La mayoría de los analistas fundamentan la ingobernabilidad en la ilegitimidad de quienes detentan el poder. Y el calderonismo se caracteriza por su ilegitimidad política, medio sostenida gracias a los alfileres de apoyo del Partido Revolucionario Institucional. La prensa (y no el abuso de las televisoras con sus fines neofascistas) ha padecido toda clase de embestidas: agresiones, secuestros, desapariciones, homicidios y la censura previa vía la negación de publicidad oficial (que por ley deberían otorgar equitativamente entre los medios impresos con veracidad informativa, crítica democrática y republicana).

Durante el foxismo hubo más de 20 asesinatos, cierre de periódicos (Noticias en Oaxaca y Cambio en Sonora); con el calderonismo van más de cuatro asesinatos, desapariciones, atentados y hechos consumados por parte de la delincuencia organizada que, para beneplácito de Los Pinos (Calderón-Cortázar-Mouriño) impide que se informe sobre hechos del narcotráfico.

La ingobernabilidad calderonista, ha producido muchos males contra la prensa, particularmente la escrita, desatando una campaña para asfixiarla. Y la Fiscalía para Delitos contra los Periodistas, de la Procuraduría General de la República, por falta de voluntad política de Calderón y Medina Mora, no cumple con sus obligaciones.

Es una fachada mentirosa para aparentar algún aprecio por las libertades de prensa. Y es que Calderón quiere una prensa complaciente, pues ignora que sin una prensa libre cualquier ilegitimidad se agudiza y la ingobernabilidad aumenta.

Por eso los calderonistas no pueden asir el timón de la conducción de las instituciones para guiar a la sociedad, pues su notoria incompetencia no ha podido remontar su ilegitimidad antidemocrática y antirrepublicana. Reduciendo las libertades de prensa, se censura directamente.

Se niega publicidad y se favorece a las grandes empresas de información, como el duopolio televisivo que se lleva la gran tajada, que reparte Los Pinos a través de Cortázar y su banda de timbiriches colocados en las direcciones de comunicación de las secretarías del despacho presidencial.

“Y lo único seguro es que el desgobierno de lo público es el mejor abrigo del descontento social” (Alejandro Nieto, El desgobierno de lo público, editorial Ariel) y, al menos, de una eventual revuelta civil: las inconformidades van en aumento (también generadas por los desgobernadores y presidentes municipales).

La falta de libertad de prensa contribuye a la desinformación, a la escasez de crítica y a la falta de credibilidad en el gobierno y la administración federales.

Por eso las libertades de prensa son víctimas de esa ingobernabilidad política, económica y social; mientras Cortázar, Calderón y Mouriño siguen en la creencia de que la publicidad en las televisoras los va a blindar contra la opinión pública.

Ésta sabe qué prensa informa con veracidad y critica los abusos, incompetencias e ineficacias gubernamentales. Éstas exhiben ahora que el rey Calderón va desnudo (Hans Andersen, El nuevo traje del emperador) por falta de legitimidad que otorga a los gobernantes el pleno ejercicio de las libertades de prensa.

Revista Contralínea / México Fecha de publicación: 15 de julio de 2008 | Año 7 | No. 106