Un gran auge de luchas de las masas obreras, populares, de los pueblos originarios y del campesinado conmueve a América Latina. Este poderoso ascenso volteó a gobiernos proimperialistas y oligárquicos en varios de nuestros países mediante puebladas y alzamientos que alcanzaron características insurreccionales; frustró intentonas reaccionarias como el golpe de estado en Venezuela; produjo grandes movimientos de masas que practican las formas asamblearias de la democracia directa; desarrolló organizaciones multisectoriales que tuvieron su expresión más elevada en la heroica lucha de los pueblos de Oaxaca que creó la amplísima Asamblea Popular generando una experiencia de doble poder y de resistencia de masas a la brutal represión gubernamental.

El auge de luchas en nuestro continente, el empantanamiento del imperialismo yanqui en Irak y Afganistán, las contradicciones interimperialistas, han dificultado los planes de Bush para América Latina. En especial han fracasado hasta ahora sus acciones agresivas en alianza con las oligarquías nativas contra los gobiernos y pueblos de Cuba, Venezuela y Bolivia. El gobierno y el pueblo de Ecuador defendieron firmemente su soberanía ante el ataque a su territorio del ejército colombiano con el apoyo de los Estados Unidos.

Las medidas nacionalistas y reformistas adoptadas por los gobiernos de Evo Morales y de Hugo Chávez son muy importantes. Pero al no haber destruido el viejo Estado oligárquico proimperialista padece de limitaciones que ponen en grave peligro los avances logrados y facilitan el accionar del imperialismo y sus socios locales dirigido a terminar con esos gobiernos y restaurar plenamente su dominación.

En nuestra opinión el debate actual sobre el socialismo es, ante todo, un debate sobre el Estado y la revolución. La única revolución de liberación nacional triunfante en Latinoamérica hasta ahora fue la revolución cubana porque no dejó piedra sobre piedra de la máquina burocrática militar del Estado de las clases dominantes encabezado por Batista. El gobierno de Chávez primero definió el proceso como antiimperialista, después como democracia revolucionaria y ahora planteó la aspiración al llamado socialismo del siglo XXI y trata de unificar sus fuerzas en un partido único. Tenemos la convicción de que el problema de fondo que está abierto en Venezuela es la destrucción del viejo Estado para la liberación nacional y social.

Las conocidas tesis revisionistas, socialdemócratas, que postulan ”tomar el gobierno por el camino electoral para luego tomar y utilizar el poder” están siendo replanteadas bajo diversas formas, como la del socialismo del siglo XXI. En esas tesis se basaron líneas que fracasaron hace ya muchas décadas en nuestros países y llevaron al triunfo posterior de sangrientas dictaduras y a grandes derramamientos de sangre. Esto pasó, por ejemplo, con los gobiernos de Frondizi en Argentina, Goulart en Brasil, Salvador Allende en Chile.

Como se afirmó en el IV Encuentro de Partidos y Organizaciones Revolucionarias y Antiimperialistas de América del Sur, “en nuestros países soplan vientos a favor de la revolución”, lo que requiere que nuestros partidos impulsen las luchas de liberación nacional y su elevación a luchas revolucionarias, desarrollen amplias políticas de unidad de las fuerzas revolucionarias y de unidad de éstas con todas las fuerzas que enfrentan la imperialismo, bajo la dirección del proletariado, y requieren asimismo que hagamos el debate a fondo sobre la vigencia del marxismo-leninismo y desarrollemos nuestros partidos. La práctica histórica de lucha de nuestros pueblos nos enseña que, hoy como ayer, la cuestión del poder no puede resolverse por la vía pacífica o electoral, sino que requiere derrotar la violencia reaccionaria ejercida por el aparato estatal de las clases dominantes mediante la lucha armada revolucionaria de las masas. Esta cuestión esencial divide las aguas entre los marxista-leninistas y los revisionistas y reformistas. En junio de 1975, la reunión de los Partidos Comunistas prosoviéticos de América Latina celebrada en La Habana trazó el objetivo de desalojar del poder político a los “representantes del imperialismo” y no planteó la destrucción del Estado oligárquico-imperialista. Y esto cuando se apilaban los cadáveres de las víctimas de la dictadura fascista instalada casi dos años antes por el golpe de las “constitucionalistas” fuerzas armadas chilenas comandadas por Pinochet.

Una de las actuales variantes revisionistas, la del publicitado exponente de la teoría del “socialismo del siglo XXI”, Heinz Dieterich Steffan, sostiene que no existen “las condiciones para la lucha armada en el sentido tradicional”, que el “nuevo proyecto histórico” está encarnado en un “nuevo sujeto de democratización real…conformado por la comunidad de víctimas del capitalismo neoliberal y de todos aquellos que son solidarios con ella” y que la clase obrera “probablemente no constituirá su fuerza hegemónica”.

¿Qué es el socialismo?

Los teóricos liberal-burgueses presentan el socialismo como sinónimo de estatismo económico (empresas públicas, regulación estatal de la economía), al margen de qué clase social domina el Estado, qué tipo de Estado es el que detenta la propiedad sobre los medios de producción, qué clase dispone sobre el plusproducto, cuáles son las relaciones humanas en el proceso de trabajo y cómo es la distribución.

De manera parecida proceden los exponentes de la socialdemocracia.

Por ejemplo, los suecos afirman que el objetivo del socialismo debería ser contrarrestar y neutralizar las limitaciones de “una economía capitalista no regulada… no derrocando al capitalismo, sino participando en él como socios en pie de igualdad”1 . Como advirtió Marx ya en 1852, la socialdemocracia exigía instituciones democrático-republicanas no para abolir el capital y el trabajo asalariado, sino para atenuar su contradicción y “convertirla en armonía”2 .

En la ex Unión Soviética, con el 20° congreso del PCUS (1956) y el golpe de estado (junio de 1957) se produjo la restauración capitalista en forma original. Con Jruschiov siguió usando el rótulo “socialista” y con Brezhnev se presentó como “el socialismo real”.

Bajo Gorbachov, como parte del sinceramiento de la restauración capitalista, los “perestroikos” abandonaron hasta la mera invocación doctrinaria a la clase obrera y al objetivo de terminar con la explotación del hombre por el hombre. Y proclamaron que “el socialismo moderno” comprende: una economía “dinámica”, “justicia social”, una “organización racional de la sociedad” y el reconocimiento “universal” de los “sencillos valores humanos”. “Dinámica”, “justicia social”, “racionalidad” y “valores” por encima de las clases. Declararon que debía dejarse de lado por impracticable la idea de que algún día el Estado sería innecesario. “Se requiere – decían – un aparato especial” y la cuestión se reduce a que los “intereses de este aparato” no se coloquen “por encima de los intereses de la sociedad”3. Bajo Yeltsin, simultáneamente con el colapso de la URSS (1991) se operó finalmente el sinceramiento completo en los planos político, jurídico e ideológico del régimen realmente existente.

Por su parte, al usurpar el poder a fines de 1978, los revisionistas chinos sistematizaron su versión sobre “la evolución del socialismo”. Para ellos, los rasgos principales del “socialismo moderno” consisten en que junto a la propiedad estatal se desarrolla asimismo la propiedad privada; en que además de la distribución según el trabajo se introducen “otras formas”, es decir la ganancia capitalista; en que la planificación pasa a ser principalmente “orientadora” y la economía se regula predominantemente por el mercado; en que “se reemplaza la confianza en el entusiasmo masivo de las fuerzas laborales por un énfasis en los intereses materiales individuales”4 .

Las distintas variantes revisionistas consideran al socialismo una “formación socioeconómica relativamente estable e independiente”. Los dirigentes chinos se jactaron de romper con el “antiguo enfoque que consideraba al socialismo como una fase de transición” y que – supuestamente - sostenía que “una vez completada la transformación de la antigua economía privada” se “podría pasar rápidamente del socialismo al comunismo”5 .

Por el contrario, para Mao Tsetung, el socialismo es el período de tránsito revolucionario del capitalismo al comunismo y sintetizando la experiencia, ya a principios de los ’60, llegó a la comprensión de que el socialismo cubre una etapa histórica prolongada.

Los revisionistas propugnan un “socialismo” que no es la primera fase de la sociedad comunista. Resultaría, así, o bien un modo de producción intermedio, o bien lisa y llanamente el abandono del comunismo, considerado una suerte de “edad de oro” imposible. No definen al socialismo por la dictadura del proletariado sino por el sistema de propiedad. Y bendicen como “Estado socialista” a un aparato burocrático-militar mediante el cual ejerce su dictadura una nueva burguesía. Un aparato especial de, para y por una ínfima minoría que se arroga la representación del pueblo. Aparato situado por encima de la sociedad que rige la política, la economía, los asuntos militares y la cultura. A la manera fascista, como en tiempos de Brezhnev en la ex URSS y desde 1979 bajo Teng en China, o con ingredientes liberal-burgueses como en ciertos momentos de Jruschiov y en la “glasnost” gorbachoviana.

Para los marxistas-leninistas, el socialismo es, ante todo, la dictadura del proletariado. Es decir, el ejercicio del poder de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo por los órganos revolucionarios de las masas trabajadoras armadas, con la dirección del partido comunista, con representantes realmente elegidos y revocables en cualquier momento, con la práctica de la democracia directa para las vastas mayorías populares, las que no tienen voz ni poder de decisión en la democracia formal burguesa. De modo tal que los productores directos dispongan qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuye.

Los puntos de vista de Marx, Lenin y Stalin

El debate actual sobre el socialismo requiere restablecer la verdad histórica. En el siglo XX, en pocas décadas, el socialismo demostró ser superior al capitalismo. Este es una cuestión fundamental que está en lucha. La burguesía y los revisionistas omiten los hechos sustanciales y tergiversan groseramente la historia. Su objetivo es hacer creer que el socialismo fracasó, que el capitalismo no será muy bueno pero es lo único y lo mejor que puede haber. Los trotskistas resultan funcionales a esto.

Este debate requiere asimismo rescatar la teoría revolucionaria del proletariado y con este instrumento indispensable, luchando contra el revisionismo, sintetizar la experiencia de las grandes revoluciones que cambiaron la historia, aprender de sus históricos logros y de sus errores. De modo tal que la nueva oleada revolucionaria que se avizora pueda llegar más lejos que el siglo pasado y alcance la victoria definitiva.

En vida de Marx y Engels, el movimiento revolucionario del proletariado llegó hasta “el asalto del cielo”, el derrocamiento de la burguesía y la instauración de su dictadura en la Comuna de París en 1871. Pero no pudo sostenerla sino un par de meses. Por tanto, aunque esa gesta proporcionó el material básico para un salto en el desarrollo de la práctica y la teoría marxistas del Estado y la revolución, no hubo una experiencia de construcción de la nueva sociedad.

Unos años más tarde, Marx tuvo que ajustar cuentas con el envilecimiento de los principios revolucionarios en un proyecto de programa del Partido Obrero Alemán. A raíz de ello esbozó de conjunto, en forma muy concentrada, un tema que hasta entonces sólo había considerado fragmentariamente, en diversos momentos y pasajes de trabajos dedicados al análisis del capitalismo.

En su Crítica del programa de Gotha, Marx sostiene:

• “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.”

• La sociedad que acaba de salir de la sociedad capitalista “presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede”. Es la “primera fase de la sociedad comunista” y no “una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base”.

• “En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades!”

Para Marx y Engels se trataba de un proceso de revolución permanente, es decir, ininterrumpida, hasta eliminar en la base y en la superestructura todos los factores que generan y alimentan la división de la sociedad en clases y la explotación del hombre por el hombre. “Este socialismo –había escrito Marx– es la declaración de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la superación de las diferencias de clase en general, para la superación de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, para la superación de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.”6

Un par de meses antes de la victoria del 7 de noviembre de 1917, mientras dirigía al partido hacia la insurrección armada, Lenin escribió El Estado y la Revolución, donde retomó y desarrolló esos temas. Es una obra fundamental de la teoría marxista, elaborada en medio de un gigantesco proceso revolucionario de masas. Y en polémica con el revisionismo dominante, en especial con el kautskismo, su versión más peligrosa pues se revestía de ortodoxia. En 1965-1966, el Che Guevara decía que “frente a la realidad de hoy, El Estado y la Revolución es la fuente teórico-práctica más clara y fecunda de la literatura marxista”.

En este trabajo Lenin denomina socialismo a la fase inferior del comunismo. No obstante, en discursos y artículos posteriores a veces sigue usando indistintamente ambos conceptos como si fuesen sinónimos.

En las circunstancias extremadamente difíciles y complejas que afrontó el Poder soviético, llevar adelante la revolución y la construcción socialistas fue una obra de titanes.

Los bolcheviques se encontraron ante una situación que se configuró de manera totalmente distinta a lo imaginado. Había que abrir, de todos modos, un camino inexplorado, pues era la primera vez que el proletariado había podido mantener el poder en sus manos. Lo principal era persistir en el objetivo histórico, atreverse a luchar por él, confiar ilimitadamente en la potencialidad revolucionaria de la clase obrera y las amplias masas populares.

En el segundo aniversario de la Revolución de Octubre Lenin escribió un artículo con el fin de plantear para la discusión de los comunistas de diversos países el problema de la economía y la política en la época de la dictadura del proletariado. Respecto del tema que estamos considerando sostuvo: “Teóricamente no cabe duda de que entre el capitalismo y el comunismo media cierto período de transición. Este período no puede por menos de aunar los rasgos o las propiedades de estos dos sistemas de economía social. Por fuerza tiene que ser un período de lucha entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente, o dicho en otras palabras entre el capitalismo derrotado, pero no aniquilado, y el comunismo ya nacido, pero todavía débil ”. 7

Lenin condujo la revolución socialista durante sus seis primeros años. La práctica le fue mostrando que, aun después de la instauración de la dictadura del proletariado, la burguesía derrocada seguía siendo más fuerte que la clase obrera en muchos terrenos y trataba de restaurar su dominación. Al mismo tiempo, vio que la pequeña producción, que debía subsistir por largo tiempo, generaba constante y espontáneamente nuevos elementos capitalistas. Pero Lenin murió antes de poder abordar la solución de esas contradicciones en la práctica.

Stalin defendió, continuó y desarrolló el legado revolucionario de Lenin, en durísima lucha contra el oportunismo de “izquierda” y de derecha, que expresaban objetivamente en el seno del Partido líneas de capitulación ante los elementos burgueses del campo y de la ciudad. Impulsó y dirigió la continuación de la revolución logrando gigantescos éxitos en la colectivización y la industrialización socialista. Pero, a partir de 1936, Stalin sostuvo erróneamente que las clases explotadoras ya habían sido eliminadas y que no había más fuerzas internas capaces de revertir el triunfo del socialismo, sino únicamente externas. Ello no correspondía a la realidad y lo llevó a confundir dos tipos de contradicciones, las existentes en el seno del pueblo con las que oponen a éste con el enemigo. En ese mismo período se agudizó la lucha de clases y se produjo una grave intentona golpista contra la dirección bolchevique encabezada por Stalin. Y posteriormente, aun habiendo logrado la histórica victoria sobre el nazismo y no obstante el triunfo de la revolución socialista en países que abarcaban la tercera parte de la población mundial, la lucha de clases en la URSS continuó, se agravó y luego de la muerte de Stalin se produjo la restauración.

La teoría de Mao Tsetung sobre la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado

En China, la gran masa campesina oprimida y explotada no recibió la tierra como un regalo sino que fue la protagonista de la Reforma Agraria. En Europa Oriental en lo fundamental fue distinto. Los campesinos recibieron la tierra como algo otorgado desde arriba. “Se trata aquí de un espíritu de otorgamiento –escribió Mao–; no se compromete en la lucha de clases ni en los movimientos de masas. Esta concepción es en la realidad una concepción derechista ”.8

Completada la Reforma Agraria, sin dejar que el hierro se enfriase, sino machacando sobre caliente, se inició en China la transformación socialista del campo; siempre sobre la base de la voluntariedad, de que las masas, a través de su propia experiencia y con la ayuda política e ideológica del Partido, avanzasen a formas superiores de organización social.

Esta línea se impuso en dura lucha con la línea derechista de Liu Shao-chi, basada en la teoría revisionista del (solo) desarrollo de las fuerzas productivas.

De modo que la revolución se desarrolló ininterrumpidamente y por etapas. Mao Tsetung siempre se atuvo a este principio marxista. Le preocupaba evitar que el sistema de propiedad y el conjunto de las relaciones de producción quedasen congelados y se fijaran en la mente, pues ello torna mucho más difícil transformarlos.

Ese gigantesco proceso de cambios significó un salto cualitativo: del trabajo manual, individual y familiar, a la producción colectiva, moderna, mecanizada y en gran escala (esto, claro está, en términos relativos a lo que había sido China hasta 1949 o comparado con la India).

Luego del 20º Congreso del PCUS, Mao Tsetung emprendió y encabezó la lucha contra el revisionismo soviético. Sobre esta base sintetizó la práctica histórica de la dictadura del proletariado. Analizó los grandes logros, los errores y las desviaciones del período conducido por Stalin y desarrolló la teoría marxista-leninista. Profundizó especialmente en la dialéctica, en la necesidad de aplicar la ley de la unidad de los contrarios para investigar y analizar los nuevos problemas relativos a las contradicciones de clase y a la lucha de clases en la sociedad socialista.

En su duro combate contra el revisionismo, Mao se apoyó en el movimiento revolucionario de masas por las comunas populares en el campo, lo impulsó y lanzó la lucha por el Gran Salto Adelante en la construcción del socialismo.

En ese período, en medio de un acrecentado hostigamiento yanqui, de las provocaciones del gobierno hindú alentadas por los soviéticos y del abrupto cese por parte de éstos de toda asistencia técnica a China, Mao Tsetung desarrolló sus investigaciones sobre las leyes objetivas que rigen la etapa del socialismo.

En esta dirección constituyen un enorme aporte a la teoría marxista-leninista sus estudios críticos sobre el último trabajo de Stalin Problemas económicos del socialismo en la URSS y sobre el Manual de Economía Política de la Academia soviética de Ciencias (tercera edición, 1959), que datan de fines de 1958 a 1960-61 pero que fueron publicados recién durante la Revolución Cultural Proletaria (los comunistas revolucionarios argentinos los editamos en 1975, en un volumen titulado Escritos inéditos).

En relación con este debate es fundamental rescatar el aporte del Che Guevara, quien ya a principios de la década del ’60 polemizó abiertamente contra las disquisiciones revisionistas en boga en la URSS y en los países de su órbita. Sostuvo que perseguían “la quimera de realizar el socialismo con las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etc.) ”9..Ahora, que se han publicado sus Notas críticas a la economía política luego de estar ocultadas durante 40 años, sale a luz la profundidad de su lucha contra el revisionismo soviético, al que en 1965 llegó a denunciar en Argel como cómplice de las relaciones desiguales establecidas por los países imperialistas..

Mao formuló un interrogante fundamental: ¿de dónde, por qué, surgen elementos seguidores del camino capitalista tipo Jruschiov, anidan en la dirección máxima y pueden llegar a usurparla? Para abordar este problema Mao se atuvo firmemente al materialismo histórico, en oposición al idealismo. Sostuvo que el revisionismo de Jruschiov no puede ser el producto de una mera individualidad negativa. Por consiguiente, hay que desentrañar sus causas.

Mao Tsetung investigó y analizó las contradicciones en la base económica y en la superestructura de la sociedad socialista para descubrir las raíces objetivas y subjetivas del revisionismo burgués.

El principal aporte de Mao es la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado. Formulada, básicamente, en 1962, esta teoría de Mao sintetiza, con las herramientas del marxismo-leninismo, en especial de la dialéctica materialista, la práctica de la Unión Soviética, de Europa Oriental y de la propia China.

Considera, en síntesis, que las contradicciones fundamentales en la sociedad socialista siguen siendo las existentes entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas y entre la superestructura y la base económica. La sociedad socialista cubre una etapa histórica bastante larga; durante la cual, aun después de cumplida en lo fundamental la transformación socialista del sistema de propiedad sobre los medios de producción, siguen existiendo tanto las clases como las contradicciones de clase y la lucha de clases; existe la lucha entre el camino socialista y el capitalista; existe el peligro de restauración capitalista y existe la amenaza de subversión y agresión por parte del imperialismo. Es preciso comprender lo prolongado y complicado de esta lucha y elevar la vigilancia. Es necesario realizar la educación socialista. Es preciso comprender y tratar de manera correcta las contradicciones de clase y la lucha de clases: distinguir acertadamente las contradicciones entre nosotros y el enemigo de las existentes en el seno del pueblo, tratándolas de manera esencialmente diferente. La lucha de clases, la lucha por la producción y la experimentación científica son tres grandes movimientos revolucionarios de masas para construir un poderoso país socialista. Y para que los comunistas no caigan en el burocratismo, el revisionismo y el dogmatismo. Es preciso fortalecer la dictadura del proletariado y continuar llevando adelante la revolución en todos los dominios de la superestructura para hacerla concordar con la base económica. Es necesario continuar la revolución en las relaciones de producción para que correspondan a los requerimientos del desarrollo de las fuerzas productivas. Para fortalecer la dictadura del proletariado, prevenir el revisionismo y la restauración, continuar y llevar hasta el fin la revolución socialista es preciso tener claro que el blanco es la burguesía, y saber que ella está, precisamente, dentro del partido: son aquellos elementos con poder seguidores del camino capitalista dentro del partido; de estos elementos, algunos actúan en el escenario mientras otros operan entre bastidores. De otro modo, ocurrirá inevitablemente una restauración contrarre¬volucionaria, el partido marxista-leninista se transformará en partido revisionista o partido fascista, y un país socialista como China se convertirá en su contrario, degenerará y se restablecerá el capitalismo. El triunfo final de un país socialista depende, además, de la victoria de la revolución mundial y de la abolición del sistema de explotación del hombre por el hombre en todo el globo terrestre, o sea la emancipación de toda la humanidad.

La Revolución Cultural Proletaria iniciada en 1966 y protagonizada por decenas de millones, fue la primera experiencia guiada por esta teoría. Durante doce años impidió la restauración capitalista. Impulsó la democracia grande, la práctica de las dos participaciones, la de los dirigentes en la producción y la de los obreros y campesinos en la dirección, y el avance hacia la superación de la oposición entre la ciudad y el campo y hacia terminar con la opresión social de la mujer. Durante la Revolución Cultural, China alcanzó cifras impresionantes en el terreno de la producción; es una vil mentira que se estancó el desarrollo económico. Puso en órbita satélites artificiales, desarrolló su armamento nuclear para la defensa, el acero, el petróleo, etc., y se resolvieron los grandes problemas de las masas, sobre todo de alimentación, de vestido, de salud. Con la restauración se han perdido las principales conquistas sociales. Crece la resistencia y la rebeldía de las masas y Mao está en el corazón y en la mente de decenas de millones.

Las gigantescas realizaciones del socialismo evidenciaron que la clase obrera no sólo está en condiciones de destruir el viejo régimen opresor sino también está en condiciones de construir una nueva sociedad. Por primera vez triunfaron revoluciones que no se limitaron a reemplazar una clase explotadora por otra. No obstante haber mostrado su superioridad, la dictadura del proletariado fue derrocada y se produjo la restauración contrarrevolucionaria. No fracasó el socialismo ni el marxismo, sino que se sufrió una derrota en una lucha que es prolongada. La Revolución Cultural y el aporte teórico de Mao nos brindan las herramientas fundamentales para profundizar en el análisis de la experiencia histórica. La clase obrera y los pueblos oprimidos se levantan nuevamente, una y otra vez, y llevarán al triunfo definitivo el legado de las revoluciones para lograr su liberación.

Referencias:

1. Ulf Himmelstrand: artículo publicado en la revista El socialismo del futuro, N°5, 1992, Madrid, pág.74.

2. Carlos Marx: El 18 brumario de Luis Bonaparte, en Marx y Engels: Obras Escogidas, Cartago, Buenos Aires, 1957, pág. 178.

3. Novedades de Moscú, N°34, 1987, pp.8 y 9.

4. Beijing Informa, 10 de enero de 1989, pp.8 a 10.

5. Idem, 6 de setiembre de 1987, pág.15.

6. Carlos Marx: Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, en Marx y Engels: Obras Escogidas, edic.cit., pág. 143.

7. Lenin: Economía y política en la época de la dictadura del proletariado, en Obras Completas, Cartago, Buenos Aires, 1960, tomo 30, pp.101-102.

8. Mao Tsetung: Escritos inéditos, Ediciones Mundo Nuevo, B.Aires, 1975, pág.41.

9. Ernesto Che Guevara: El socialismo y el hombre en Cuba.