Su pírrica y dudosa victoria apesta a fraude conforme aparecen más investigaciones y llega el turno del acceso a la información de la paquetería electoral (José Antonio Crespo, 2006: hablan las actas, editorial Debate), desembocando en la continuidad de la crisis política y la ineficacia administrativa de Calderón como jefe de gobierno, mientras se fuga a giras internacionales como jefe de Estado.

Los calderonistas, encabezados por Juan Camilo Mouriño Terrazo, naturalizado campechano-mexicano (hijo de padre gallego y madre española) sobresalen, pillados con “las manos en la masa” petrolera, “en el reparto del botín y, de modo especial, en la ocupación de cargos públicos” (Alejandro Nieto, El desgobierno de lo público, editorial Ariel).

Despidieron a Francisco Ramírez Acuña, destapado para la sucesión presidencial con el apoyo de los yunquistas y el góber piadoso Emilio González Márquez, tirador a esa candidatura si Ramírez se desinfla. Sólo hay mediocridad en los secretarios del despacho, llevando a su nivel de incompetencia a Mouriño que cava su tumba mientras espía con el Centro de Investigación y Seguridad Nacional a los adversarios, (y comparte chismes con Calderón y César Nava, con pequeñas dosis a Germán Martínez) sobre todo a los diputados federales y senadores, para ver si los doblega y les llega al precio al enterarse de sus debilidades.

El presidente aparente del PAN, Germán Martínez, sale de la Secretaría de la Función Pública, para sustituir a Manuel Espino, con la aureola de doctrinario, inteligente, discípulo de Carlos Castillo y leal a Calderón. Hasta ahora Martínez es el peor dirigente panista y lleva a pique al PAN, no por sus militantes (no más de 1 millón) sino porque sus simpatizantes están desilusionados. Resultaron más corruptos e ineficaces que sus antecesores (pero menos que los foxistas, hasta ahora).

Calderón no gobierna, por miedo... y flojera. Está flotando, mientras su manu militari, desde las secretarías de la Defensa y Marina (ésta con un marinero locuaz de titular), no resuelven el problema del narcotráfico y sus cárteles, mientras el país sobrevive en el terror y la angustia del baño de sangre: decapitados, fusilados... homicidios todos los días (como en Irak y Afganistán) con la apreciación del procurador Medina Mora, entre cínica e importamadrista, de “parece que vamos perdiendo... pero vamos ganando”.

Mientras, el exbaterista de Timbiriche Maximiliano Cortázar Lara, alias Max, atrincherado en Los Pinos, conspirando contra las libertades de prensa y ordenando a sus cómplices en las direcciones de comunicación de las secretarías, que por ningún motivo den publicidad a la prensa que asume su papel de contrapoder (señalando con índice de fuego a las revistas Proceso y Contralínea).

Cortázar habla a la oreja de Calderón, quien mantiene su odio-venganza contra Gutiérrez Vivó, favoreciendo al Grupo Radio-Centro y manipulando al sistema judicial para que por ningún motivo se ejecute la sentencia que conforma el laudo internacional a favor de lo que fue la empresa Monitor. Y la otra parte de Cortázar: Irma Pía, la de normatividad de Gobernación, amenazando a la prensa que no es complaciente con el desastre calderonista. El expriista Javier Lozano Alarcón, provocador y enemigo de los trabajadores, pero amigo de los patrones, dispuesto a cortarle la cabeza al seudolíder minero fugado a Canadá y cómplice del empresario Germán Larrea. Lozano es uno de los kamikazes de Calderón, aspirante a gobernador de Puebla, a jefe de gobierno de la Ciudad de México y para sustituir a Mouriño en Gobernación, mientras predica su derecho natural en la Escuela Libre de Derecho, adonde llega en lujoso automóvil, cuatro carros de guaruras y con su despotismo para “apantallar” a los alumnos.

Y qué decir del salinista precapitalista salvaje y proestadunidense (cómplice, compadre y socio del desgobernador sonorense Robinson-Bours, éste, también, en iguales términos de Medina Mora) Luis Téllez. Mosquita muerta del calderonismo, se moría por ser director de Petróleos Mexicanos para de una vez por todas y sin reforma energética privatizarlo. Está vendiendo las carreteras, y la “cuatro caminos”, en Sonora, se la rematará a Bours.

Y sigue la mediocridad de la desdibujada Patricia Espinosa Cantellano, en Relaciones Exteriores, apenas para España y los reyecitos Juan Carlos y Sofía con sus pretensiones de que seguimos siendo la Nueva España. El secretario de Salud, con su jefe de Relaciones Públicas, encaminado a candidatearse para la presidenciable, pues su desempeño exitoso en los hechos y en su protagonismo mediático le ha permitido estar en el primer plano.

La secretaria de Energía, Georgina Kessel Martínez (con Jesús Reyes Heroles González Garza, director de Pemex, y su prepotente jefe de prensa, Carlos Ramírez) más que dispuesta a entregar a la iniciativa privada de los Mouriño, estadunidenses y españoles –ya metidos en el gas– la explotación y comercialización petrolera. Y con las manos en el fuego por Calderón, cuando todo apunta a que su contrarreforma será decapitada por un PRI que no quiere cargar con la contraexpropiación petrolera.

¿Y Carstens? El peso pesado, impuesto por el FMI en la Secretaría de Hacienda (su cuñado litiga asuntos fiscales con el visto bueno tierra adentro del SAT, donde despacha el nieto de Ortiz Mena) cobrando impuestos hasta por respirar, lo tiene sin cuidado su obesidad frente a la anemia del subdesarrollo y el congelado crecimiento económico del país.

Y esto lo hermana con esa nulidad de Eduardo Sojo, el titular de Economía (dizque keynesiano, porque fue amigo de Lawrence R. Klein, autor del libro La revolución keynesiana, editorial Trillas). Sojo es la herencia directa de Fox, su medianía es la medida del resto de los secretarios calderonistas.

Está Bebeto, Alberto Cárdenas Jiménez, de la Sagarpa. Ni ata ni desata. No cumple sus obligaciones para con el campo. Eso sí, anda en el protagonismo y la provocación. Es otro de los jaliscienses (paisanos de Victoriano Huerta) dispuestos al golpismo para apoderarse de la Presidencia de la República. Josefina Vázquez Mota es la otra cara de la moneda donde aparece la perversa (amiga-enemiga) Elba Esther Gordillo. Chepina quiere la Secretaría de Gobernación, para la que se creyó destinada desde un principio, y así ser la candidata del PAN (donde nadie la acepta) para la sucesión de Calderón. Sentada en el escritorio que fue de Vasconcelos, supone que por ese hecho ya tiene ganada reputación de educadora nacional, cuando se la lleva en permanente tour de force con la Gordillo que primero quiere ser secretaria de Educación Pública y luego candidata a la Presidencia de la República, como la abeja reina del Panal.

Por otra parte García Luna, un fracaso en Seguridad Pública federal y ninguneado en la batalla militar contra el narcotráfico, mientras paga facturas con las ejecuciones de sus más altos mandos policiacos. Restan, del primer círculo calderonista, Ernesto Cordero, sustituto de su igual en incompetencia María Beatriz Zavala Peniche, pero dispuesto a seguir usando a Sedesol para llevar votos a la causa azul.

Juan Elvira Quesada, de Semarnat, sembrador de campañas Proárbol, sin un programa mínimo que pare la tala en el centro y sur del territorio mexicano. En lo del calentamiento global, a su jefe Calderón lo tiene enganchado con una campaña internacional que ningún país le hace eco. Y Abelardo Escobar, de la muerta Secretaría de la Reforma Agraria, donde cobran sus fabulosos sueldos él y su grupo, sin hacer absolutamente nada; mientras, la corrupción aumenta en perjuicio de los campesinos que sobreviven en un campo desahuciado.

Faltan los calderonistas de los órganos descentralizados: Pronósticos Deportivos, donde un seudo-panista, Adolfo Blanco, maneja la publicidad con agujeros negros de corrupción, al darla a sus cuates con la consigna de “te doy, pero das”.

La CFE y Luz y Fuerza del Centro (en la orilla de la privatización), con sus jefes de prensa al servicio de Cortázar. Hay materia para otra columna, donde estarán, con pelos y señales, como la continuación de la ingobernabilidad política y administrativa del calderonismo.

Revista Contralínea / México Fecha de publicación: 15 de julio de 2008 | Año 7 | No. 106