefutables sobre la asesoría que daba Daniel Borobio a cierto, entonces, candidato presidencial. ¿Estuvo alguien de la CAJ en la reunión? Lo cierto es que el hoy canciller García Belaunde tomó conocimiento telefónico del asunto y a posteriori se denunció a algunos de estos ciudadanos que creían cumplir con su deber al alertar de estas extrañas conexiones. ¿Alguien está devolviendo el favor aún a costa del ridículo internacional del prestigio del Perú y el desperdicio de US$ 170 mil?

¿Qué dice la oposición? Como es natural, nada de nada. No comprende absolutamente ni pizca fuera de la reducisíma y escuálida agenda del Establo de Plaza Bolívar y desgañita su garganta por ubicar en una presidencia que no representa nada a cualquiera de sus precarios integrantes. ¿Y los partidos? ¡No existen sino para surtir de empleados a la maquinaria del Estado! ¿Y la sociedad? Cuasi apartada de cualquier forma de expresar su protesta e interrogantes porque los miedos de comunicación pertenecen a grupos minúsculos y mediocres.

La Cancillería del Perú acaba de sumar a su larga hoja plena en máculas, otro fracaso más. Para Torre Tagle el vals ¡Un fracaso más que importa! pareciera constituir su leit motiv y menú cotidiano invariable. ¿Por causa de qué el pueblo peruano tiene que soportar a unos veleidosos, pusilánimes e inútiles en el supuesto comando de sus giros en la política internacional? ¡Pamplinas!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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