Al adentrarnos en el siglo XXI se hace cada vez más evidente una reanimación de la lucha de los pueblos, una constante búsqueda de alternativas frente a la decadencia del imperialismo y del capitalismo.

Parafraseando a Carlos Marx y Federico Engels, diremos que un fantasma recorre el mundo, pero ahora encarnado en millones de trabajadores, de estudiantes, de campesinos que poco a poco van entendiendo la necesidad de una revolución, de la necesidad del socialismo.

Toda la sociedad capitalista moderna se sacude con fuerza, desde sus cimientos hasta su cúspide; sale de una crisis para entrar en otra, sale de una guerra para entrar en otra, en definitiva esta condenado al fracaso.

Precisamente por estos hechos los sectores revolucionarios y lo más avanzado de los pueblos estamos empujando adelante el debate en torno al socialismo como un paso importante en la conciencia de las masas, en la acumulación de fuerzas, en la construcción del factor subjetivo de la revolución.

Desde luego este debate no esta agotado, al contrario tiene mucho por delante, pues en el intervienen todas las clases de la sociedad, sus partidos políticos, personalidades, entre otros.

Las universidades, que son parte de la superestructura ideológica, no están ni pueden estar ajenas a este debate.

Dentro de la universidad se está desarrollando un intenso debate que confronta posiciones avanzadas, democráticas y de izquierda con las posiciones atrasadas, de derecha y conservadoras. Se expresa un agudizamiento de la lucha de clases.

La derecha, intenta legitimar su sistema y degradar al socialismo con argumentos como: “el socialismo se derrumbó en la URSS y ahora Rusia está mejor”, o “China comunista aceptó hace años la propiedad privada y aquí porque vamos a abolirla”. Inclusive los sectores más atrasados promueven el darwinismo social, teoría según la cual es absurdo instaurar una sociedad que tienda a la igualdad porque en la vida sólo sobreviven los más fuertes, etc. Es decir los sectores que se identifican con la derecha y el capitalismo que tienen incidencia en los tres estamentos universitarios, están dispuestos a defender ideológicamente este sistema y su contrapartida atacar y denigrar al socialismo.

Por otra parte, los sectores reformistas, también entran con fuerza al debate sobre el socialismo. Lógicamente sus puntos de vista responden a intereses pequeño-burgueses.

Según ellos, el socialismo si es necesario pero con una serie de variantes que lo desnaturalizan. Por ejemplo, el socialismo es bueno pero sin Stalin, el socialismo es bueno pero sin el Partido Comunista, el socialismo es bueno pero no con la conducción de la clase obrera sino con una conducción multiclasista.

Para ellos es posible un mundo mejor pero sin derribar el orden actual sino modificándolo mínimamente. En sus concepciones socialdemócratas no cabe la posibilidad ni la necesidad de un cambio radical, revolucionario. Estos sectores se agrupan bajo la bandera “bolivariana”, bajo la bandera “izquierda moderna”, bajo las corrientes anarquistas y troskistas”.

Su accionar confunde al movimiento de masas y divide a la tendencia de cambio.

En los actuales momentos todo este debate se encuentra cruzado por un fenómeno político y social: la existencia de gobiernos de tendencia democrática y patriótica en América Latina y en el Ecuador.

Estos gobiernos están realizando algunos cambios económicos, sociales y políticos a los cuales han bautizado como “socialismo del siglo XXI”.

Nosotros, los revolucionarios, estamos conscientes que esos pequeños cambios merecen el apoyo y participación nuestra y de los pueblos, pero que de ninguna manera eso es el socialismo y mucho menos que el reformismo sea la salida a la crisis del capitalismo.

Trabajamos en la dirección de radicalizar estos procesos y ponernos a la cabeza de los mismos.

Esta es nuestra pelea al interior de las universidades, en primer lugar contra la derecha, contra la burguesía y el imperialismo, pero también por esclarecer a las masas de cual es el verdadero socialismo, y desenmascarar a todas esas corrientes reformistas y revisionistas.

Hay tres tesis alrededor de las cuales giran las divergencias entre el socialismo científico, verdadero socialismo revolucionario, y el socialismo del siglo XXI, que en los hechos es el viejo reformismo de la social-democracia.

El socialismo es incompatible no solo con el capitalismo nacional sino también con el imperialismo que es la dominación del capitalismo internacional. No puede existir un revolucionario y socialista que no esté contra el imperialismo. Y decimos esto porque muchos sectores dicen estar contra el “imperio” del norte, contra EEUU. Mientras tanto bienvenidos sean los capitales y la influencia política de la Comunidad Económica Europea, del Japón o de China.

Para nosotros la lucha es contra el imperialismo, llámese norteamericano, francés, nipón, etc. Que el imperialismo norteamericano sea el principal opresor en América Latina es otra cosa muy diferente.

Atacamos con fuerza a los EEUU pero no dejamos de denunciar la rapacidad de los otros imperialismos, a la vez que le aclaramos a las masas que una auténtica liberación nacional será posible sólo cuando hayamos expulsado a todos los imperialismos que de una u otra forma oprimen el suelo patrio.

En segundo lugar, la instauración del socialismo sólo será posible cuando los pueblos hayamos tomado el poder político del Estado y de esto hay que estar claros.

La existencia de gobiernos democráticos es sólo un paso más en la larga marcha hacia la toma del poder, y de ninguna manera la expresión de cuotas del poder popular como lo plantean los reformistas.

La historia y el marxismo-leninismo nos enseñan que el poder se lo toma, no se lo construye.

El socialismo será posible con un nuevo poder, un nuevo Estado, demoliendo las viejas y caducas instituciones burguesas.

Debemos posicionar en el imaginario de las masas el hecho de que el poder político del Estado continúa en manos de la burguesía, del imperialismo y que sólo será posible cambiarlo tomándolo por la fuerza.

En tercer lugar debemos prevenir a los pueblos sobre cual es la vía de la revolución, cual el camino al socialismo.

Mucho se ha tergiversado sobre este tema, desde sectores de la derecha hasta el revisionismo.

La derecha “aconseja” a las masas y a la propia izquierda que si desean cambios no tienen porque recurrir a la violencia, que lo hagan pacíficamente, respetando el marco jurídico institucional.

Ironía de la vida, los enemigos del pueblo diciéndonos que debemos hacer. Mientras ellos están preparando constantemente a las Fuerzas Armadas, a la Policía e incluso a grupos fascistas como los Skin Heads.

Desde el reformismo y el revisionismo se hace coro a esta campaña. Insistentemente plantean que no es necesaria la violencia para lograr cambios, poniendo como ejemplo los “triunfos electorales” que han logrado sectores progresistas. Lo que tapan es que para llegar a esos triunfos electorales hubo previamente toda una etapa de intensa lucha social, de paros y huelgas, de violencia revolucionaria, de muertos y heridos, de caídas de gobiernos reaccionarios.

Por otro lado dicen que tras la instauración del nuevo orden internacional en los años 90, las FFAA y la Policía tienen otro papel, ya no defender los privilegios de unos cuantos, sino “garantizar la paz y el orden para el buen desarrollo nacional”, que con una educación al interior de las mismas y cambiando a los malos elementos éstas se pondrán al servicio de los pueblos, de los procesos de cambio.

Lo único que están logrando con estos planteamientos es llevar a los pueblos al matadero.

Todos sabemos en que han culminado los procesos de cambio pacíficos, y no estamos hablando de procesos socialistas puros, sino de cambios democráticos cuyos dirigentes confiaron en la paz y el diálogo con sus oponentes. En Chile, en 1973, costó el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular, el asesinato de Salvador Allende y la prisión y muerte de más de 3000 chilenos; esta dictadura fascista duró 25 años.

Por tal razón, los revolucionarios insistimos en la necesidad de preparar a los pueblos ideológica, política y materialmente en el uso de la violencia revolucionaria, toda vez que en ninguna parte del mundo y en ninguna época los reaccionarios se retiraron pacíficamente del poder.

En conclusión creemos firmemente que el socialismo es el presente y el futuro de la humanidad, que las revoluciones irán triunfando inevitablemente en los cinco continentes, y que los revolucionarios podemos y debemos cumplir un rol de primera fila en estos combates por la libertad, la democracia y el socialismo.

Fraternalmente,

BURÓ POLÍTICO DEL

FRENTE REVOLUCIONARIO DE IZQUIERDA UNIVERSITARIO